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La crisis migratoria en Ceuta —pendiente de una nueva amenaza marroquí este sábado— y las vacaciones —hay mucha gente con tiempo libre en agosto— han resucitado en redes sociales la peculiar figura de Alexandre Deulofeu, un futurólogo que predijo la desintegración de España en 2029.

En el ámbito del nacionalismo catalán, desde los clásicos bots hasta diputados de Junts como el expresidente de la Cambra Joan Canadell, han puesto de moda el hashtag #Deulofeu2029, con el cual se llama a aprovechar la "debilidad del Estado" para hacer realidad las predicciones de este hombre.

Deulofeu es el autor de La Matemática de la Historia, una teoría desarrollada en la década de los años 50 en base a la cual este farmacéutico de profesión, alcalde de Figueres por ERC durante la Guerra Civil y, posteriormente, exiliado en Francia, asegura que los imperios tienen una duración media de unos 550 años. Y llega a la conclusión de que el "ciclo vital" de España, a su juicio conformada como tal en 1479, estaría hoy a menos de mil días de llegar a su fin.

Tras volver a Girona, Deulofeu publicó en 1954 el libro Europa al desnudo, esquivando la censura franquista a través de la autoedición y el uso de un lenguaje muy académico. En esta obra aplicó sus fórmulas matemáticas a la península ibérica, aventurándose a predecir que el actual reino se transformará en una confederación de pequeñas regiones que solo serán prósperas tras un período de caos, tras perder las últimas colonias africanas y las islas Canarias.

El debate avivado en las últimas semanas por EEUU, Israel o el propio Gobierno de Marruecos sobre si las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla son susceptibles de "descolonizarse", aunque esto carezca de base jurídica, ha dado alas a quienes deciden confiar en la predicción de Deulofeu.

Historial de aciertos

Juega a favor de los fans de este hombre, asimismo, que acertara la gran mayoría de sus pronósticos, empezando por una derrota de la Alemania nazi de Adolf Hitler en 1939, cuando el III Reich dominaba territorialmente Europa y nada hacía pensar que pudieran perder la Segunda Guerra Mundial; o, según añadió posteriormente, que este país acabaría reunificándose tras la derrota frente a los aliados y lideraría el continente por la vía pacífica.

También advirtió, años antes de que ocurriese, la pérdida de las colonias francesas y británicas, el fracaso de EEUU en su intento de consolidar su influencia militar en el sureste asiático —Guerra de Vietnam—, el auge de países como China o India —que en nada se parecían entonces a las potencias que son hoy—, o el colapso de la URSS, un vaticinio que también contribuyó a que siguiera pudiendo publicar en España.

Controversia académica

En cualquier caso, en términos generales, su obra académica se considera una "teoría determinista, falible y friki", que proyecta "esquemas rígidos sobre eventos sociales complejos" y que, más allá de su extenso análisis en política internacional, "solo tiene el gancho de la secesión de Cataluña".

Su nieto, el historiador y físico Juli Gutiérrez Deulofeu —quien más ha trabajado a posteriori para recuperar y divulgar su obra a través de libros como la biografía L'home que no llegia els diaris, la custodia de su archivo personal y el documental El farmacèutic de Figueres (TV3), estrenado en 2017— niega la mayor: "Su obra es empírica, los 550 años son aproximados y mi abuelo nunca predijo como tal la independencia, sino la caída de España".

¿Se cumplirá?

En conversación con este medio, Gutiérrez asegura que sí cree que el pronóstico se cumplirá: "No sé si en 2029 o en 2032, pero sucederá pronto". A su juicio, "España es un Estado fallido". Pero se desmarca de un "procesismo" que, añade, le dio la espalda a partir de 2017, cuando en sus conferencias empezó a decir cosas "que no gustaban". Especialmente, por su posición libertaria cercana, hoy, a figuras como Donald Trump o Javier Milei.

El nacionalismo clásico, no obstante, no ve tan clara la independencia de Cataluña. O eso parece, pues lejos quedan los años en que partidos como Junts o la propia ERC abandonaron por completo la lógica autonomista y se abocaron a desafiar al Estado con un referéndum ilegal. Hoy, pese al ligero repunte que proyectó el último barómetro del CEO, los datos de apoyo a la secesión ya no están en las cifras que alcanzaron en pleno procés.

A muchos, pues, solo les queda invocar a Deulofeu. Casi como un sueño irrealizable cuando para la mayoría, no hace tanto, estaba "a tocar".