Turno para los testigos del juicio del procés. Abre el capítulo Joan Tardà, que sale por toriles como un tornado. El juez Marchena, más trencilla que nunca, no aplica la ley de la ventaja y obliga a Tardà a declarar en español y evitar las arengas. Sólo le ha dado tiempo a decir que el juicio es una "venganza". Ya en la calle, aduce que pretendía contestar a Vox en catalán y luego seguir en castellano porque, afirma, también es la lengua de los catalanes. Número opacado por la jugada de Baños y Eulàlia Reguant, que se niegan a responder a la acusación particular. Les ha caído una multa de 2.500 euros más el agradecimiento eterno de Quim Torra. La CUP es lo que tiene, que casi nunca defrauda.



Marchena se desempeña como un árbitro dialogante, pero inflexible, tipo Mateu Lahoz. Merecería el juez que se le citara por los dos apellidos, Marchena Gómez, como a los clásicos Urizar Azpitarte, Condón Uriz y Undiano Mallenco. En medio del bocadillo de ERC y la CUP comparecen Artur Mas y el tridente del anterior Gobierno, por orden de aparición Soraya Sáenz de Santamaría, Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro. que van un poco de sobrados al decir de la crítica jurídica. La exvicepresidente comete falta al decir que los acuerdos políticos no publicados en documento oficial carecen de valor jurídico. Lo suelta en respuesta al abogado de Forn, Javier Melero, a cuenta de la intervención del 155 y los ceses en la consejería de Interior. La letrada de Forcadell, Olga Arderiu, remata a gol el centro de su colega. Es la última pregunta y la triple S queda en fuera de juego tipo clamoroso. 



Rajoy también la pifia al deslizar en sus respuestas una consideración relativa a la sesión matinal. Momento de gloria para Jordi Pina, abogado de Rull, Turull y Sànchez, que advierte al tribunal de que el testimonio puede no ser válido si el expresidente del Gobierno ha contactado con los anteriores deponentes. Rajoy dice que sabe lo que ha pasado por los periódicos digitales. La ley dice que los testigos no pueden asistir al juicio para no resultar influidos, pero no dice nada sobre si pueden ver la televisión.



En el ABC, Ignacio Camacho describe y valora las intervenciones de Sáenz de Santamaría y Rajoy: "Fiel a su naturaleza hierática y a su escasa fluidez expresiva, Rajoy estuvo bastante más espeso que Santamaría. Se agarró a tres conceptos básicos que repitió hasta la fatiga -el más importante, la imposibilidad de trocear la soberanía-, y cuando le requirieron detalles se desentendió con vagas excusas sobre su falta de retentiva. Fue más difuso que de costumbre, que ya es mucho, exagerando incluso esa galbana mental que en su etapa de dirigente convirtió en una impronta estilística. Por momentos, apareció aquel Rajoy pastoso, árido, renuente, de lengua de madera y aire de desidia, que esta vez, ante un montón de planteamientos capciosos, era la actitud que mejor le convenía. La exvicepresidenta fue más prolija, con su talante vivaracho y su apariencia de gran seguridad en sí misma. Ambos se situaron con claridad a la defensiva -una paradoja dado que quienes se sientan en el banquillo son los líderes independentistas-, atentos a no conceder bazas ni dejarse buscar las cosquillas, pero ella cometió, por pasarse de lista, un desliz grave y gratuito al afirmar que los actos políticos no tienen validez si no se publican. Olvidó que la declaración de independencia no se publicó, por lo que sus promotores le niegan relevancia jurídica: una resbaladiza cáscara de plátano que toda una abogada del Estado pisó con ligereza imprevista".

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Portada 'ABC' del jueves 28 de febrero

 



Mas tampoco estuvo muy fino. Le puede la soberbia hasta el punto de que negó que hubiera sido la CUP quien le retiró de la política, inhabilitación al margen. Que dice que podría haber convocado elecciones de haber querido. El hombre comenta que él, de Puigdemont, habría convocado elecciones en ver de hacerse el harakiri. En El País comenta su caso Xavier Vidal Folch: "Nadie parecía haberse reunido, pues, con Jové. Hasta que Mas lo reconoció ayer: coincidió con él “en una o dos ocasiones”, con Marta Rovira, Neus Munté, Jordi Turull, Raúl Romeva y otros, dijo. Pero negó que fuese “un comité estratégico: era un ámbito de debate, nunca había orden del día, nunca los mismos asistentes, nunca se levantaba acta”, dijo. (...) Era el “comité estratégico”, o “govern en la ombra”, o “estat major del procés” o “el sanedrí”. Completaba al Govern donde este no quería o no podía llegar institucionalmente. En tareas discretas, comunicativas, financieras, de intendencia".



Sigue la nota: "Uno de sus miembros más conspicuos fue el antiguo hombre de confianza de Mas, David Madí, el rico heredero de la Floïd. Siempre niega su asistencia, pero figura al menos en una foto, y otros le recuerdan en alguna reunión. Lo abandonó tras una abrupta discusión. Sabe sobre finanzas y contactos empresariales".



Y concluye: "También tiene buenos contactos en el mundo de la empresa —colombiana—, otro del sanedrín, Xavier Vendrell, de Esquerra. Fue de joven miembro del Moviment de Defensa de la Terra, el brazo político de la banda terrorista Terra Lliure. Es un tipo, entre campechano y furibundo, al que distintas fuentes atribuyen un “conocimiento detallado” de la logística de compra y distribución de las urnas. Y en el vértice, el gran conspirador Oriol Soler, editor de éxito, fundador del Ara, amigo de Julian Assange y promotor de la cena Oriol Junqueras-Jaume Roures. Coordinó la campaña de la consulta del 9-N de 2014, la de Junts pel Sí de 2015, y la comunicación del referéndum frustrado del 1-O de 2017. Nadie ha llamado a este trío para aclarar, como testigos, lo ocurrido. Es raro, porque saben latín. Y mucho más".



Más que raro. Al que le gustaría testificar en el juicio es a Joan Puig, de La República, que se queja del muy escaso ardor guerrero en materia lingüística de Tardà y escribe: "Honestament crec que la llengua es mereixia un paper clau i de contundència, no podem permetre que se segueixi minoritzant la nostra llengua. Em costa molt d’entendre com no s’ha utilitzat l’arma de la llengua per acabar amb la farsa que estan interpretant els jutges, fiscals i advocats de l’Estat. (...) Us imagineu un testimoni o un advocat defensor expulsat o detingut per negar-se a utilitzar la llengua de l’imperi? Us imagineu Joan Tardà detingut per continuar parlant en català? Us imagineu posar contra les cordes la judicatura espanyola pel català? Ho he trobat a faltar i demano disculpes si aquest article molesta algú, però aquests dies veient la campanya de la Plataforma per la Llengua per incrementar l’ús del català a la justícia trobo necessari dir el que penso i el que faria jo. Desobediència fins al final amb el català!".



Salvo la objeción de Puig, ayer fue otra jornada gloriosa para el independentismo, cuyos abogados, con Homs al frente, enseñaron el colmillo a Sáenz de Santamaría y Rajoy, del que se asegura que antecedió a Montoro en su deposición para no perderse el Madrid-Barça de la Copa del Rey. El resultado del partido, un 0-3 en toda la frente, es percibido en la prensa afecta a la causa soberanista como algo que va mucho más allá de una goleada en Bernabéu. El universo les habla.



Grandes elogios al defensa central Piqué. De El Nacional: "Gerard Piqué ha deixat anar la bomba. Tal com va fer Àlex Granell al mateix escenari, el central català ha aprofitat la zona mixta posterior a la victòria del Barça al Santiago Bernabéu per reivindicar els presos polítics: "Si les televisions de Madrid dediquessin menys temps a parlar del VAR i més a parlar del judici injust als presos polítics, potser el país anirà millor". "El què està passant és super injust i a Espanya es podria veure del què es parla", ha dit. Més clar, impossible".



Piqué también podría ser testigo. Recuérdese cómo le afloraron las lágrimas el 1-O al referirse a la actuación policial. 



Cunde una teoría de la conspiración en contra de los catalanes por el hecho de ser catalanes. Y ser culé sería un agravante. Es el caso de Sandro Rosell, según el texto de Màrius Carol en La Vanguardia: "Más allá de cuál sea la sentencia final del juicio en curso, resulta kafkiana la prolongada situación de cárcel de Rosell y Besolí. Difícilmente se podían destruir pruebas diez años después de los hechos que se imputaban, igual que era impensable que pudiera huir alguien con el arraigo familiar y social del expresidente del Barça. No se entiende que no se usaran métodos menos lesivos para evitar riesgos de fuga, como por ejemplo los acordados ayer, es decir, la retirada del pasaporte y la comparecencia cada quince días en el juzgado o la comisaría más cercana a su domicilio. Kafka comenzó su libro El proceso con esta frase: “Alguien debió de haber calumniado a Josef K. porque, sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido”. Pronto sabremos si la cita vale textualmente para Sandro R".



Para hoy está prevista la comparecencia en el Supremo de Gabriel Rufián y Ada Colau, entre otros. Prometedor cartel.



28 de febrero, santoral: Cira, Leandro de Sevilla y Osvaldo.