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El expresidente de la Generalitat Artur Mas (i) junto al presidente de la Generalitat Carles Puigdemont (d) en la rueda de prensa en la que se valoró la sentencia del 9N / EFE

La condena del 9N, 'puente de plata' para Artur Mas y para el PDECat

La inhabilitación proporciona al expresidente una salida digna que evita el repudio de ERC y CUP, y supone un balón de oxígeno a su propio partido, al borde del cisma

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Indignación en público. Alivio en privado. La inhabilitación de Artur Mas como candidato a la presidencia de la Generalitat ha supuesto un balón de oxígeno para su partido, PDECat, al borde del cisma, pero también para el propio líder convergente.

Acorralado por los casos de corrupción de la antigua CDC, Mas afrontaba un futuro de repudio y precampaña crítica por parte de ERC y CUP, e incluso de su mismo partido, donde ya habían surgido corrientes críticas a favor de Carles Puigdemont y de soltar lastre definitivamente de una etapa pospujolista marcada por la financiación irregular del partido. De ahí que fuera el propio Mas quien diera respuesta a la pregunta que todo el mundo se formulaba tras la condena: ¿podrá ser candidato a la presidencia de la Generalitat? “Con la Justicia española, no”, aseguró.

Su contestación contundente choca con las opiniones de juristas, que no tienen claro si una condena de inhabilitación que no es firme puede privar a una persona de aspirar a un cargo público --la Ley Orgánica de Régimen Electoral en su artículo 6 deja a Mas sin opciones--. Pero esconde una frustración. "Artur Mas deseaba la inhabilitación de iure, es decir, por el juicio del 9N. Pero no esperaba la de facto, la que supondrá la sentencia del caso Palau, por la que tendrá que dar explicaciones en el Parlamento catalán", explican a Crónica Global fuentes próximas a Junts pel Sí.

La coartada patriótica ya no es válida

La sentencia por la consulta del 9N ha devuelto a Artur Mas un protagonismo patriótico que el juicio por el expolio del Palau de la Música y la investigación del caso 3% le habían retirado. Situado en el epicentro de una supuesta financiación irregular de CDC por la que deberá dar explicaciones en el Parlamento catalán, Mas volvió a presentarse como víctima principal de los embestidas “antidemocráticas” del Estado contra el proceso secesionista. Pero esta coartada ya no es válida.

Los indicios de corrupción dentro de la antigua Convergència han puesto al PDECat al borde del cisma. Los esfuerzos de la coordinadora del partido, Marta Pascal, han chocado una y otra vez con la cruda realidad: mientras Mas siga siendo presidente de la nueva Convergència, la renovación sonará a fraude.

Por ello, un sector crítico del partido ha lanzado una campaña en las redes sociales bajo el lema “Queremos ser 100% PDECat” cuando apenas han transcurrido ocho meses desde que se celebró el congreso refundador de CDC.

"No somos CDC"

“No somos Convergència, ni lo queremos ser. Como no somos ERC, Demòcrates o cualquier otro partido que exista o haya existido antes de nuestra fundación. No somos mejores ni peores. Somos un partido nuevo que reúne gente de muchos orígenes, que quiere reunir aún mucha más gente y que no quiere tener ningún vínculo con el pasado. Lucharemos y exigiremos que se cumpla el espíritu fundacional del Partit Demòcrata de hacer un proyecto nuevo, limpio, regenerado, republicano, independentista, abierto y transversal que tiene vocación de convertirse en el partido de referencia de Cataluña”

Añadía el manifiesto que con el juicio sobre el caso Palau “habrá un campaña de desprestigio brutal y tenemos que dejar claro que ni somos, ni tenemos nada que ver con los problemas de otros partidos. El presidente Puigdemont representa el mejor del PDEcat y debemos darle máximo apoyo en un momento histórico de Cataluña en el que nuestro partido es pieza clave junto con el resto de Junts pel Sí”. La campaña ha generado un agrio debate entre los militantes detractores y defensores de Artur Mas.