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Las formaciones que defienden el catalanismo y la centralidad están dispuestas a dar batalla al independentismo / FOTOMONTAJE DE CG

¿Existe todavía el catalanismo?

El PSC, Lliures y Units per Avançar, además de otros colectivos, insisten en el catalanismo como vía para atraer a una parte del independentismo

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El catalanismo “ha muerto”, señala Jordi Graupera, el periodista y profesor de filosofía política que aspira a ser candidato en las elecciones a la alcaldía de Barcelona. El catalanismo “ya no ocupará la centralidad”, asegura el escritor Valentí Puig, mientras que el diplomático Juan Claudio de Ramón entiende que el catalanismo es ahora “más el problema que la solución”. Pero “sin el catalanismo” no se podrá encontrar una vía de salida al conflicto político en Cataluña, insiste el exdirigente de Convergència, Antoni Fernández Teixidó, ahora líder del partido Lliures. ¿Pero existe todavía el catalanismo?

El problema que se vive en Cataluña tiene en gran medida un gran perjudicado, ese catalanismo que representó el PSC y el PSUC en los años ochenta y que ha sido el motor de cambio histórico en Cataluña. En determinados círculos políticos de Madrid, en el campo conservador y también en el progresista, se acusa a partidos como el PSC de haber “acompañado” al nacionalismo y de no haber parado a tiempo sus excesos, algo que se concretó, se señala, en la elaboración del Estatut de 2006, con Pasqual Maragall a la cabeza.

Catalanismo o nacionalismo

Juan Claudio de Ramón lo ha explicado a Crónica Global de una forma clara y expresa lo que esos círculos piensan, desde la distancia. Sin embargo, De Ramón --relacionado estrechamente con pensadores y políticos catalanistas y familiarmente entroncado con esa tradición política-- sabe de lo que habla: “En Cataluña existe la creencia convencional de que el catalanismo es algo distinto del nacionalismo catalán. Como observador externo, me cuesta creerlo", asegura. Y añade: "Lo digo no como un prejuicio, sino después de haber observado la praxis de gobierno de un partido que se dice catalanista, como el PSC, que en nada se distinguió de la praxis nacionalista ortodoxa y que, en algunos casos, la agravó. Es decir, me importa poco que sobre el papel se diga que el catalanismo es integrador si luego en el gobierno actúa como un nacionalismo cualquiera”, señala.

Esta argumentación es algo que se rechaza desde el PSC, porque se entiende que fueron los socios de gobierno de aquel primer tripartito de Pasqual Maragall --especialmente Esquerra Republicana-- los que iniciaron una carrera hacia delante sin freno animados por CiU, que desde la oposición no tenía nada que perder. Sin embargo, lo que se lamenta desde el PP, desde una parte del PSOE y, ahora, por Ciudadanos al completo es que los socialistas decidieran no bajarse del autobús cuando lo podían haber hecho.

El papel de Ciudadanos

Estos hechos condicionan la actual situación. Ciudadanos, un partido que se presentó por primera vez en las elecciones catalanas en 2006, se constituyó como una alternativa a ese catalanismo, al considerar que había ido demasiado lejos y que se había dejado arrastrar por el nacionalismo. Ahora, aunque formula algunos guiños a sectores de ese catalanismo, Ciudadanos quiere superar de forma definitiva esa etapa con Inés Arrimadas al frente.

Queda el PSC que dirige Miquel Iceta, que busca un objetivo de tipo práctico además de estar convencido de ello. Solo mordiendo en el bloque independentista se podrá abrir un nuevo ciclo; solo recuperando una parte del electorado que ha votado a opciones independentistas se podrá jugar, de nuevo, en el terreno transversal de la política catalana.

La oferta genera la demanda

Units per Avançar, que lidera el exdirigente de Unió Democràtica Ramon Espadaler, busca cómo recuperar poco a poco ese espacio democristiano no independentista. Pero la estructura todavía es menor. Y ese espacio, tal vez, ya no se recuperará nunca porque está instalado en el independentismo.

Lliures se reivindica también como catalanista, con un acento en el eje ideológico, con propuestas más liberales. Es decir, un perfil que coincidía con el viejo convergente de los noventa. ¿Existe? ¿Puede volver a votar a una opción más acorde con lo que ha defendido siempre? ¿Conecta con los jóvenes?

Esas son las dudas, que, no obstante, no se podrán solventar sin una oferta clara y atractiva. En economía, la oferta genera la demanda. Todos los dirigentes catalanistas consultados señalan que “la demanda existe”, máxime después del descalabro del PDeCAT. Lo que no existe es la oferta. Y desde ahora y en los próximos meses se podrán a ello, como propone Lliures, a través de una refundación.