Carles Puigdemont juega al despiste con su regreso a España. El expresidente de la Generalitat es libre de volver al país después de que el juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, levantara este martes la orden de detención que pesaba sobre él tras el aval del Constitucional a la Ley de Amnistía del procés. Sus fieles le esperan con los brazos abiertos tras casi ocho años de residencia en Bélgica. Pero, salvo sorpresa, aún tendrán que aguardar varios días más.
Así lo sostienen fuentes de Junts consultadas por Crónica Global, según las cuales, Puigdemont esperará como mínimo hasta que la sentencia del Constitucional se publique en el Boletín Oficial del Estado (BOE) y se haga efectiva del todo. Algo que, previsiblemente, ocurrirá en un plazo de 10 a 15 días.
El líder de Junts mantiene la incertidumbre sobre la fecha en que volverá a poner sus pies en Cataluña. Sin descartar un nuevo golpe de efecto como los que le han caracterizado todo este tiempo.
Tensión a la vista con el PP si gana el 29-N
Y es que esas mismas fuentes apuntan incluso la posibilidad de que su retorno se produzca tras las elecciones generales del 29 de noviembre, en un intento de maximizar su impacto y protagonismo. Más aún si de ellas surge un nuevo gobierno del PP, o en coalición con Vox.
En ese escenario, tendría una nueva oportunidad de tensar las relaciones con el Estado desde su escaño en el Parlament, bien como jefe de la oposición o, más adelante, como candidato a la Generalitat.
Regreso sin arrepentimiento
Pase lo que pase, Puigdemont vio ayer cumplido su objetivo de librarse de ir a juicio por malversación con el referéndum ilegal del 1-O y volver sin riesgo de ser detenido. Aunque ayer, en su primera comparecencia pública para valorar el fallo del Constitucional —por siete votos a favor de la mayoría progresista, y cinco en contra—, no dio detalles sobre cómo ni cuándo lo hará.
Sí anunció, en cambio, sus planes políticos que, a tenor de sus palabras, no serán muy distintos a los que tenía hace una década. Y es que, según dijo, la amnistía es necesaria pero "no soluciona nada", el "conflicto entre Cataluña y España" se mantiene, ni renuncia "a la acción unilateral".
El líder de Junts evitará así el destino de otros exdirigentes secesionistas que fueron condenados —algunos, con penas de prisión— gracias a las medidas de gracia y argucias del Gobierno para exonerarles a cambio de la investidura de Pedro Sánchez y su apoyo parlamentario. Primero, con los indultos; después, con la derogación del delito de sedición y la rebaja de las penas de malversación; y, por último, con la amnistía.
Y todo ello, sin necesidad de hacer propósito de enmienda ni de mostrar arrepentimiento. Una "derrota" de los poderes del Estado, según se vanaglorió. Una actitud que también mostró con otros trucos que le permitieron burlar la acción de los jueces y la policía en el pasado, con dos huidas del país incluidas.
Cambio de coche en un túnel para votar el 1-O
Su primera treta ocurrió el mismo día del referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017, cuando esquivó la vigilancia policial y participó sin problemas en la votación. Algo que pudo hacer gracias a su falta de garantías, depositando su papeleta en un colegio electoral distinto al que tenía asignado en Sant Julià de Ramis (Girona). Allí, la Guardia Civil se había desplegado para requisar urnas e impedir su entrada.
Ese día, Puigdemont tiró de ingenio. Salió de su casa en un convoy de vehículos, entre los que se encontraba su coche oficial, seguido desde el aire por un helicóptero de las fuerzas de seguridad. Pero ese rastreo no sirvió de nada ya que, al pasar bajo un túnel, el en aquellas fechas president se bajó rápidamente de su automóvil para subirse luego a otro turismo de su entorno. Debajo del puente, nadie se pudo percatar de su obra de escapismo.
Fuga a Bélgica tras la DUI
Tampoco nadie se dio cuenta —empezando por los Mossos d'Esquadra que lo vigilaban— de su fuga al extranjero el 29 de octubre, dos días después de la DUI. Ese día, Puigdemont salió de su domicilio en Sant Julià de Ramis (Girona) a bordo de un coche que lo llevó por carretera hasta la frontera con Francia. A pesar de que se ha especulado con que lo hizo dentro de un maletero —algo que él niega—, volvió a despistar a las fuerzas de seguridad cambiando de vehículo.
Ya en Marsella, el líder de Junts voló hasta Bruselas, donde fijó su residencia en Waterloo. Una estrategia bien pensada por sus abogados —entre ellos, Gonzalo Boye, y otros afines, como Jaume Asens—, sabedores de la impunidad que disfrutaría en Bélgica, a diferencia del resto de países europeos.
Mitin en Barcelona el día de la investidura de Illa
Casi siete años después, la historia se repitió. El 8 de agosto de 2024, día de la investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalitat, Puigdemont se presentó en Barcelona para dar un mitin de buena mañana en pleno centro de Barcelona, ante un monumento tan simbólico como el Arco de Triunfo. Un hecho doblemente insólito, puesto que el escenario donde dio su discurso se montó el día anterior, y se esperaba su presencia.
Sin embargo, los Mossos tampoco fueron capaces de detenerle esta vez: ni a su llegada, ni tras bajarse del escenario. La primera, gracias al tumulto de afines que le rodearon en su camino por el casco antiguo de la ciudad —entre ellos, dirigentes de Junts como los indultados Jordi Turull y Josep Rull—. Y, al acabar, incorporándose a otro grupo de seguidores ataviados con amplios sombreros para dificultar su identificación visual.
En un visto y no visto, el fugado se sentó en el asiento del copiloto de un coche blanco propiedad de Jordi Rodrigo, un agente de los Mossos d'Esquadra que —en su defensa— adujo que se lo había prestado a su conductora, la extenista en silla de ruedas Bàrbara Vidal Gayà. Ésta había logrado aparcar a muy pocos metros de distancia.
El vehículo abandonó el lugar sin mayores problemas a pesar del despliegue policial. Y, una vez logrado ese objetivo, el líder de Junts esquivó luego la "Operación Jaula" desplegada para evitar su fuga. Pero todo fue en vano ya que, horas después, cruzó la frontera francesa sin ser interceptado.
Cruce de la frontera sin esconderse
Según explicó tiempo después Turull, que le acompañó esos días en Cataluña, Puigdemont evitó los controles de carretera esperando varias horas en dos pisos de Barcelona, de la que salió hacia las ocho de la tarde.
El prófugo había entrado en Cataluña dos días antes por la autopista AP-7. "Nos encontramos en la Catalunya Nord el martes día 6, dos días antes del pleno. Hacia las seis y media de la tarde cogimos el coche y vinimos hasta Barcelona", reconoció. Y también desveló que viajó en coche sin esconderse, sólo oculto con una pantalla protectora del sol en los cristales de los asientos traseros.
Su llegada a Barcelona fue al anochecer. Y allí estuvo en un piso cercano a Arc de Triomf, hasta la mañana del mitin. Turull, en cambio, nunca aclaró su ruta de vuelta a Bélgica. Y es que, visto lo visto, los buenos escapistas nunca explican todos sus trucos.
