Marta Cruz, una camarera de Barcelona a la espera de que la administración apruebe la reagrupación familiar Barcelona
La otra cara de la regularización: "Tengo todo en regla, pero el colapso me impide traer a mi hijo de Ecuador"
Con el expediente aprobado desde abril, Marta Cruz sigue esperando una cita para que su vástago pueda viajar desde América del Sur
La demora acumula nuevos gastos, documentos caducados y meses de incertidumbre familiar
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El aluvión de solicitudes desencadenado por el proceso de regularización extraordinaria —que cierra sus ventanillas este 30 de junio con un volumen de expedientes muy superior a las estimaciones iniciales— ha coincidido, según abogados especializados y afectados consultados por Crónica Global, con un incremento de las demoras.
Uno de esos procedimientos es la reagrupación familiar, el mecanismo legal que permite a los extranjeros residentes en España traer a sus cónyuges o hijos desde sus países de origen.
Para obtenerla es necesario acreditar, entre otros requisitos, residencia legal, estabilidad laboral, recursos económicos suficientes y una vivienda adecuada.
Marta Cruz ha superado todas esas fases. De nacionalidad ecuatoriana, lleva 12 años viviendo en España, obtuvo la nacionalidad española hace cinco y trabaja como encargada en un restaurante de Barcelona.
Marta Cruz, la entrevistada, en el restaurante del centro de Barcelona donde trabaja Barcelona
Tras completar el procedimiento, solo le falta que su hijo mayor, que vive en Guayaquil (Ecuador), obtenga una cita en el consulado español para estampar el visado que le permitirá viajar.
Esa última gestión acumula meses de retraso que han derivado en una cadena de documentos caducados, nuevos gastos y una creciente incertidumbre familiar.
- ¿Cuánto tiempo lleva intentando traer a su hijo a España?
Llegué a España hace 12 años y estoy nacionalizada desde hace unos cinco. Cuando vine, llegué con mi hijo menor, que es chileno, porque el padre ya estaba aquí. Con mi hijo mayor, que está en Ecuador y acaba de cumplir 18 años, empecé el trámite de reagrupación familiar hace un año y medio.
- ¿Qué falta para que pueda venir?
El 10 de abril me dieron la resolución favorable. La abogada me dijo que, a partir de ahí, todo sería muy rápido: solo faltaba que el Consulado General de España en Guayaquil le asignara una cita para estampar el visado, le hicieran dos o tres preguntas, le sellaran el pasaporte y ya lo tendríamos aquí. Me aseguró que sería cuestión de dos o tres semanas. Pero coincidió con el proceso de regularización y todavía seguimos esperando la cita. Han pasado ya tres meses.
"Te dicen que están con la regularización y que hay que esperar"
- ¿Qué explicación le dan sobre ese retraso?
La abogada me dice que todo el sistema está saturado por la regularización. Lo noto en todas partes: conseguir un padrón cuesta muchísimo, en la Policía también hay retrasos y todo el mundo te responde lo mismo, que hay que esperar.
Pago 500 euros por todo el trámite y he tenido inconvenientes con la abogada porque le digo que, si no puede asumir el trabajo, no lo coja. Pero me responde que no es su problema y que están saturados.
- Mientras esperan, ¿qué consecuencias tiene ese retraso? ¿Empiezan a caducar los documentos?
Ese es el gran problema. Los papeles tienen un tiempo de validez. Una partida de nacimiento apostillada, a los tres meses, deja de servir. Me va a tocar volver a gastar dinero y volver a hacer todo de nuevo.
Tendré que pedir permisos en mi trabajo para conseguir un nuevo certificado de empadronamiento porque el que presenté dejará de estar vigente. Además, caducan documentos que deben tramitarse en Ecuador, como el certificado de antecedentes penales, o la declaración jurada que hice aquí ante notario.
Todo esto ha supuesto un desgaste mental, físico y económico. Económicamente me ha dejado muy tocada. Por suerte tengo otros trabajos con los que puedo salir adelante, pero el coste está siendo muy alto.
- Su hijo sigue esperando en Guayaquil. ¿Cómo está viviendo él esta situación?
Quiere salir de allí cuanto antes. Además, lleva un año y medio desde que terminó el bachillerato sin poder estudiar.
No empezó la universidad en Ecuador porque el abogado nos aconsejó que no perdiéramos tiempo ni dinero allí si, al venir a España, iba a tener que dejarlo todo para convalidar los estudios.
Así que no empezó la carrera. Sus compañeros ya están todos en la universidad y él sigue esperando poder venir.
"Para él es desesperante, y para mí, muy frustrante"
- ¿Cómo está viviendo usted toda esta espera?
Tengo una incertidumbre total. Hay días en que no duermo.
La semana pasada incluso discutí con él porque llegó a darme a entender que yo no quería traerlo. Él tiene que entender que no depende de mí, sino de que varias administraciones implicadas en el trámite están colapsadas y nos mantienen esperando.
Para él es desesperante y, para mí, muy frustrante.
Mi hijo pequeño se graduó la semana pasada. Me lo llevé de viaje y ni siquiera quise subir una foto a los estados del móvil porque no quería que mi hijo mayor la viera.
Como madre, tener los medios económicos, la documentación preparada y todo el proceso aprobado, pero seguir sin poder traer a tu hijo, duele muchísimo.
La Oficina de Extranjería de Barcelona
- ¿Ha notado que este colapso también está afectando a otros trámites o a otras personas de su entorno?
Sí. Por ejemplo, tengo unos conocidos, una pareja dominicana, que estaban haciendo los trámites de pareja de hecho. A él le piden un documento de su país y también está todo colapsado.
- Después de todo este proceso, ¿qué le gustaría que entendiera la Administración de personas como usted?
¿Dónde quedan los derechos de quienes llevábamos mucho tiempo haciendo las cosas por la vía legal?
Tenían que haber previsto que esto podía pasar. La Administración no ha podido asumir todo el volumen de trabajo y quienes ya estábamos esperando nos hemos quedado atrás.
Yo siempre pongo el mismo ejemplo porque trabajo en un restaurante.
Si el local ya está lleno y, aun así, sigues aceptando reservas sin ampliar la cocina ni contratar más personal, llega un momento en que el servicio deja de funcionar.
Con la Administración ha pasado algo parecido. Han asumido mucho más trabajo sin aumentar la capacidad para atenderlo y los que ya estábamos esperando hemos acabado pagando las consecuencias.