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El pasado fin de semana —concretamente el viernes en Barcelona, en el caso de Santiago Abascal, y el domingo por la mañana en Badalona, en el caso de Alberto Núñez Feijóo— tanto el líder de Vox como el del PP pronunciaron sus respectivos mítines de inicio de curso plenamente conscientes de que, de alguna manera, jugaban en territorio Orriols.

Una Cataluña donde la ultraderecha independentista crece sin parar y que, al no presentarse a las elecciones generales, deja, a priori, a un buen puñado de votantes huérfanos, por los que uno y otro están decididos a pugnar. Así se deduce, al menos, de algunos matices discursivos de ambos líderes en su carrera por conquistar el Palacio de la Moncloa.

Las encuestas —todas salvo el CIS, que fue el único que acertó en 2023— aseguran que, esta vez sí, las derechas sumarán. Tanto populares como ultraderechistas calculan, no obstante, que para mejorar su representación deben crecer en Cataluña, donde el apoyo a la mayoría de investidura de Pedro Sánchez fue más contundente en las últimas elecciones generales.

Optimistas, pero no confiados

Mientras el PP tiene hoy seis diputados catalanes en el Congreso, la formación aspira a acercarse a los doce que obtuvo en el año 2000, cuando la mayoría absoluta de José María Aznar —el mejor resultado de su historia en Cataluña— , con la espina de que en los últimos comicios se quedó a muy poco de dos escaños más, uno en Girona y otro en Lleida.

Vox, por su parte, solo tiene dos. Las encuestas apuntan a que la extrema derecha podría duplicar o triplicar su actual cuota parlamentaria. Cuantos más diputados, apunta la formación, más podrán condicionar al hipotético ejecutivo del PP, que es su principal objetivo. Pero ni uno ni otro se confían, escarmentados por la derrota in extremis de julio de 2023.

Moda 'orriolista'

Es en este contexto que tanto unos como otros parecen no tener reparos en subirse a la moda orriolista en algunas cuestiones: unos endureciendo su discurso migratorio —algo que tiene muchas otras explicaciones, pero que es así— y otros centrando su tiro en los peligros de la islamización, como hace Aliança, e indultando a exvotantes independentistas.

Abascal, sin ir más lejos, copió el argumento del candidato de Orriols a la alcaldía de Barcelona Jordi Aragonès cuando dijo algo así como que "no tiene sentido que los castellanos y los catalanes sigan peleando", puesto que hay un enemigo común más peligroso, en referencia al islamismo. "Se perderá la butifarra", llegó a decir su secretario general Ignacio Garriga.

Voto de castigo

En aquel mitin de Abascal en la Zona Franca, Abascal también animó a los suyos a convencer a quienes "equivocadamente hubieran votado opciones separatistas" de que les apoyaran, apelando al votante que, más allá de su reivindicada islamofobia, ha encontrado en Aliança un partido para canalizar su frustración con los procesistas y castigar a Junts y ERC.

Toda una declaración de intenciones, buscando el voto de quienes en clave catalana hayan desconectado de los de Carles Puigdemont, también por su apoyo al PSOE; un partido a quienes los votantes de Aliança muestran mucho mayor rechazo que los que se han quedado en Junts, que siguen mayoritariamente pensando que mejor los socialistas que PP y Vox.

Feijóo, decidido

Feijóo, por su parte, aterrizó en Badalona —tras codearse con la high set catalana en el Empordà en la boda del hijo de José Creuheras, presidente del Grupo Planeta, entre gritos de "¡presidente, presidente!"— con un anuncio bajo el brazo: retirará la nacionalidad a quienes cometan delitos graves y endurecerá los requisitos para obtenerla cuando llegue al Gobierno.

Un discurso que podía parecer radical en determinados sectores del PP hace unos años, pero que ya no. Y menos en uno de los bastiones del PP en Cataluña, si no el principal, donde el actual alcalde Xavier García Albiol lleva legislaturas arrasando con políticas muy duras contra la inmigración y obteniendo muchos votos prestados de independentistas de derechas.

Una moda extendida

No es el único caso, a nivel municipal, en que los populares apuestan por estos discursos. El alcaldable en Lleida, Xavi Palau, muy bien posicionado en las encuestas, explica en una entrevista publicada esta semana en este medio que es Aliança quien le ha copiado el discurso y no al revés. "Yo ya defendía lo que defienden ellos ahora", dice textualmente.

Hay otros como el concejal en Vic Josep Anglada, de la formación Som Identitaris, que también reclama derechos de autor. Mientras incluso en Junts, pese a que el partido, en términos generales, opta por confrontar con Aliança, también se ven giros hacia líneas mucho más duras. Los fichajes de Carles Ribas en Girona y Sergi Perramon en Manresa lo constatan.

Todo en juego

Y es que seguir la línea del partido de moda en Cataluña parece ser la estrategia. Los expertos apuntan que es perfectamente posible que los votantes de Aliança en Cataluña opten por PP o Vox en las generales con el objetivo de endurecer la política migratoria, que les supone una preocupación mayor que la que, hace unos años, les suponía la independencia.

"Otros apostarán por Junts", explican, mientras hay quien pone en duda que Orriols cumpla su promesa de no presentarse a las generales. Por haber, también hay quienes insisten en la idea de que, pese a que la mayoría de los sondeos sitúan a PP y Vox en más de 200 escaños, Sánchez no lo tiene todo perdido. Dependerá de cuándo convoque las elecciones —el sentir generalizado es que serán en marzo, aunque tampoco nadie descarta un superdomingo en mayo— y de factores como, paradójicamente, la movilización contra discursos radicales.

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