A pocos meses de la vuelta definitiva de Carles Puigdemont, prevista entre los meses de octubre y noviembre de este año tras el OK del TJUE y el más que probable aval del Tribunal Constitucional, el debate sobre si el expresidente de la Generalitat debe seguir al frente de Junts está más abierto que nunca. Especialmente entre dirigentes de la antigua Convergència i Unió y círculos de empresarios catalanistas no independentistas.
Los pesos pesados del partido insisten en que Puigdemont debe continuar al frente del proyecto. Es más, creen que Junts no se entiende sin su liderazgo. Y que el complejo puzle que forman liberales, socialdemócratas y su facción "de izquierdas" se desintegrará si hay un cambio en la dirección, sea el que sea.
También saben —todos ellos, al margen de un Jordi Turull muy cuestionado y que podría tener una salida pactada— que sus respectivos puestos de responsabilidad dejarán de estar garantizados sin Puigdemont. Especialmente si su sucesor, como todo apunta, no apuesta por una línea continuista.
Guerra sucesoria
Oficialmente, afirman que debe ser él y solo él quien decida qué papel debe jugar en el futuro. Fuentes cercanas a Waterloo aseguran que ni lo tiene claro todavía ni lo tendrá hasta que regrese. En cualquier caso, como ya sucedió en 2024 cuando le pidieron que fuera el candidato a la Generalitat pese a que "no lo veía", los dirigentes del partido insisten en trasladarle que sigue siendo el principal activo electoral de Junts.
También los hay que, de espaldas a Puigdemont, empiezan a reconocer que, sin cambios, las encuestas que les sitúan como cuarta fuerza en el Parlament podrían hacerse realidad. Pero tampoco parece emerger un liderazgo alternativo claro entre sus filas, más allá de Míriam Nogueras, que no genera consenso pese a su destacado papel en el Congreso de los Diputados, y el actual presidente del Parlament Josep Rull, de quien dicen que "ha sido el más listo de todos", asegurándose visibilidad y pudiendo alegar "compromisos institucionales" cuando estalle la guerra sucesoria.
Maniobras discretas
En este contexto, tras meses de conversaciones privadas, empresarios, abogados y políticos del entorno de CiU llegaron a la conclusión de que la solución pasaba por que fuera el expresidente de la Generalitat, Artur Mas, último líder convergente, quien tomara de nuevo las riendas.
Es más, según detallan fuentes cercanas a estos encuentros, ya habrían logrado convencer a Mas para dar el paso, aunque siempre que Puigdemont decida apartarse. Siempre de una forma pactada con quien le sucedió en 2016 al frente de la Generalitat —aunque fuentes próximas a ambos aseguran que "no se hablan desde hace años"—, y de acuerdo con el aparato del partido, celebrándose un congreso donde la decisión se refrendara.
"Me ha trasladado que está dispuesto", resume un exdirigente de CiU al respecto, en conversación con este medio. Detallando, además, que el objetivo no es otro que "recuperar los valores convergentes" para "volver a construir un proyecto ganador".
Superar el mal momento
Las encuestas, en esta línea, apuntan a lo contrario: el peor resultado de la historia del centroderecha nacionalista, cuarta fuerza política en el Parlament, barrida por la ultraderecha de Aliança Catalana, y muy lejos de gobernar en las ciudades catalanas más importantes.
Un escenario muy distinto al que dejó Mas cuando se apartó de la Generalitat en favor del propio Puigdemont, presionado por la CUP, en el marco de un procés sobre el cual el expresident reflexiona con frecuencia en tertulias, debates, actos y presentaciones de libros. Y en ocasiones arrepintiéndose, aunque tímidamente, de decisiones que marcaron la etapa más convulsa de la historia reciente y sus conocidas consecuencias.
En aquella época llevó a la CiU que heredó de Pujol al independentismo, y ahora le impulsan a devolver a Junts, partido creado en 2017 con el único objetivo de materializar la secesión, tanto a la senda autonomista como al posicionamiento liberal inequívoco de "la derecha catalana de toda la vida".
Reacciones
Fuentes internas de Junts, que dicen desconocer esta predisposición de Mas, aseguran que "no les extrañaría a nadie" que el futuro se desencadenará así, con su vuelta, aunque nunca haya sido militante del nuevo partido.
Todos coinciden en que el expresidente de la Generalitat está "muy en forma" y que "siempre ha comentado que si vuelve, lo hará para liderar el proyecto", no para otro puesto como el de alcaldable en Barcelona, como desde la propia formación, hace alrededor de dos años, se intentó.
Desde el empresariado, pese al rechazo de buena parte del mismo al autor intelectual del procés, sí celebrarían una nueva etapa en que Junts apostara por la estabilidad, la institucionalidad y, en definitiva, una seguridad con la que el sector pudiera seguir consolidándose en Cataluña.
