Carles Puigdemont y Jordi Martí Galbis, el candidato de Junts a la alcaldía de Barcelona

Carles Puigdemont y Jordi Martí Galbis, el candidato de Junts a la alcaldía de Barcelona Fotomontaje CG

Política

Puigdemont da Barcelona por perdida y dejará que Jordi Martí "se estrelle solo"

El líder de Junts ya prepara el terreno para no hacerse responsable de la pérdida significativa de concejales que las encuestas les auguran en las próximas elecciones a la alcaldía de la ciudad

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Carles Puigdemont no ha digerido nada bien la victoria de Jordi Martí Galbis en las primarias de Junts en Barcelona.

El líder posconvergente lo intentó prácticamente todo para que el sucesor de Xavier Trias al frente del grupo municipal no fuera el candidato del partido en las próximas elecciones a la alcaldía de la ciudad.

Primero, ofreciéndole salidas en el Congreso, el Senado, el Parlament y hasta en la empresa privada a cambio de que se retirara. Después, impulsando el liderazgo de Josep Rius para disuadirle de seguir queriendo postularse como cabeza de lista. Y, finalmente, apoyando otras precandidaturas, presionando incluso para que las de Pilar Calvo y Glòria Freixa se aliaran y diluir así las opciones del concejal entre la militancia llamada a las urnas.

Al expresidente de la Generalitat, además, le destrozó conocer que los votos de ambas aspirantes sumados superaban los de Jordi Martí. Y enseguida, el mismo domingo tras conocerse los resultados, pensó que podía "haber hecho aún más" para convencerlas de aliarse contra el concejal.

No es de su agrado. Desconfía de él por su amistad con Trias —con quien apenas se habla— y teme que, tras su larga experiencia en el consistorio, quiera diseñar una campaña a su gusto y sin contar con las directrices de Waterloo, de las que ya se ha desmarcado anteriormente en ocasiones.

Puigdemont teme, en definitiva, perder el control de su partido en Barcelona. Una plaza que, naturalmente, puede arrastrar al resto de municipios en los comicios de 2027. Para bien, como hace tres años, o para mal, como todo apunta que sucederá.

Las encuestas, muy en contra

Y es que mientras Junts logró ganar en la capital catalana después de más de una década, las encuestas reflejan que el partido no está, ni de lejos, en condiciones de repetir los 11 regidores posconvergentes que hoy trabajan en la plaza Sant Jaume.

Puigdemont conoce perfectamente estos sondeos, que también exponen la irrupción con fuerza de Aliança Catalana, que podría incluso superar a Junts —más, tras la designación de Jordi Aragonès, de estilo convergente, como candidato— y que les aleja de cualquier posibilidad de gobernar.

Es por ello que, tras fracasar su intento de convencer a pesos pesados del espacio como el expresident Artur Mas, el exconseller Quim Forn, o el empresario Tatxo Benet, Puigdemont quiso apostar por un perfil joven, que pudiera crecer en la oposición y construir un liderazgo a largo plazo a nivel municipal.

Ahora, en cualquier caso, no hay marcha atrás. La militancia arropó al heredero de Trias, validó su estilo moderado y aplaudió su intención de que la candidatura de Junts al Ayuntamiento de Barcelona se base en la "unidad", como expresó tras conocer su victoria el domingo por la tarde.

Quitarse responsabilidad

En el partido insisten públicamente en la necesidad de dejar atrás las primarias y centrarse en cerrar filas en torno a Jordi Martí. Apoyarle en lo que necesite y confeccionar unas listas en las que las distintas sensibilidades estén representadas en los primeros puestos de la candidatura.

Junts asume que, pese a que habrá dos escaños más en juego en los próximos comicios, no pasaría de cinco, en el mejor de los casos. Y, paralelamente, quiere preparar el terreno para, si esto se produce, desvincularse por completo de este hipotético mal resultado para los posconvergentes, del que luego podrán exigir responsabilidades políticas al candidato, que no era el de la dirección.

"Que se estrelle solo", insinuaban algunos dirigentes del partido al respecto, todavía dolidos porque Jordi Martí no haya atendido a ninguna de las múltiples peticiones de la dirección de dejar paso a alguien afín, a alguien que contara con el aval de Puigdemont y el resto de la cúpula.

Las muestras de cariño al ganador de las primarias también han sido muy limitadas. El propio Puigdemont se esperó al día siguiente a mediodía para enviarle un mensaje de texto discreto y evitó pronunciarse al respecto en X, su canal habitual, ensanchando la brecha con su ya candidato.

A favor de Junts —y de Jordi Martí— juega el tiempo. Todavía queda un año para potenciar al candidato y para que Puigdemont, presumiblemente in situ a partir de finales de año, se lo haga suyo. A día de hoy, no obstante, el líder de Junts da Barcelona por perdida.