Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, respectivos líderes de Junts y ERC, fantasean con volver a la Cataluña de 2017. Una Cataluña muy distinta de la actual pero por la que ambos siguen apostando tras quedar rehabilitados para volver a la primera línea por primera vez desde entonces.
Este martes, tras el aval del Tribunal Constitucional a los recursos de amparo de la amnistía --y el levantamiento de la orden de detención a Puigdemont en el Supremo--, tanto republicanos como posconvergentes resucitaron el lenguaje con el que llevaron al procés a su clímax hace exactamente nueve años.
Junqueras dijo que la aplicación completa de la medida de gracia, para la que apenas quedan unas semanas, acerca el derecho de autodeterminación al abrir una nueva etapa en la que "Cataluña debe volver a hablar de su futuro". Puigdemont, por su parte, elevó de nuevo la independencia a la condición de "irrenunciable". Igual que hace nueve años.
Venidos a menos
Ambos están, hoy, en una posición mucho menos ventajosa. En 2017 lideraban el Govern de la Generalitat y arrastraban a centenares de miles de personas a las calles y ahora apenas sostienen a dos partidos venidos a menos, sin capacidad de movilización ni de entenderse con las que antes fueron sus muletas, la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium.
La actual coyuntura política, sin embargo, sí guarda algunas similitudes, principalmente las protestas --hoy, por la crisis de la vivienda y entonces, por el malestar resultado de la crisis y la indignación del 15M-- y un Gobierno de derechas a la vuelta de la esquina. Dos circunstancias que ya aprovecharon en su día para consolidar su proyecto.
La mayoría independentista, por su parte, no se ha perdido. De hecho, repunta gracias a una Aliança Catalana muy dura con los procesistas por no haber acabado el trabajo. Un partido que, aunque desde la óptica inmigratoria, también azuza el conflicto identitario que sustentó al procés y que podría convertirse en caldo de cultivo para una nueva intentona.
Todo ello, sumado a la incapacidad de los socialistas para resolver el encaje de Cataluña en España tras ocho años en la Moncloa --la nueva financiación autonómica iba a ser una solución, pero el adelanto electoral la ha enterrado--, mantiene la esperanza de dos políticos que, nueve años después, no han querido o sabido irse, buscando otro momentum.
El 'expresident' de la Generalitat, Carles Puigdemont, en una comparecencia en Bélgica
La vuelta de Puigdemont
En cualquier caso, no será inmediato. Pese a que el Tribunal Supremo ha desactivado la orden de detención, se espera que Puigdemont aún espere varias semanas para volver. El argumento principal es que en su equipo no se fían. Que hasta que la sentencia del Tribunal Constitucional no esté en el BOE y se aplique oficialmente la amnistía, nada.
Según él mismo ha explicado recientemente, su voluntad es hacer una gira por Cataluña para tomar el pulso del territorio tras casi una década ausente. Esto estaba decidido, pero nadie contaba con el desahucio de la octogenaria Maricarmen que, en apenas unos días y gracias a los siete diputados de Junts en el Congreso, ha cambiado totalmente el escenario.
Su hipotética vuelta en dos o tres semanas coincidirá con una campaña electoral a la vuelta de la esquina. Y no una cualquiera. Esto, en primer lugar, puede quitarle protagonismo. Especialmente desde el punto de vista institucional con el que está decidido a adornar este regreso, con sendos recibimientos oficiales en el Palau de la Generalitat y en el Parlament.
También puede darle notoriedad en la medida en que se implique en los actos de Míriam Nogueras, que repetirá como candidata. Aunque desde su entorno se alienta la posibilidad de que espere a después de los comicios para regresar. Una incógnita que ni en la dirección de Junts conocen.
Tampoco tienen ninguna pista sobre qué papel querrá jugar. En el partido insisten en que es una decisión personal y que la respetarán, pero buena parte del grupo parlamentario en Cataluña le ha hecho llegar su deseo de que ocupe su papel como jefe de la oposición lo que queda de legislatura. Sigue siendo su principal activo, argumentan internamente.
Desde fuera, especialmente exdirigentes de CiU pero también patronales y empresas, presionan para que el partido siga girando a la derecha, como ocurrió el pasado viernes con los decretos de vivienda. Y todos están en guardia ante una posible jubilación del expresident, tras la que se abrirá una dura guerra sucesoria entre las distintas familias.
El alambicado camino de Junqueras
Por su parte, Junqueras --que tuvo que ganar un congreso contra prácticamente la mitad de su partido para volver a presidir la formación-- ha compensado la desorientación de Junts y el batacazo electoral de 2024 acercándose a los socialistas. También en Cataluña, invistiendo como president a Salvador Illa y facilitando la gobernabilidad desde una oposición exigente.
Esto --y el hecho de que, aun estando inhabilitado, pudiera maniobrar in situ-- le ha dado la posibilidad de negociar y de proyectarse como un político pactista e incluso moderado. Pero puede jugar en su contra que muchos de sus acuerdos con el Govern dependieran del Gobierno de Pedro Sánchez y hayan quedado enterrados con el adelanto electoral.
Oriol Junqueras
Está por ver qué ERC se presenta a partir de ahora en el Parlament, con media legislatura por delante, y también cómo encaran los comicios del 29 de noviembre. Pues sigue sin estar claro que Gabriel Rufián vaya a ser su candidato pese a que el propio Junqueras ha asegurado estos días que "seguro que sí".
El portavoz republicano en la ya difunta legislatura lleva alrededor de un año más preocupado por lo que sucede a la izquierda del PSOE que por su propio partido. Y no ha descartado aún, aunque parece muy improbable, que opte por formar parte, por su cuenta, del llamado Frente Amplio. El nuevo Sumar, que sigue sin candidato a pocas semanas de las elecciones.
'Déjà vu'
"Han pasado nueve años desde el referéndum del 1 de octubre y Cataluña ha cambiado mucho", reconoció Junqueras en su discurso de este martes, enumerando las dificultades en el acceso a la vivienda, el crecimiento del coste de la vida, la crisis del sistema educativo, el retroceso de la lengua catalana y la seguridad.
"Estoy más convencido que nunca de que las libertades nacionales y los derechos sociales forman parte de una lucha inseparable", agregó, por contra, en una suerte de déjà vu.
Y es que aunque todo ha cambiado, tanto Junqueras como Puigdemont siguen proponiendo la misma receta que hace nueve años. Hoy ya no es una moda, como lo era entonces en la mitad de la población. Pero parece que necesitan de este horizonte para tener una razón de ser. Ahora que la amnistía ya está, vuelve la fantasía.
