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Movimientos en Junts tras digerir que su líder Carles Puigdemont no ejercerá como jefe de la oposición en el Parlament.

Para sorpresa de algunos diputados posconvergentes y decepción de otros, que llevaban semanas pidiéndole que asumiera este rol al volver, dijo la semana pasada que quien ha ocupado la presidencia de la Generalitat en el pasado "no puede estar vigilando a quien la ocupa ahora".

Lo hizo en una entrevista, en el programa Pla Seqüència de La2Cat, sin que la mayoría de sus compañeros supieran sus intenciones tras la aplicación de la amnistía ni tampoco cuándo volverá --aunque todo apunta, por lo que dice su abogado Gonzalo Boye, que será después de las elecciones--.

Esto reabrió un debate que parecía cerrado y que no hubiera tenido lugar si Puigdemont hubiera decidido quedarse en la Cámara más allá del recibimiento oficial que el presidente de la Mesa Josep Rull le hará, como le hizo ayer al exconseller Lluís Puig pero con aún más pompa.

En ese caso, el expresident hubiera ejercido como presidente de grupo y la actual presidenta Mònica Sales hubiera regresado al puesto de portavoz.

Era un escenario que muchos contemplaban, pero que ahora desaparece. Y algunos sectores del partido presionan para que Junts designe a un jefe de la oposición una vez que Puigdemont renuncie a su escaño. Y concretamente piensan en el vicepresidente de la formación Toni Castellà.

Toni Castellà, valor al alza

Fundador de Demòcrates, escisión de Unió que primero se alineó con ERC y luego se integró en Junts, forma parte del núcleo de confianza de Puigdemont y genera consenso entre las élites de la antigua CiU que maniobran para apartar a los llamados octubristas y tomar las riendas del partido.

Fuentes internas añaden que no asumió el liderazgo al principio de la legislatura por, entre otras cuestiones, problemas de salud. Pero fue uno de los cerebros de la vuelta y posterior fuga de Puigdemont durante la investidura de Salvador Illa, momento en que "se ganó" al expresident.

Poco después le nombró vicepresidente de Junts, y su ascendencia en las decisiones del partido no ha parado de aumentar, explican desde dentro.

Ahora se perfila como jefe de la oposición. Es decir, sin escaños vacíos con lazos amarillos, con los privilegios que este cargo comporta --dos asesores y ventajas protocolarias-- y sustituyendo a Mònica Sales al frente del grupo, en el que sería el segundo cambio en poco más de dos años.

Tras quedar relegados a la oposición en 2024, el cargo lo asumió Albert Batet, pero un año después le ofrecieron un retiro dorado como adjunto a la presidencia de la formación, apartado del foco como diputado raso y labrándose un nuevo perfil como enlace entre Junts y las patronales.

Apostaron entonces por Sales y auparon a Salvador Vergés como número dos, pero a ojos de la cúpula de Junts, este tándem no ha funcionado.

Revulsivo de cara a 2028

La intención de intentar convencer a Puigdemont de que bajara al barro era que sirviera como revulsivo de cara a los casi dos años que quedan de legislatura, pues las encuestas son muy malas --en muchas de ellas bajan de 20 escaños-- y la sensación es que no están sabiendo o consiguiendo desgastar al Govern, un Ejecutivo en minoría que además, todo apunta, se quedará sin amigos en la Moncloa tras los comicios del 29N.

La mirada está puesta en las elecciones catalanas de 2028, en las que Puigdemont también debe decidir si quiere ser el candidato.

En caso de que no --internamente así lo interpretan, al descartar quedarse como diputado-- creen que, "con más razón", el expresident debería apostar decididamente por Castellà. Un político consolidado a quien ayudar a construir un perfil mediático de cara a los próximos comicios, donde los rivales a batir serán nada menos que el actual president Salvador Illa y el exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras, además de Sílvia Orriols.

En 'stand by' hasta después de las elecciones

Puigdemont regresará en diciembre, todo apunta, y será a partir de entonces cuando active los mecanismos para reordenar a sus filas en el Parlament, consultando estos hipotéticos cambios con las distintas sensibilidades del partido.

"Su vuelta lo cambia todo", opina otra de las fuentes consultadas. También el porvenir de Junts desde el punto de vista orgánico, sin descartarse que el expresident también decida apartarse de la dirección del partido y ejerza su influencia únicamente desde su nueva Oficina de Expresidente.

Hay quien habla, incluso, de un congreso extraordinario después de las elecciones municipales.

Son todo incógnitas, pero los dirigentes de Junts quieren estar preparados para reaccionar a lo que tenga en mente Puigdemont, que no lo saben.

Como pronto, se empezarán a resolver después de las elecciones del próximo 29N, pero el nombre de Castellà está en todas las quinielas.