Una ligera mejora respecto a los datos de participación del año pasado sirvió al independentismo para tomar aire en la Diada más violenta desde los tiempos del procés.
Òmnium, ANC y demás entidades convocantes se conformaron con llenar la plaza de Cataluña de Barcelona --también había marchas en Amposta y Girona-- y arengaron a sus fieles a seguir en línea ascendente el año que viene, cuando presumiblemente gobernarán PP y Vox --algo que están decididos a explotar-- y se cumplirá una década del golpe de 2017.
Desde el escenario, como viene siendo habitual en los últimos tiempos, se aprovechó para abroncar a los partidos presentes --Aliança Catalana no tuvo ningún reparo en aparecer, pese a la hostilidad con la que ya sabían que les recibirían-- por su incapacidad de unirse en torno al presunto objetivo común de la secesión.
Buena parte de los 45.000 asistentes cifrados por la Guardia Urbana aplaudió este mensaje, un toque de atención especialmente para ERC --Oriol Junqueras volvió, sin pena ni gloria, tras cuatro años de ausencias-- y Junts --cuyos líderes también pasaron desapercibidos entre la multitud--, porque la mayoría se manifestó a favor de aislar a los de Sílvia Orriols.
Unidad, pero sin ellos. Una incongruencia que dejó imágenes surrealistas entre manifestantes que portaban la misma estelada pero que se enfrentaban, principalmente, a cuenta de la inmigración, que es lo que impulsa a la alcaldesa de Ripoll no solo en las encuestas sino también en prácticamente cualquier debate sobre la Cataluña de hoy.
Orriols, protagonista
La líder ultraderechista fue la protagonista de la jornada. Ya lo fue en el Fossar de les Moreres en la víspera, donde un macrodespliegue policial evitó el escrache que pretendían 2.500 antifascistas, mientras otro robusto cordón policial la tuvo que proteger de jóvenes que lanzaban latas y cantaban contra ella al terminar el acto de la plaza de Cataluña.
Sus seguidores iban a la suya. Poco preocupados por una división que fue más evidente que nunca entre las bases independentistas y muy envalentonados por unos sondeos que juegan muy a su favor, lo que también les ha dado margen para componer cánticos propios aupando a su líder, ya un fenómeno de masas, y atacar a lo que consideran izquierda radical.
Quema de la bandera de España
Ni se enteraron de lo que sucedía en un acto que arrancó con los cantaires expulsados de la Sagrada Familia por intentar boicotear la visita del Papa cantando El Virolai y terminó con la quema de una bandera de España por parte de dos encapuchados, un acto poco frecuente y muy aplaudido por los presentes.
Fue uno de los episodios violentos de la jornada, igual que los repetidos ataques a Aliança o la respuesta antifa a la manifestación convocada por el grupo neonazi Núcleo Nacional en la plaza de Jacint Verdaguer, que terminó con cargas policiales y mobiliario quemado --lo que en la jerga llaman barricadas-- en la zona del Arco del Triunfo, y con ocho detenidos.
Juventudes
Arran, grupúsculo radical detrás de estas acciones, también tuvo tiempo de homenajear a la etarra Dolores López Resina, alias Lola, leyendo un mensaje suyo enviado desde prisión. Y, como siempre, algunos radicales se acercaron a la comisaría de la Policía Nacional de Vía Laietana para increpar a los agentes que custodian la entrada.
Eran gente especialmente joven --también hubo muchos de ellos y ellas en la manifestación--, lo que resultó ser la mejor noticia para el independentismo, que espera que la Diada sirva como una inyección de moral para lo que viene --un otoño caliente políticamente hablando-- y que inspire el relevo generacional, también, en los principales partidos secesionistas.
Al margen de todo
Por lo demás, los actos culturales e institucionales marcharon según lo previsto. Y el Govern sigue fuerte pese a que argumentos a favor de la ruptura como el mal funcionamiento de Rodalies, el descendiente uso social de la lengua catalana o el caos educativo --desde las huelgas docentes hasta el escándalo de PISA-- le interpelaban directamente.
Buena parte de los catalanes, por otra parte, aprovecharon que la Diada cayó en viernes para marcharse de puente, mientras partidos como PP y Vox o entidades como Sociedad Civil Catalana recordaron una vez más que se sienten excluidos de la llamada fiesta nacional y que, si lo que realmente se pretende es un día para todos, por ellos, mejor Sant Jordi.
