La historiografía de Cataluña tiene en Jordi Canal (Olot, 1964) a uno de sus autores más reputados. Su extensa obra abarca momentos y movimientos claves en la historia de la región, desde el carlismo hasta el nacionalismo. Una ideología con la que se muestra crítico, en especial desde el estallido del procés a lo largo de la última década.
Recién publicado su último libro, Lecturas y escrituras. Pensando la Historia (2001-2026) —una recopilación de más de 160 reseñas de libros centrados en Historia Contemporánea—, el profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París ya prepara otro nuevo. En este caso, dedicado a las manipulaciones y falsos mitos del nacionalismo que han calado en el imaginario de Cataluña.
Uno de ellos es el de la existencia de “133 presidentes de la Generalitat” desde el siglo XIV. Una peculiar cuenta que apareció por primera vez en la web del Govern catalán ya en pleno siglo XXI, concretamente en 2002, según denuncia el también historiador Óscar Uceda en su obra Cataluña, la historia que no fue. Una lista que, desde entonces, ha dado por bueno que el primer president fue el diputado eclesiástico de la antigua Diputación General Bernat de Cruïlles, en 1359. Es decir, en plena época feudal.
Jordi Canal se muestra “sorprendido” de que esa cifra se siga utilizando, a día de hoy, en la web de la Generalitat, ya en pleno mandato del socialista Salvador Illa. “Afirmar eso me parece una solemne tontería”, declara, al ser preguntado al respecto por Crónica Global. “No hay ninguna continuidad entre lo que se llamaba Generalitat o Diputació General en aquella época y la Generalitat actual”, enfatiza.
"El primer 'president' fue Macià"
“Si se quieren hacer números, el primer president fue Francesc Macià, en 1931”, explica Canal. Y añade que la institución que hoy conocemos nació pocos días después de su efímera proclamación de la “República Catalana”, el 14 de abril de ese mismo año, en una negociación con representantes del nuevo Gobierno republicano celebrada días después. En la misma, fue el entonces ministro andaluz Fernando de los Ríos quien propuso la idea de recuperar el nombre de la extinta Generalitat medieval, suprimida en 1714.
-¿Existe algún tipo de relación entre ambas instituciones?
-El nombre no significa la continuidad de la institución sino, sencillamente, fue ponerle un nombre histórico. No puedes contabilizar presidentes de la Generalitat desde el siglo XIV. Aparte, el presidente de la Generalitat tenía que ser un eclesiástico… Y Pau Claris, y todos los demás, lo eran.
Evidentemente, en esa época no había democracia por ningún lugar, y no tenía soluciones de autogobierno, porque la idea de autogobierno no existía, ni nada que ver con la nación, porque tampoco había nación, ni Estado.
El problema es que estamos haciendo trampa permanentemente. Lo hemos normalizado todo hasta tal punto que se cuentan algunas cosas alucinantes desde el punto de vista histórico. Se ha contaminado todo…
–Su próximo libro —y algunas partes del actual— estará dedicado a la manipulación de la historia por parte del nacionalismo. ¿Qué hay de cierto, y qué no, en el mito de la “opresión española”?
-Yo soy de los que piensan que las naciones las inventan los nacionalistas: es decir, que primero es el nacionalismo y, luego, la nación.
Cuando se trata de construir una Historia nacional, se miente, se usan los mitos, las leyendas, se quitan las partes más feas del pasado… Toda Historia nacional pretende crear adhesión y nación, no es lo que entenderíamos por una Historia seria o académica. Son dos cosas distintas.
A finales del XX, Eric Hobsbawm ya decía que, cuando algunas cosas del pasado no cuadraban bien, se apartaban o inventaban otras. Eso todo el nacionalismo lo ha hecho. Pero, en el caso de Cataluña, eso llega a ser obsesivo en algunos momentos, y algo peculiar en otros.
-¿Obsesivo por qué?
-Obsesivo porque, desde principios del siglo XX con Prat de la Riba [impulsor de la Lliga Regionalista y primer presidente de la Mancomunitat de Cataluña], existe una necesidad en el nacionalismo —que dura hasta hoy— de asegurar que la nación catalana existe desde hace mucho. [El expresident] Jordi Pujol celebró el Mil.lenari de Catalunya, según el cual, Cataluña habría nacido en el siglo X. O incluso un poco antes, con la leyenda de Guifré el Pilós y la leyenda de la creación de la bandera —que no es una bandera, pues tampoco existían como tales en esa época—.
Y los historiadores son fundamentales para ese relato. Hay una obsesión por la Historia, y por demostrar la existencia histórica de esa nación. Y evidentemente, en el siglo X, XIV, XVIII o XIX no existía. Pero esa es la base del relato nacional nacionalista.
-¿Y por qué se da tanto ese fenómeno en Cataluña?
-En Cataluña ocurre algo muy peculiar, que intento estudiar en mi nuevo ensayo: ¿por qué se ha producido una situación distinta a la de otros territorios, como por ejemplo el País Vasco, o en otros países, como Francia?.
En Francia, donde trabajo, todo el mundo, más o menos, tiene claro que hay una Historia que admite la leyenda, unos mitos, algunas falsedades incluso… porque es una Historia que pretende afianzar la pertenencia de los franceses a Francia, y ellos, a eso, lo llaman la “novela nacional”. No tiene nada que ver con una novela, lo llaman así para distinguirlo de la Historia, como si fuera una leyenda. Y, por el otro lado, está la Historia académica, universitaria, algunos la llaman científica —aunque yo cada vez creo menos en la cientificidad de la Historia, con el paso de los años—. Hay una cierta conciencia de que son dos cosas distintas: de que una intenta enseñar Historia, y la otra, hacer franceses.
En el País Vasco hay mucha historiografía nacionalista, escrita desde el nacionalismo, hablando de vascos que vienen desde la Biblia, o insistiendo mucho en esa idea de que los romanos no llegaron al País Vasco, y los mitos. Pero, en la universidad, la Historia que se escribe es académica, no responde a los mitos ni a las falsedades nacionalistas, no está escrita para hacer nación, sino para saber y comprender.
Por tanto, en el País Vasco, las cosas están muy claras. Pero en Cataluña hemos llegado a una situación en que casi no distinguimos una de la otra. Evidentemente, hay excepciones, es decir, muchas monografías e investigaciones muy interesantes. Pero, si tomamos el relato general de la historia de Cataluña que se cuenta en las escuelas, que vemos en la televisión pública o tras las conmemoraciones, se confunde una cosa con la otra.
-¿A qué se refiere?
-Es un relato que habla de esa viejísima nación, y traza la evolución de esa nación, que nace antes del año 1000 y se convierte en un “Estado” rápidamente —evidentemente, no se habla de la Corona de Aragón, porque eso introduciría problemas—, que empieza a tener problemas en Caspe, luego con la unión matrimonial de los Reyes Católicos, y que está en permanente conflicto con Castilla-España. La guerra del Segadors vendría por ahí, y acabaríamos en 1714, interpretando la guerra de Sucesión como una guerra nacional, de España contra Cataluña. Pero eso no es cierto, porque fue una guerra internacional, sucesoria, y los catalanes estaban profundamente divididos entre austracistas y borbones. Vamos, que se parece más a una guerra civil que a otra cosa. Y ahí terminaría ese supuesto Estado catalán, y esa supuesta nación que quedaría seriamente tocada.
Es evidente que no había ni un Estado catalán ni una nación catalana. Y, en ese relato, el siglo XVIII desaparece, como si fuera de decadencia, de represión. Y luego cuesta mucho explicar por qué fue un momento de crecimiento económico espectacular para Cataluña.
En el fondo, es lo que decían los procesistas en su momento. Yo recuerdo, en la conmemoración del Tricentenario 1714-2014, a Artur Mas, Francesc Homs y algunos otros grandes políticos nacionalistas decir que aquello que nos habían robado por las armas en 1714 íbamos a conseguirlo en las urnas en 2014. Aparte de ser una bobería, eso no se sostiene por ninguna parte.
El relato tiene elementos verdaderos: es decir, el Compromiso de Caspe existió, en 1714 cayó Barcelona, en 1640 está la rebelión de los Segadors, hubo una guerra civil entre 1936 y 1939… los hechos están ahí. El problema es que son hechos atribuidos a entidades que nunca han existido. Nunca ha existido una nación catalana en la Historia, ni un Estado catalán. Por tanto, es una Historia totalmente falsa. Y esa es la Historia que seguimos teniendo hoy.
-En la actualidad, se repiten mucho expresiones como que “Cataluña es un país”. Es algo que afirman con frecuencia Salvador Illa y sus consellers, o incluso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. ¿A usted qué le parece el uso de este término?
-Yo creo que “país” se puede utilizar, tiene muchos sentidos. Los franceses lo resuelven distinguiendo entre “país” y “pequeño país” —“petit pays”, que serían, más bien, las regiones, por decirlo de alguna forma—. “País", tanto en catalán como en castellano, acepta varias lecturas. Lo que habría que ver, en cada caso, es la intencionalidad que hay detrás.
Si por “país” entendemos nación o Estado, ahí tenemos otro problema. Y ahí está buena parte de la discusión, que está detrás de la famosa expresión “nación de naciones”. Eso es algo incompatible. Si algo tiene la nación y el nacionalismo es exclusivismo. Los nacionalistas no aceptan ser nacionales de dos naciones. Las naciones no son compatibles. Si uno es “nacional” de una cosa, no puede serlo de otra, que es lo que dicen los primeros catalanistas, y todavía se mantiene en Cataluña.
-¿Y eso desde cuándo es así?
-Cuando Prat de la Riba y compañía se inventaron el nacionalismo catalán lo dejaron muy claro: España no es la nación. Pero en el siglo XIX, incluso los hombres de la Renaixença (Bofarull, Balaguer y otros) no tienen ninguna duda de que su nación es España, y Cataluña es su patria, su país… y que, por lo tanto, no es incompatible ser patriota de tu país y pertenecer a la nación española.
Eso lo rompe el nacionalismo catalán, que dice: o uno o el otro, no se puede ser de dos naciones, y hay que elegir. Y, por eso, en ese momento, se inventan lo de que España es un invento, que es artificial… de ahí viene la expresión “Estado español”, en vez de decir España, y que Cataluña es la nación.
Y seguimos viviendo bajo ese juego. Cuando Salvador Illa, en algún momento, o Pedro Sánchez hablan de Cataluña como país, o como nación, o lo que sea, están entrando en un juego claramente político que tiene difícil sustento.
En el siglo XX, la etapa pujolista fue clave en la construcción de la “nación catalana”, de “nacionalización”, diríamos. Pero si hay que buscar una nación catalana antes del siglo XX, yo no la veo por ninguna parte. Y no creo que preocupara demasiado a los catalanes de la época, porque esa esa es una preocupación nuestra o, por lo menos, desde que se creó el nacionalismo catalán.
