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Artur Mas prepara su regreso a la primera línea política.

¿Vuelve Artur Mas?

El expresidente, asesorado por David Madí, prepara su regreso convencido de que el Govern, cada vez más pilotado por Junqueras, fracasará

María Jesús Cañizares
4 min

Y al tercer día resucitó. Artur Mas, fiel a su vocación mesiánica, prepara su resurrección política, convencido de que solo él puede salvar un proceso secesionista que, en manos de un Gobierno pilotado cada vez más por ERC, está condenado al fracaso.

Asesorado por David Madí, cerebro en la sombra de la estrategia convergente, Mas piensa volver por la puerta grande, aclamado por su propio partido y por un electorado harto de los peajes impuestos por la CUP. Peajes que ya empiezan a pasar factura al vicepresidente económico, Oriol Junqueras, incapaz de sacar adelante unos nuevos presupuestos que permitan revertir los recortes aplicados en política social.

Con el acuerdo de investidura en el bolsillo

Pasar a la reserva no ha sido fácil para Artur Mas, cuyos sacrificios en favor del proceso independentista --el expresidente invoca reiteradamente su condición de querellado por organizar la consulta secesionista del 9N-- no impidieron que los antisistema pidieran su cabeza ante la mirada impasible de ERC.

Esta formación ha confraternizado rápidamente con Carles Puigdemont, quien ya tiene asumido que será el presidente catalán más breve de la historia. Cuentan que Mas siempre lleva en su bolsillo una copia del acuerdo de legislatura de Junts pel Sí y la CUP para demostrar, a todo aquel que quiera escucharle, que son los cupaires quienes le han traicionado. Es un animal herido, sí, pero un animal político.

Definitivamente, el hijo político de Jordi Pujol no tira la toalla. Su presencia en la reciente inauguración de la Línea 9 del metro, aparentemente incomprensible --ningún expresidente asistió a la puesta de largo de la Terminal 1 del aeropuerto, por ejemplo--, fue en realidad una declaración de intenciones: el molt honorable expresidente no se retira.

Y ayudado por sus hombres de confianza, entre ellos el consejero de Territorio de la Generalitat, Josep Rull --anfitrión del citado evento de la L9--, retomará el liderazgo del proyecto secesionista cuando se constate el descalabro de un Ejecutivo incapaz de preparar las bases del Estado propio en 18 meses, tal como prometió Puigdemont.

Retraso ¿buscado?

Ejemplo de ello es el retraso, buscado o no, en la aprobación de las leyes de ruptura --hacienda propia, seguridad social y régimen jurídico catalán--. El Govern ha renunciado a utilizar la vía del proyecto de ley, más inmediata, y ha optado por una ponencia conjunta ahora enmendada por los letrados del Parlament. De esta forma, la Generalitat demora los previsibles recursos que el Estado presentará ante el Tribunal Constitucional cuando se aprueben esos textos, pero frustra las expectativas soberanistas de su electorado.

Igualmente errática está siendo la gestión de la política social. Proclamas mediáticas al margen, el nuevo consejero de Salud, Toni Comin, tiene sublevado a medio departamento con su cruzada contra la sanidad privada. Comin se debe a ERC, que es quien le propuso, pero la influencia que ejerce sobre su equipo la exconsejera socialista Marina Geli es poderosa. Geli, que pugna por obtener un cargo en la Generalitat, siempre ha defendido los conciertos sanitarios.

Malas relaciones

Las malas relaciones entre Mas y Junqueras, adversarios ideológicos condenados a entenderse por supervivencia electoral, son un secreto a voces, pues el convergente no perdona la escasa beligerancia demostrada por el republicano cuando comenzó a cuestionarse su investidura.

Pero los convergentes han demostrado en varias ocasiones que saben reinventarse, y ya han activado la operación retorno con la llamada “Plataforma impulsada por el presidente Mas”, con la que pretenden ampliar la base social soberanista, acaparar el centro político catalán y dar voz a su militancia.