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Roger Molinas, arqueólogo e historiador / @arqueoleg

Roger Molinas: “Torra olvida que CiU reciclaba alcaldes franquistas”

El historiador y activista, conocido en las redes como 'Arqueòleg Glamurós', recuerda que casi la mitad de los primeros ediles catalanes procedentes del Régimen se pasaron a Convergència

01.09.2019 00:00 h.
20 min

Roger Molinas (L’Hospitalet de Llobregat, 1981) es un hombre polifacético. Arqueólogo de profesión, y licenciado en Historia, este activista de izquierdas es también conocido por su sobrenombre de Twitter: “Arqueòleg Glamurós”. Militante de IC-V en su ciudad, miembro de la corriente Comuns Federalistes y del consejo nacional de Catalunya en Comú, así como de Federalistes d’Esquerres, entre otros espacios, no tiene pelos en la lengua a la hora de rebatir los argumentos del nacionalismo, en general, y de los independentistas catalanes, en particular.

Entre ellos figura la identificación que, por parte de estos últimos, suele hacerse entre España y el franquismo. Uno de los ejemplos más recientes lo tuvimos el pasado fin de semana cuando, con motivo del 75º aniversario de la liberación de París, en la que participaron los exiliados españoles de La Nueve, Quim Torra publicó un tuit para advertir que, en aquel 1944, “el papel español en la Segunda Guerra Mundial fue el envío de miles de soldados de la División Azul a luchar junto a Hitler”. Apostillando, como respuesta a otro mensaje del Ministerio de Justicia, que “los soldados republicanos de La Nueve continuaban luchando contra el fascismo y la España del dictador Franco”.

- ¿Qué le pareció ese mensaje de Quim Torra? Con sus palabras, ¿no estaba dando a entender que España era sólo su gobierno, el franquismo, y quienes le daban apoyo?

Me parece absurdo que Torra critique el franquismo en España cuando Convergència fue el partido que más franquistas recicló en Cataluña en la Transición. Un 43% de los alcaldes franquistas que se volvieron a presentar en aquella época lo hicieron bajo las siglas de CiU [95 sobre un total de 219, según explica en su blog]. Me hace gracia que Torra hablara de la División Azul como ejemplo de lo que hizo España, y olvidara mencionar que Primitivo Forastero, alcalde de CiU en Camarles, fue uno de sus combatientes. ¿Cuál era la Cataluña legítima entre 1939 y 1975? ¿La de los expresidents Companys, Irla y Tarradellas, o la del Gobernador Civil que puso Franco? Para mí, la Generalitat exiliada. Durante 40 años hubo una división entre el poder legítimo y legal que salía de las elecciones republicanas de febrero de 1936 y el gobierno golpista, ilegal e ilegítimo, que usurpó el poder esos 40 años.

- ¿Le parece absurdo el comentario de Torra?

Más que absurdo, es una visión sesgada. Torra sesga para hacer creer que toda España era franquista y Cataluña, republicana, cuando como en todas partes la Guerra Civil fue una guerra de clases. En Cataluña, la Lliga Regionalista de Cambó financió a Franco para recuperar sus fábricas, que habían sido usurpadas por anarquistas y comunistas, y le apoyaron en todo momento.

- ¿En todas partes fue igual?

Las alcaldías que hubo durante el franquismo fueron de personas con apellidos catalanes, no de nadie que viniera de fuera. Eran gente de aquí, incluso de tradición catalanista, de derechas, católicos, carlistas… Fueron alcaldes en pueblos, con toda normalidad. Y cuando llegó la Transición decidieron pasarse de la Falange a Convergència. Como por ejemplo Josep Gomis, alcalde de Montblanc desde los 60. Cuando llegó la Transición se pasó a Convergència, y llegó a ser consejero de Jordi Pujol, habiendo sido falangista antes. En cambio, en el área metropolitana sí que se produjo una ruptura. Porque había una inmigración obrera, proletaria, con conciencia de clase, y tendrán más importancia el PSUC y el comunismo. Ahí sí hubo un verdadero cambio y ruptura en las alcaldías, indudablemente antifranquistas, también del PSC. Esto pasó en las grandes ciudades y en el área metropolitana. Pero en la Cataluña rural, no.

- En este sentido, desde algunos ámbitos del nacionalismo más identitario se ha llegado a transmitir la idea de que Franco fomentó la inmigración para diluir la cultura catalana. ¿Fue así?

No, al contrario. Franco intentó impedir que viniera la inmigración. Incluso hubo un centro de internamiento en Montjuïc, donde encerró a más de 15.000 personas que vinieron sin un permiso, porque era necesario para trabajar, y fueron devueltas a sus lugares de origen. Franco quería impedir que la gente se cambiara de domicilio y tuviera un anonimato. Por eso creó el DNI. En los 40 estaban los maquis en el Pirineo, en la sierra de Jaén… eran guerrilleros antifranquistas que seguían luchando en esa época. Y para evitarlo, Franco intentaba controlar a la población. Cualquier persona que se quisiera ir de su pueblo a otro, aunque fuera una semana y en la misma provincia, necesitaba un permiso.

- En los 60, esa situación cambió...

En los años 60 hubo un cambio ideológico, el Opus Dei entró en el Gobierno y se llevó a cabo el desarrollismo, el neoliberalismo dentro del franquismo, que acabó con la autarquía y el proteccionismo, e impulsó la construcción y la industria. Esto provocó que en Madrid, Bilbao, Valencia y Barcelona hubiera gran demanda de mano de obra barata. En Cataluña, la burguesía franquista que dio apoyo a Franco quería mano de obra barata. Y la gente que llegó con una ideología antifranquista son los que luego crearán las células del PSUC, que acabarán en los ayuntamientos democráticos, los movimientos vecinales... y de los que saldrán nombres como Gregorio López Raimundo, líder del PSUC, dirigentes de CCOO o alcaldes como el de El Prat, que nació en Córdoba.

- ¿Qué pasó con el catalanismo en esos años?

Òmnium Cultural fue legal en el franquismo, que no tenía problema con la cultura catalana siempre y cuando fuera una cosa burguesa, regional y folklórica, y no representara una amenaza para la estabilidad del sistema. La verdadera obsesión de Franco era el comunismo. Y persiguió muchos años a las células del PSUC y a los maquis, que eran los que representaban un problema, y no la burguesía catalanista, que leía poesías de vez en cuando. La mayoría de alcaldes franquistas eran catalanes y hablaban catalán. La cultura catalana no era una amenaza en aquel momento para él, siempre que fuera dócil.

- Esta semana se cumplirán dos años de las jornadas del 6 y 7 de septiembre en el Parlament, cuando se aprobaron las denominadas ‘leyes de desconexión’. ¿Qué le parecieron?

Es un poco similar a lo que pasa ahora en Inglaterra con Boris Johnson: intentar silenciar a la oposición parlamentaria con tal de hacer una jugada maestra. Saltándose todos los controles legales para intentar imponer unas leyes que, aquí, no cabían dentro de la Constitución. Me gustó mucho el discurso que hizo Joan Coscubiela, de izquierdas, para denunciar la falta de garantías democráticas. No había ningún tipo de legalidad ni de respeto por los derechos de la oposición.

Carles Puigdemont se mostraba eufórico al término del pleno del Parlament que aprobó las dos grandes leyes de la desconexión / EFE
Carles Puigdemont, eufórico al término del pleno del Parlament que aprobó las dos grandes leyes de la desconexión / EFE

- ¿Y es equiparable a lo que pasa con el Brexit?

Tuvo una mentalidad parecida a la de Johnson intentando que los diputados de la oposición no entorpezcan una posible aplicación del Brexit duro, e imponer el poder Ejecutivo y la supuesta voluntad del pueblo por encima de las garantías de la democracia parlamentaria. Salvando las distancias, porque obviamente aquello sí que se hace dentro de la ley, con el respaldo de la Reina. Aquí se hizo todo al margen de la ley. Sabiendo perfectamente que el Tribunal Constitucional y el Consejo de Garantías Estatutarias decían que no era legal.

- ¿Cómo valora al actual gobierno de la Generalitat, y los recortes que acaba de anunciar el vicepresidente Pere Aragonès?

Tenemos un gobierno inoperante que no ha hecho prácticamente nada, más allá de ir a ferias folklóricas. Sólo han aprobado una ley en casi dos años. Sólo les importan los gestos simbólicos, y no tienen ningún interés en gobernar la administración pública. Han hecho recortes porque no han sido capaces de aprobar unos Presupuestos. Dicen siempre que no tienen dinero, pero tampoco han sido capaces de negociar con el Gobierno de España la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. El Govern lo integran dos partidos que se odian entre ellos: JxCat y ERC. Cada uno tira por su lado, y están más preocupados por las próximas elecciones que por el día a día de la Generalitat. Han puesto consellers muy belicosos en el tema nacional, pero sin ninguna experiencia o interés en la gestión del día a día.

- ¿Ve muchas diferencias, aparte de la animadversión mútua, entre JxCat y ERC?

Últimamente parece que JxCat ha optado por una vía más radical, con un nacionalismo más identitario y visceral, acogiéndose a cualquier rumor, a cualquier fake new o teoría de la conspiración. Mientras que ERC sí que parece que esté aterrizando un poco en la realidad. Volviendo de la abducción de este pensamiento mágico procesista y tocando con los pies en el suelo. Se ha dado cuenta de que sin pactos y alianzas esto es muy difícil, que necesita ampliar su base y tejer complicidades con otros agentes. Y que necesita hablar con España, con el PSOE, con los comuns y otros partidos de izquierdas para cambiar las cosas.

- ¿Y por qué no lo hace JxCat?

JxCat aún está con el pensamiento mágico de que Puigdemont es el Mesías y que esto se solucionará en una tarde. Supongo que eso es lo que les da votos. Parece que a una parte de su electorado lo mantiene en tensión, pero en el área metropolitana el PDeCAT cada vez tiene menos concejales, y ha desaparecido en muchas ciudades. Tiene apoyo en las zonas rurales, en la Cataluña interior, pero en el área metropolitana casi han desaparecido. No sé si un partido puede llegar a gobernar la Generalitat sin tener ningún regidor ni ningún apoyo ahí.

- ¿La figura de Puigdemont es un elemento distorsionador?

Es un elemento electoral por su aureola mágica de que convocó el referéndum, huyó y es el presidente en el exilio, una especie de mártir. Es evidente que en las elecciones europeas les fue mucho mejor con Puigdemont que en las municipales sin él. Pero esto se acaba rápido, porque su DNI, según parece, caduca en febrero de 2020. Si no se convocan elecciones antes, no se puede presentar.

- Usted estuvo en la plaza de Sant Jaume el día de la investidura de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona. ¿Qué es lo que vio?

Los simpatizantes de Ada Colau, de BComú, éramos un grupo de unas cien personas, rodeadas por unas 10.000 que eran radicales procesistas de JxCat, muy enfadados y agresivos, que empezaron a empujarnos y a insultar. Nos tiraban pancartas, nos acorralaron, nos rodearon e insultaron de una forma muy agresiva. Hubo momentos de tensión que pensé que podía acabar en una batalla campal. Menos mal que no pasó.

Ada Colau sufrió insultos machistas como "putas" y "zorras" al cruzar la plaza Sant Jaume por parte de radicales independentistas / CCMA
Ada Colau sufrió insultos machistas y de todo tipo al cruzar la plaza Sant Jaume por parte de radicales independentistas / CCMA

- ¿Cree que puede ocurrir algo parecido con la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en el pregón de las fiestas de la Mercè?

Sí, seguramente. Normalmente lo que hacen los procesistas es uno con Toni Albà de forma paralela, en otro sitio, porque no les gusta. El pregón es dentro del Ayuntamiento. Quizás algún grupo de radicales vayan a la plaza a decir cuatro gamberradas y ya está.

- La polémica viene porque Carmena dijo que, para ella, los políticos en prisión preventiva por el procés no son “presos políticos”, sino “políticos presos”. ¿Cree que tiene razón?

No se les está juzgando por su ideología, se les juzga por lo que hicieron, por tanto no son presos políticos. Pero considero que ha habido una especie de revanchismo y mano dura hasta ahora. Por ejemplo, la prisión preventiva no era necesaria, había muchas otras formas de evitar su fuga. Y se han tomado medidas extraordinarias por el hecho de que sean políticos y la carga política que tuvo lo que hicieron. Ya veremos cómo es la sentencia. El juicio ha tenido todas las garantías, para mí es inapelable. Pero el hecho de que hayan estado en prisión preventiva demuestra, bajo mi punto de vista, que ha habido un cierto encarnizamiento por parte de la Justicia.

- ¿Cree que en el independentismo hay un exceso de intransigencia, que la masa de lo que llamaríamos hiperventilados en su seno es considerable?

Es difícil cuantificarlo. En Twitter, sin duda, son el 90%. En la vida real espero que sean menos, y espero que no se tomen las cosas tan a pecho. Cuando has ido radicalizando a toda esta gente, diciéndoles que España es mala, que hay una conspiración en contra nuestra, que nos matan, después, volver a la normalidad no es fácil. Que creo que es lo que está intentando hacer ERC. Cuando has hecho creer que tenías un Estado a tocar, que era tan fácil como proclamarlo, y que tendrían sueldos de 2.000 euros, luego les dices que todo esto no era tan fácil y que vuelvan a su casa… pues, claro, esta gente está enfadada. El procés ha generado ira y cabreo, prometían cosas que no se podían cumplir. Gestionar esta frustración es un gran reto para el independentismo ahora mismo.

- ¿Los responsables de que se haya llegado a este nivel de frustración son sólo los dirigentes de la Generalitat, o hay más?

Responsables han habido muchos. La gente que se ha dedicado a atizar el fuego está por ambas partes, tanto en el independentismo como en el PP y Ciutadans. Mientras en medio, los comuns y el PSC, desde mi punto de vista, intentaban acercar espacios y crear puentes, en los extremos se dedicaban a echar gasolina y a incendiar la convivencia.

- ¿Cuál cree que puede ser la solución a todo este problema?

Defiendo el federalismo como un punto intermedio entre las personas que quieren el centralismo o la independencia, un punto en el que la mayoría de gente se podría sentir cómoda. ¿Qué diferencia tendría con el Estado de las Autonomías? Muy sencillo: en un federalismo, los Estados autónomos, federales, tendrían muy claras y blindadas sus competencias. No habrían estos conflictos con el Tribunal Constitucional. Como en EEUU, donde hay un gobierno federal, y después hay gobiernos estatales con sus leyes.

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