La Federación Local de la CGT de Barcelona ha retirado rápidamente de sus cuentas oficiales en redes sociales una publicación que había levantado las ampollas del debate identitario de la izquierda radical sindical catalana.
La ilustración mostraba una estelada tachada con una gran cruz roja bajo el histórico lema libertario "Ni Estat ni pàtria".
El texto que acompañaba a la imagen denunciaba una "infiltración patriótica" dentro de la organización y acusaba a los sectores independentistas de dirigir "ataques verbales y señalamientos" hacia los afiliados que defienden el anarcosindicalismo clásico, aquel que no comulga con los procesos de construcción nacional.
Docentes convocados por CGT protestan contra el preacuerdo educativo bloqueando la Casa Batlló de Barcelona el 2 de junio de 2026
Una disputa que la central afronta desde la época del procés, entre sus principios de clase puramente antiestatistas y el peso de unas federaciones sectoriales marcadamente soberanistas, que hoy sostienen su crecimiento de delegados en las instituciones.
Con todo, al ser preguntados por este medio acerca de la polémica desatada, la unión de la capital catalana ha insistido en defender un funcionamiento interno basado en el consenso: "CGT somos un sindicato anarcosindicalista que tenemos unos principios claros: como sindicato asambleario todo lo discutimos en nuestras asambleas y entre toda la afiliación decidimos nuestra acción sindical y social".
La enmienda a la Diada confederal
El polémico cartel fue una reacción directa de la facción anarcosindicalista más ortodoxa contra el manifiesto emitido por la confederación autonómica, CGT Catalunya, con motivo de la Diada del 11 de septiembre.
El texto confederal, titulado 'Monstres a les cendres del procés', centraba sus críticas en el "desencanto" y la "traición de los líderes" tras el ciclo independentista y alertaba del crecimiento de la extrema derecha.
Una captura del 'tuit' de CGT Barcelona contra la defensa del estado y de la patria.
Además de la crítica a las cúpulas de los partidos, el manifiesto asumía implícitamente postulados de liberación nacional al aludir a los usureros que "compran la vivienda de nuestro país" o al reivindicar la construcción de una fuerza popular contraria a las élites empresariales "del país".
Fuentes del sector no nacionalista de la CGT confirman a este medio la raíz de una disputa que viene de lejos: "Quieren hacer de CGT Catalunya algo como el sindicato vasco LAB; una alianza de trotskistas y cupaires".
Esencias contra masas
En esta línea, pues, la réplica de la Federación Local de Barcelona expuesta en el cartel censurado se centraba en defender que "la identidad de la organización está cada vez más desdibujada, no solo en el terreno ideológico, sino también en la acción sindical".
El texto de los críticos censuraba abiertamente que la actividad de una organización obrera se convirtiera en el "altavoz de determinadas posiciones nacionales" y que las prioridades de los trabajadores quedaran supeditadas a corrientes políticas externas.
La portavoz de CGT Ensenyament, Laura Gené, en declaraciones a los periodistas.
El comunicado concluía con una advertencia organizativa de base: "La CGT tiene que ser una organización anarcosindicalista, autónoma, independiente y plural. Aquí caben trabajadores y trabajadoras con diferentes sensibilidades".
Frente a esta tesis restrictiva, corrientes de la izquierda independentista y del sector afín a las tesis confederales defienden una estructura abierta "de masas" con cerca de 30.000 afiliados, donde conviven diversas identidades ideológicas —anarquistas, marxistas o soberanistas— bajo una única práctica de lucha común.
La revuelta sectorial
El grupo de la capital catalana se habría quedado comprometida en la defensa de la campaña ante el resto de la organización. Diferentes ramas del sindicato salieron públicamente a desvincularse del mensaje emitido por la cuenta de la capital.
Destaca el desmarque del sindicato de la administración pública, una de las ramas con mayor volumen de afiliados en Barcelona. La sección sindical del personal de las Bibliotecas de Barcelona lideró las críticas públicas para evitar que el debate de banderas interfiriera en sus propias reivindicaciones laborales.
El compte de CGT Barcelona difonent un cartell anònim amb les sigles de CGT que va en contra d'acords de plens i congressos del sindicat, que no representa el sentir d'una part important del sindicat a Catalunya, i que no consta qui i on s'ha acordat la seva realització. Patètic! https://t.co/wKPF0lNyYD
— CGTReus (@CGTReus) September 14, 2026
A este veto interno se sumó la periferia territorial, con delegaciones de peso como CGT Reus (Federación Comarcal del Baix Camp-Priorat), cuyas bases recordaron que el único posicionamiento legítimo del sindicato es el aprobado por la CGT de Catalunya, que contempla la lucha por la soberanía popular y defiende el uso vehicular del catalán.
Parte del texto de los acuerdos confederales de CGT Catalunya
'Ensenyament' no habla de banderas
El cruce de reproches identitarios aparece pocos días después del inicio de curso para la Federació d'Ensenyament de la CGT, actualmente el principal motor de afiliación funcionarial de las siglas.
Preguntados por Crónica Global sobre la retirada del cartel, desde el sector de educación se limitan a señalar la distancia: "Estamos lejos de esta polémica, no lo hemos ni hablado. Estamos centrados en nuestro conflicto".
Para la federación que lidera Laura Gené, el ruido político llega justo cuando acaban de anotarse un tanto frente al Departament d'Educació de la Generalitat. El sindicato anunció este lunes 14 de septiembre de 2026 que la conselleria ha comenzado a reconocer las licencias sindicales de sus afiliados, desactivando la amenaza de demandas judiciales que pesaba sobre el Govern por denegar las sustituciones de una cincuentena de docentes y personal de atención educativa (PAE).
"Llevamos cuatro años preparando lo que ha ocurrido este 2026", detallan desde la sectorial de enseñanza.
Aunque el inicio de curso arrancó con un débil seguimiento del 12% de la plantilla en la huelga del 8 de septiembre —protesta calificada internamente como una "performance" por la portavoz de USTEC-STEs, Iolanda Segura—, parece que la CGT prefiere blindar sus mejoras laborales frente al Govern de Salvador Illa antes que desgastarse en debates sobre la idoneidad de la estelada.
La herencia del 'procés'
La pugna por el control ideológico de la CGT se remonta a los cónclaves organizados a raíz del procés.
En el XIX Congreso Ordinario de Zaragoza ya se evidenció un cisma que partía al sindicato en dos bloques casi simétricos: los ácratas tradicionales sumaban un 46% de los votos frente a algo más del 50% del ala filoindependentista y trotskista.
Este congreso confederal supuso el punto de inflexión en el que se confrontaron formalmente la estrategia clásica de no colaboración con partidos políticos y la corriente aperturista impulsada por las federaciones catalanas.
Ante el fracaso electoral de marcas sindicales netamente secesionistas como la COS o la Intersindical, el entorno de la CUP vio en la CGT —que contaba con 1.485 delegados según datos del Idescat— una plataforma idónea para ganar peso en los comités del sector público, la sanidad y los transportes.
Aquel acercamiento político tuvo su máximo exponente bajo el mandato del exsecretario general de CGT Catalunya, Ermengol Gassiot (vinculado a Endavant), quien llegó a compartir lista con la exdiputada cupaire Anna Gabriel en las elecciones de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).
El dique de contención
El equilibrio de poder cambió en el XII Congreso de Sallent con la elección de Montse Sánchez como secretaria general.
El perfil de Sánchez —activista de corte marcadamente obrerista, castellanoparlante, trabajadora de la planta de Seat y fogueada en el sindicalismo industrial de base— se interpretó internamente como un cortafuegos de las secciones críticas para sacudirse el control de la CUP y reconducir las siglas hacia la lucha laboral tradicional, lejos de los dictados de los partidos con representación en el Parlament.
La cola de la polémica
En el plano digital, el debate ha derivado en un choque doctrinal entre los sectores independentistas, que salieron en tromba a censurar la campaña recuperando citas históricas de Salvador Seguí, El Noi del Sucre, para defender que la emancipación nacional no debe dar miedo a la clase obrera, contra un ala ortodoxa que se enroca en no ceder un milímetro ante cualquier símbolo que no represente la anarquía.
Así pues, a diferencia de la CNT, por ejemplo, que mantiene su funcionamiento al rechazar las elecciones sindicales y las subvenciones del Estado, la CGT apostó por un modelo de masas institucionalizado.
Al crecer al calor del funcionariado de la Generalitat, el sindicato absorbió los desacuerdos fundamentales de la propia sociedad catalana. Habrá que acordar prioridades.
