Menú Buscar

Josep Bou: "Si no lo hubiera hecho Valls, lo habría hecho yo"

El nuevo líder del PP en el Ayuntamiento de Barcelona asegura que habría votado a favor de la investidura de la alcaldesa si los apoyos no hubieran llegado a 21

23.06.2019 00:00 h.
17 min

Josep Bou Vila (Vic, 1955) tiene una personalidad que no deja indiferente a nadie. Empresario consolidado, ni es político ni quiere hacer carrera como tal. Encabezó la lista del Partido Popular al Ayuntamiento de Barcelona como independiente en las pasadas elecciones municipales y, a pesar de que la gran mayoría de las encuestas lo dejaban fuera, consiguió dos concejales. Asegura que la ciudad "está en una encrucijada muy compleja" y no soporta que los separatistas la tilden ni de "Capital de la República Catalana" ni de "Punta de llança de l'independentisme". Con Ada Colau, dice, tiene en común lo mismo que con la mayoría de políticos: la máxima de distribuir bien, pero él, "a diferencia de la alcaldesa", cree que "lo que hay que hacer es generar riqueza, porque si no, no hay nada que distribuir. Y eso significa sencillamente apoyar a las empresas y a los inversores".

--Teniendo en cuenta que muchas encuestas situaban al PP fuera del consistorio, ¿considera el resultado obtenido un éxito?

--No, personalmente no, pero creo que el partido sí. Ellos tenían más datos que yo y sabían de qué punto partíamos. Mi idea era sacar cinco, y no pudo ser.

--El PP va a ser 'anticomuns' en todo? ¿Se abstendrán o votarán a favor de alguna de sus propuestas?

--El PP no será anticomuns ni antinada. Ese prefijo no cabe en mi lenguaje. Cuando se presente una ley, un decreto, una ordenanza, nosotros miraremos si realmente esas medidas buscan el bien común en la ciudad. Si es así, diremos que sí. Después, ya veremos quién lo ha propuesto. Del mismo modo que si proponen algo que nosotros pensamos que es una aberración, yo saltaré el primero.

Josep Bou durante la entrevista en 'Crónica Global' / LENA PRIETO
Josep Bou durante la entrevista en 'Crónica Global' / LENA PRIETO

--¿La apoyarán en los presupuestos?

--Si no son populistas, sí. Barcelona hay que parchearla en estos momentos. Yo no creo en parchear, pero la ciudad está en tan mal estado que es necesario parchear en vivienda, movilidad, seguridad… Yo creo en una estrategia a largo plazo. Hay que ver de qué manera gestionamos las dotaciones económicas para hacer crecer la ciudad, dar bienestar social y crear empleo.

--Eso está muy bien, pero lo cierto que solo tiene dos concejales. ¿Qué pueden hacer con este margen tan estrecho?

--Bueno, nosotros tenemos nuestras propuestas y vamos a votar. Pueden pasar cosas rarísimas. Según el caso, puede pasar que Barcelona en Comú tire adelante con nuestro voto. Mi criterio nunca será ideológico. No voy a defender o denostar a ultranza a ningún partido por su ideología. Creo que el PP es una herramienta, pero nada más. Votaremos lo que veamos oportuno en cada ocasión.

--¿No habrá cordones sanitarios a nadie ni a nada?

--Ya no un cordón, lo que he puesto es un muro sanitario al movimiento separatista que pretende dividir y enfrentar a los barceloneses. Ahí sí me van a encontrar siempre, porque eso sí es una fatalidad. En lo demás haremos lo que podamos. Si se empieza a hablar de república, mal iremos, porque la república no existe.

--¿Lo que hizo el señor Valls en el último momento tiene justificación, entonces? ¿Mejor un modelo que no le gusta, que un alcalde independentista?

--Yo dije que un cheque sí, pero no en blanco. Eso es importante. Hablé con Collboni, con Valls, con gente de Barcelona en Comú. Lo que pedía a Colau era una renuncia expresa a todo el proceso separatista. Barcelona tiene que seguir siendo una ciudad cosmopolita de todos y para todos. El Ayuntamiento de Barcelona ha vuelto a poner un lazo en el balcón, pero que no les quepa duda de que desaparecerá. Manuel Valls hizo algo que tenía que hacer. Si no lo hubiera hecho Valls, lo habría hecho yo. Lo que está claro es que Barcelona puede tener muchos colores políticos, pero si rompemos el mapa, será una fatalidad. Y eso es lo que pretendía el proceso separatista.

--¿Cómo vivió la investidura de Colau?

--Tengo la sangre bastante fría, pero el día de las votaciones en el ayuntamiento me sentía muy nervioso. Iba contando con los dedos los votos a la señora Colau. Y cuando dijeron 21, descansé. ¡Dios mío si hubiera fallado uno! Y que conste que yo me voté a mí mismo. Lo cierto es que estaba todo hablado. Esa misma mañana me puse en contacto con Colau, con Collboni y con Valls para comprobar que no había ningún tránsfuga. El día anterior tuvimos llamadas continuamente para asegurarnos de que todo estuviera claro. Temíamos que el poder separatista comprara alguna voluntad. Tienen tanto dinero que han comprado de todo. No solamente por las subvenciones, sino por la cantidad de efectivo en negro que tienen fuera. No saben ni qué hacer con él. Le hubieran podido poner un pisito a cualquiera. De haber ocurrido un desastre de ese tipo, yo habría dimitido. Las cosas afortunadamente se hicieron bien. Yo no cedí porque un cheque en blanco era muy complicado para mí. Si hubieran renunciado al alegato separatista, sí lo hubiera hecho. Colau no se ha enterado de que una parte importante de sus bases se sienten catalanes y españoles. Hay muchos. En Nou Barris es donde yo he sacado más votos, ¿se da cuenta? Un empresario saca más donde hay más obreros. Alguna cosa estamos haciendo bien los empresarios.

--¿Está de acuerdo entonces cuando Valls dijo que no era lo mismo Colau que Maragall?

--Sí, estoy de acuerdo. No es lo mismo.

Josep Bou durante la entrevista en 'Crónica Global' / LENA PRIETO
Josep Bou durante la entrevista en 'Crónica Global' / LENA PRIETO

--¿Cómo valora usted el censo digital de empresas 'amigas' que ha impulsado la ANC?

--La ANC es más madrileña que catalana, sinceramente. Le está haciendo un favor enorme a Madrid en cuanto a empresas. Yo soy catalán, nací aquí y moriré aquí. Una empresa catalana, en condiciones normales, no quiere irse de Cataluña. Pero si lo ven complicado o temen, tienen que marcharse. La ANC seguirá expulsando empresas, lo cual me parece de una mezquindad enorme, porque detrás de un empresario hay puesto de trabajo. Si una empresa baja un diez por ciento las ventas, eso la puede perjudicar muchísimo en cuanto a empleo. Si el independentismo empieza a hacer listados y propagarlos, vamos mal. El nacionalismo es una ideología que odia más que ama. Odian a los empresarios como yo, que somos catalanes y españoles con máxima normalidad. Nos meten en listas negras o al revés: hacen listas blancas y con eso dan a entender que los que quedan son los negros, está clarísimo.

--¿Usted se considera catalanista?

--No.

--El Govern catalán ha prometido una 'respuesta de país' a la sentencia del juicio del 'procés'. ¿Qué respuesta dará usted?

--Yo lo de respuesta de país nunca lo he entendido. No sé a qué país se refieren. ¿Se refieren a su país? Mal vamos, entonces. Cataluña no es un país. Yo nací en Vic y comprendo el tipo de lenguaje que hablan allí. Mi padre me enseñó que el país es el paisaje. “Mira, fill, quin paisatge més verd”, me decía. En España la expresión país tiene una connotación de nación que ellos han aprovechado aquí, porque son más listos que el hambre.

--En caso de que haya penas, ¿cree que llegarán los indultos?

--Afortunadamente, creo que nadie puede dudar del Supremo ni del juez Marchena, que es un tipo que lo ha hecho de maravilla. Nosotros acataremos la sentencia, sea la que sea. Si dictan condenas, pedimos que no haya absolutamente ningún indulto. Eso sería ofender al poder judicial y a todos nosotros. Si se los indulta, que recuerden que hay 61.000 presos en España, algunos por poca cosa. Lo que pretendían hacer estos señores del procés es gravísimo. Es un atentado contra la democracia. ¡La asaltaron! Trataron de dividir y enfrentar a un pueblo. Eso es un acto criminal desde el poder. Lluís Companys declaró el Estat Català dentro de la República Federal Española, y en las once horas siguientes hubo 46 muertos. La situación era distinta, está claro. Hemos evolucionado, somos más democráticos. Pero los políticos que están siendo juzgados lanzaron a un pueblo a la calle, delante de 7.500 policías armados. Podía pasar cualquier desgracia. Se quejan de que uno perdió el ojo, y a mí me sabe muy mal. Pero es que este señor le tiró una valla a un policía. Yo, sinceramente, no agrediría a una persona armada, y menos en un clima de tanta tensión. Fueron ellos los que propiciaron la situación a la que hemos llegado.

--¿Conseguirá que los lazos amarillos desaparezcan del ayuntamiento?

--Uno tiene todo el derecho del mundo a colocarse un lazo en la solapa o en la fachada de su piso. Con eso nos mostramos la mar de respetuosos. Pero ponerlos en los edificios públicos, y sobre todo en el ayuntamiento, que es la casa de todos, nos parece un error. Si uno se pasea por Barcelona, si mira los edificios, verá que el lazo no es representativo. Yo no lo pondría en ningún caso, pero entendería que si la mitad o más de Barcelona lo llevara, tendría un peso. Colau no puede colocar en la fachada del ayuntamiento una imagen sectaria. La alcaldesa, que nos representa a todos los barceloneses, no está legitimada para hacer eso, sencillamente. A mí me ha extrañado que lo hiciera después del repaso que le dieron los independentistas el día de su investidura en la plaza Sant Jaume. Le dijeron de todo menos bonita. Había unas personas fanáticas con lazos que la insultaban a ella y a sus seguidores de Barcelona en Comú. Les dieron la medicina que a veces me dan a mí. Creo que ahí se dio cuenta de qué clase de personas son las de los lazos amarillos. Más que querer, odian. A mí me supo mal, debo decirlo. 

--¿La lengua española está perseguida en Cataluña?

--El nacionalismo sabe que el castellano es la argamasa de la unidad de España, y por eso intenta que desaparezca del alma y del pensamiento de los catalanes. En Barcelona no pueden, pero si uno va a Osona, Berguedà o el Bages, se dará cuenta que el español está barrido. No se ve ni en las calles ni en las vías ni en las escuelas. En Vic he visto a niños que chirrían cuando hablan en castellano. Lo hacen fatal, los han desgraciado. Al mundo separatista le va la vida en el idioma, lo utilizan como arma política.

--Da la sensación de que el PP de Cataluña está fragmentado y desgajado de la matriz nacional, ¿cómo lo explica?

--El PP catalán no está desgajado de nada y yo he hecho de cinturón con una buena hebilla con Pablo Casado. Cataluña creo que sigue siendo la parte más importante de España. Los catalanes y el PP hemos hecho mucho por esta gran nación, y tenemos que seguir haciéndolo. El partido necesitaba una renovación en Barcelona, y he recogido lo mejor del PP y de la sociedad civil de Cataluña para trabajar en esta línea. Hacemos un mix muy interesante.

Josep Bou durante la entrevista en 'Crónica Global' / LENA PRIETO
Josep Bou durante la entrevista en 'Crónica Global' / LENA PRIETO

--Usted tiene una personalidad muy marcada, al igual que Xavier García Albiol. ¿Qué le parecen aquella declaraciones suyas vinculadas con ‘limpiar’ Badalona de inmigrantes?

--El verbo no fue el adecuado cuando hablamos de seres humanos, está claro. A mí me han educado en un humanismo cristiano. Barcelona no puede dar una imagen de manteros desarbolados. Los comerciantes sufren por la competencia desleal, algunos hasta han tenido que cerrar. Pero tampoco puedo sacar de ahí a 2.000 manteros sin más, porque los convertiría en 2.000 delincuentes. Si les quito los pocos ingresos que tienen, los condeno a la delincuencia, porque tienen que comer. Los manteros no crean la inseguridad, la inseguridad la genera la delincuencia. Los inmigrantes no han venido aquí por gusto, sino por necesidad. Yo, siempre que no delincan, no soy partidario de expulsarlos, ya se lo digo. Barcelona tiene capacidad para integrar a esta gente. Tenemos que darles una forma de ganarse la vida.

--¿Una persona con recursos puede hacer política para las personas humildes, o solamente puede ayudar a los de mayor renta?

--El criterio se adquiere cuando la mente está bien alimentada por el estómago. Yo tengo las necesidades vitales cubiertas, y un poco más. Tengo la sagrada obligación de ser bueno, porque a mí la vida me ha ido bien. No defenderé a ningún delincuente, pero es cierto que hay personas que al pasarlo tan mal hacen cosas que no quieren hacer. A ellos les es más difícil ser buenos, a mí me es más fácil. Tengo un equilibrio mental muy sólido. Sé que redistribuir la riqueza es básico, y la única manera de hacerlo es mediante los impuestos, no hay otra.

¿Quiere hacer un comentario?
Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Más información