Vito Quiles. Dicen que correr es de cobardes. Si vas en furgoneta, mucho más. El agitador más impresentable de la extrema derecha apenas juntó a una veintena de colegas tras su escolta coleccionista de músculos y tatuajes. ¿En la universidad? No, ahí no, en el Ikea, y también de ahí tuvo que poner pies en polvorosa. Mucho ruido y pocas nueces, señor Quiles.
Sindicat de Llogateres. Estoy a favor de la huelga general, pero me parece un sinsentido que el recinto universitario se convierta en el mando central de los convocantes. No creo que sea de recibo teniendo UGT, CCOO y CGT locales suficientes y decorosos para montar el centro de operaciones. Es una anomalía ocupar la universidad por muy loable que sea el fin. Lo han llamado La Casa de la Vaga. Se puede ser más cursi o quizás hortera, pero es difícil, ya les digo.
Feijóo. “Una cosa es tener un pasaporte y otra cosa es tener derecho a voto”, sentencia el líder del PP, sin ruborizarse y atizando la idea de fraude electoral. Hasta ahora todo español tiene derecho a voto porque la nacionalidad otorga un derecho político. Ahora son los españoles no residentes. Espero que ninguna mente pensante sugiera aplicar la medida a quien no piense como ellos. No tranquiliza oírle decir que el nuevo español debe “tener conocimiento de la situación del país, tener información adecuada y suficiente para saber y orientar el voto de forma adecuada...”. Y eso ¿quién lo decide?
El mal perder del Supremo. El alto tribunal tiene mal encaje a los rapapolvos. Le pasó con Bélgica, Escocia, Alemania e Italia. Ahora, con el Constitucional, que le afeó en su sentencia sobre la amnistía una “drástica contradicción”, que se ha distanciado del “sentido común” y de la “lógica” de la finalidad de la ley de amnistía sin un elemental “nexo de coherencia”. El Supremo con sarpullido responde que “la corteza de esos vocablos, su innecesaria grandilocuencia revela el deseo de adornar un razonamiento invasivo del ámbito jurisdiccional que corresponde al Tribunal Supremo con expresiones llamadas a camuflar la intensidad de la injerencia”. Vamos, un trágala en toda regla.
Junqueras ya puede ser candidato, a pesar del Supremo. Han pasado muchos años y bien está lo que bien acaba. El Gobierno indultó, el Parlamento amnistió y no estaría de más un acto de contrición, de petición de disculpas, por parte del líder de ERC y los otros amnistiados para con todos los catalanes no independentistas, y también los independentistas, que se vieron abocados a situaciones insostenibles. Reconocer el error no humilla, te hace grande.
Ayuso muy enfadada. Como siempre. La presidenta madrileña se queja de los maestros que no le dejan lucir palmito en sus actos. De que los acampados en Sol son poco menos que Al Qaeda. Por eso, está buscando un nuevo despacho por seguridad. No hay noticias si el nuevo despacho será en otro ático. Por cierto, tanta condena me ha hecho recordar que cuando la extrema derecha tuvo en escrache permanente a la sede del PSOE la presidenta madrileña no puso el grito en el cielo. ¿Por qué será?
Ada Colau en su particular cazador, cazado. Dijo la candidata que dejó su piso por no poder pagarlo tras su divorcio. Eso es humano y pasa. Lo que no cuadra es que al mismo tiempo te pases un finde súper guay en restaurantes súper guais y hoteles de lo más. La incoherencia no es delito, pero la tomadura de pelo es delito ético.
Mohamed Chekraoui y Ayoub Haiboub. Un asesinato en Burgos y un supuesto medio digital –de extrema derecha– publicando las fotos de estos chavales acusándoles de la muerte de una mujer de más de 80 años. Cientos de cuentas se activaron reproduciendo las fotos y diciendo de ellos todas las animaladas poniendo el acento en su origen magrebí. Todo falso, pero ellos han quedado expuestos. Estaban en Barcellona y Manresa y, mal que les pese, son españoles. Los miserables que han expandido el bulo han borrado sus cuentas. Asqueroso y repugnante.
