Publicada

Ni besos, ni buen rollo, ni espectáculo. La cosa no está para fiestas. Ni siquiera para vídeos elaborados con Inteligencia Artificial, sirven en el nuevo escenario tras Urda. Todos los partidos están redefiniendo sus mensajes y sus objetivos porque apenas quedan 28 días para la cita electoral.

El PP se siente fuerte ante un Vox que se ha tirado al monte y un PSOE que está como perro flaco, lleno de pulgas. Pero Sánchez siempre se levanta. De momento, no ha entregado la cabeza de Puente y el ministro está dispuesto a dar la batalla. Los socialistas saben que las encuestas que salgan estos días no serán buenas aunque “no medirán el voto, medirán el estado de ánimo”.

Las derechas harían bien en ser comedidas pero el entusiasmo les puede llevar al error. Sánchez necesita un revulsivo para centrar el debate y el antisanchismo puede ser un aliado necesario y esperado. Un revulsivo que pasa, por ejemplo, por nacionalizar los servicios ferroviarios porque la liberalización se ha llevado por delante muchas vidas.

Esto podría ser un revulsivo para la izquierda y plantear una pregunta ¿Quién te defenderá mejor? Será el voto estratégico. Votar contra el otro.

Mala idea: Cerrar líneas de AVE por obras. El ciudadano necesita ante las adversidades certezas y no dolores de cabeza. Cierto que el ministro Puente fue sincero cuando afirmó que el Gobierno se plantea cerrar el tráfico en la línea Barcelona-Madrid de AVE para efectuar las obras necesarias.

La reflexión puede ser correcta porque se acortan tiempos de ejecución, pero plantear la hipótesis en plena precampaña no ha sido buena idea. Si se toma una decisión se acepta la crítica. Pero recibir críticas sin tomar la decisión es un error de bulto y más en tiempos convulsos.

¿Qué hará el Frente Amplio con Puente? El miércoles comparece el ministro en la Diputación Permanente. A petición propia, sí, pero con la previa presión de los socios. Los de Colau, un poco arrinconados en la campaña, han subido un peldaño la presión. Ada Colau pidió de manera expresa la dimisión del ministro de Transportes, dos días después del accidente.

La petición de la lideresa morada intenta aparecer más contundente que la de ERC, Podemos o PNV pidiendo una dimisión que va más allá de la exigencia de “responsabilidades”. Colau pecó un poco de provinciana cuando dijo que había “trasladado a la Moncloa” la petición. ¿A quién si no?

Miriam Nogueras ha calcado el discurso de Feijóo. No solo pide la dimisión de Óscar Puente sino que arremete contra Sánchez afirmando que “quien tiene que comparecer a dar explicaciones es el señor Sánchez".

Nogueras, como Colau, se sienten como relleno de bocadillo y buscan un ansiado protagonismo que les haga recuperar espacio en la campaña. Puede que Puente les dé un asidero, pero puede no ser suficiente.

Gabriel Rufián se ha abstenido de pedir la dimisión de Puente y ha tocado una tecla sensible: el aumento de los precios del avión ante la crisis ferroviaria. “Hay que legislar para que ninguna empresa pueda hacer negocio ante una emergencia”, dijo el republicano.

Y, ciertamente, no le falta razón. Un mensaje que impacta en miles de personas que deben desplazarse no por ocio, sino por trabajo. No ha estado desatinado.

Dana, dos años. La Dana que arrasó Valencia cumplió el pasado 29 dos años. Carlos Mazón, el máximo responsable, sigue vegetando en el Parlamento como diputado con el respaldo del PP y de sus terminales mediáticas. La licitación de obras necesarias para volver a la normalidad es irrisoria.

Las previsiones de inversión en obras hídricas, según datos de la patronal SEOPAN, eran algo superiores a los 4900 millones. Solo se han licitado un 3%. El alcantarillado sigue siendo víctima del barro. Las obras han empezado ahora, dos años después, en Catarroja o Paiporta, con un presupuesto de unos 160 millones. Durarán cuatro años las obras. Todo empezará a ser normal en 2030. Tarde, muy tarde.

Miriam González, ¿un outsider en fuera de juego? Democracia 21 ha entrado en campaña. Solo se presenta en Madrid y Barcelona. Lo hace porque tiene financiación que proviene de Ciudadanos proveniente de subvenciones públicas que o se gastan o se devuelven.

La actual cúpula del partido zombi Ciudadanos ha impulsado la candidatura de González para recuperar el espacio perdido de centro liberal. Lo tiene difícil en tiempos de polarización irredenta, pero su presentación hará perder votos al Partido Popular cosa que no ven bien algunos fundadores del partido y el propio Albert Rivera. De momento, sigue en liza a pesar de las críticas.

Noticias relacionadas