El catedrático de la UPF, Víctor Ferreres

El catedrático de la UPF, Víctor Ferreres Gala Espín Barcelona

Política

Víctor Ferreres, catedrático de la UPF: “El ‘procés’ recurrió mucho a la teoría revolucionaria francesa”

Arpa publica el libro 'Elogio del Derecho', que busca acercar el mundo jurídico a la ciudadanía

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Un alumno catalán puede terminar el bachillerato sin haber recibido la más mínima formación jurídica y, sin embargo, verse casi obligado por la actualidad política a tener una opinión sobre algunos de los debates legales más complejos.

Basta con pensar en la recientísima sentencia del TJUE sobre la ley de amnistía o en el debate sobre el uso de las lenguas oficiales. Pero tampoco hace falta acudir a grandes controversias políticas: cualquier ciudadano tendrá que enfrentarse, tarde o temprano, a decisiones jurídicas tan cotidianas como firmar una hipoteca, alquilar una vivienda o suscribir su primer contrato de trabajo.

Quien se acerca al derecho movido por la curiosidad, sin embargo, suele tropezar con un lenguaje técnico que puede resultar desalentador. Por eso hay que celebrar la publicación de Elogio del Derecho (Arpa), del catedrático de Derecho Constitucional de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) Víctor Ferreres.

El libro aspira a acercar esta disciplina tanto a los lectores sin formación jurídica como a quienes padecen uno de los males más habituales de la academia: la especialización.

Ferreres ofrece una visión de conjunto del derecho, articulada en forma de diálogo, que, sin renunciar al rigor, resulta clara, accesible y muy útil para conocer y comprender, como él mismo dice, "uno de los productos más excelsos de la civilización".

Entrevista a Víctor Ferreres

Entrevista a Víctor Ferreres Gala Espín Barcelona

-Pregunta: Es un tópico decir que un libro debería leerse en todos los colegios, pero pocos merecen tanto esa afirmación como el suyo. ¿Lo escribió con esa vocación?

-Respuesta: Lo escribí con dos ideas en la cabeza. Una es que el derecho, a pesar de sus tecnicismos, es la expresión de un sentimiento de justicia que la gente tiene: las personas tienen sus ideas sobre cómo tendría que resolverse un problema. Por eso yo pienso que el derecho se puede explicar de manera lo suficientemente clara y amena como para que el ciudadano común lo entienda. La segunda es que en las facultades de Derecho y en la vida profesional la gente se ha especializado muchísimo. Este libro también pretende contribuir a recuperar una visión sistemática del derecho. No perderse en los árboles y recuperar la visión del bosque.

-¿Le preocupa el escaso conocimiento de derecho que tiene en general la población?

-Sí, aunque eso ocurre siempre. Si tú te dedicas a la poesía, dirás: "Me preocupa la falta de conocimiento que tiene la gente sobre poesía". Yo lo achaco a un defecto nuestro, de los juristas. Somos nosotros en parte los culpables de haber distanciado el derecho de la ciudadanía. Por eso este libro intenta recuperar ese diálogo.

"El jurista tiene que estar orgulloso de lo que el derecho ha hecho por la humanidad"

-Es difícil mantener ese diálogo cuando el derecho se expresa a través de un lenguaje tan hermético.

-Yo no soy contrario al tecnicismo, porque la especialización implica la creación de un lenguaje propio más preciso, pero históricamente los juristas han abusado de él. Parece como si lo necesitáramos para ganar prestigio social. El jurista tiene que estar orgulloso de lo que el derecho ha hecho por la humanidad, pero esto es compatible con explicarse de la mejor manera y no ocultar en tecnicismos excesivos lo que el derecho hace.

Entrevista a Víctor Ferreres

Entrevista a Víctor Ferreres Gala Espín Barcelona

-El libro se desarrolla como un diálogo entre Emeritus, el profesor, y una alumna que representa el pensamiento de centroizquierda y otro que representa la centroderecha, por lo que no se muestra una única visión de las cosas.

-En derecho hay cuestiones que son indiscutibles, pero hay otras que están abiertas a las convicciones político-morales que cada uno tenga. Decidí que, en aquellos momentos en los que había cuestiones abiertas a la discusión, el profesor canalizara ese debate, suministrara datos y dejara que los estudiantes fueran gestionando sus desacuerdos. En esos espacios afloraban dos posiciones sobre cuestiones como la justificación de la pena, la institución del jurado, el derecho de voto, el papel que deben tener los jueces en una democracia, el papel de la ONU o si los contratos deben poder celebrarse con la máxima libertad o no.

-Es un tipo de discusión muy alejada de la que predomina en una sociedad tan polarizada como la nuestra.

-Es una idealización tanto desde el punto de vista formal como de contenido. Álex y Gala discrepan, pero no se insultan, no se ofenden, no ponen en duda la bondad del otro. Esa búsqueda de la verdad entre los tres, ese no pensar que porque tú discrepas de mí eres mala persona, es ideal porque en nuestra sociedad, por desgracia, nos polarizamos hasta el punto de que creemos que el que opina diferente de nosotros es mala persona. Y eso es horroroso, además de falso.

-Hay algunos momentos, sin embargo, en los que Emeritus pierde los papeles. Uno es hablando del poder constituyente.

-Sí, hay momentos en que el profesor tiene una posición muy contundente y uno de ellos es con la idea del poder constituyente. Como se explica en el libro, en principio, esta teoría es correcta: quien hace la Constitución tiene el poder constituyente, como cuando el Parlamento hace una ley y, por tanto, tiene en sus manos el poder legislativo. Ahora bien, hay toda una teoría que viene de la Revolución Francesa que sostiene que, en realidad, el sujeto que hace la Constitución es un sujeto que está en el estado de naturaleza, antes de que se construya el Estado, antes de que exista el derecho positivo. Es como Dios (está claro que bebe del trasfondo religioso occidental), porque el sujeto que la ha aprobado es omnipotente. Esta idea es un absurdo.

-Todo esto recuerda a la lógica del procés.

-En el procés se recurrió a esa teoría revolucionaria francesa según la cual hay un pueblo catalán que decide libremente. ¿Dónde está ese pueblo catalán y dónde está ese estado de naturaleza en el que, supuestamente, nos encontramos? No estamos en un estado de naturaleza; estamos en un mundo institucional, un mundo de normas jurídicas. Y ahí es donde uno puede reivindicar, desde principios democráticos, una serie de aspiraciones. Eso se puede discutir. Lo que no se puede hacer es decir: “Hay un pueblo catalán y ha expresado su voluntad”.

-Hay otro momento en el que pierde los papeles, que es cuando se habla de la unificación de criterios en derecho.

-Efectivamente. Imaginemos que hay una ley que dice que si tú matas a alguien con veneno, la pena que te va a caer es mayor que si le matas de otra manera. Entonces surge la pregunta de que si una persona quiere matar a un diabético y le mata suministrándole azúcar, ese azúcar se considera veneno o no. Vamos a suponer que hay discrepancia de opiniones y que dos presos se encuentran en la cárcel y a uno le han puesto diez años y al otro 15 y han hecho lo mismo. Si preguntas a la gente, te dirán que eso no es correcto: es la misma ley, aplicada de manera diferente por un juez y por otro. Esto se tiene que poder corregir.

Entrevista a Víctor Ferreres

Entrevista a Víctor Ferreres Gala Espín Barcelona

-Y para eso está el Tribunal Supremo.

-Efectivamente: para unificar criterios y dejar claro si el azúcar es o no es veneno. Una vez habla el Tribunal Supremo, los tribunales inferiores deberían seguir esa pauta para que unos mismos hechos no den lugar a penas distintas según el juez que te toque. Esto lo preguntas a los estudiantes de primer curso y todos tienen esa intuición. Lo curioso es que, cuando acaban la carrera de Derecho, empiezan a decir: “Nunca hay dos casos iguales”. ¿Cómo que no? Ahí es donde Emeritus tiene una posición muy firme: “Por favor, no me digáis que en derecho nunca dos casos son iguales, porque entonces no podría haber reglas”.

"Las ciencias jurídicas han hecho una gran labor por el progreso de la humanidad"

-También cuestiona otra idea muy arraigada: que una persona es inocente hasta que un juez la declara culpable.

-Las personas somos inocentes hasta que cometemos el delito. Lo que pasa es que para castigarlas es necesario que el juez intervenga y se pruebe que lo ha cometido. Mientras el juez no se pronuncie, los demás tenemos que guardar silencio a no ser que tengamos pruebas de que lo ha hecho. Un medio de comunicación puede sostener que alguien ha cometido un delito, aunque el juez todavía no le haya condenado, pero si le ponen una demanda civil o una querella criminal, tendrá que demostrar que lo que ha dicho es verdad. Eso es la presunción de inocencia. Pero claro, decir que hasta que no hay sentencia condenatoria el delito no existe es absurdo. ¿Hitler no cometió delitos? Claro que sí, lo que pasa es que como se suicidó, no se le pudo juzgar.

-Emeritus afirma que un sistema jurídico desarrollado es uno de los productos más excelsos del espíritu humano. ¿Es así?

-Sí, el derecho es un producto excelso de la civilización. De ahí el título del libro, Elogio del Derecho. Cuanto más estudias derecho, cuanto más años vas cumpliendo, más admiración sientes por el derecho, porque te das cuenta de que es producto de muchos siglos de ensayo y error, de muchos intentos de dar solución a problemas. La humanidad ha dado muestras de una gran inventiva a la hora de configurar instituciones jurídicas. La letra de cambio, el juicio civil, las constituciones, las hipotecas, las sociedades anónimas... son construcciones súper complicadas. Tendemos a pensar que quienes han hecho grandes cosas por la humanidad son las ciencias naturales, pero también las ciencias jurídicas han hecho una gran labor por el progreso de la humanidad.