David Fernández, Ada Colau y Joan Tardà, en la antigua cárcel de La Modelo de Barcelona

David Fernández, Ada Colau y Joan Tardà, en la antigua cárcel de La Modelo de Barcelona

Política

Colau, Tardà y Fernández tampoco se aclaran para frenar a la ultraderecha

La exalcaldesa de Barcelona y los exdiputados de ERC y la CUP han debatido sobre ello este jueves en la antigua cárcel de La Modelo, pero han acabado echándole la culpa al móvil, despotricando de la visita del Papa y poco más

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Nuevo coloquio sobre cómo frenar a la ultraderecha. Y, de nuevo, mucha palabrería pero pocas conclusiones.

En este caso, los que han quedado confundidos han sido los socios de Crític, el diario cooperativo organizador del acto celebrado este jueves en un pasillo de la antigua cárcel Modelo de Barcelona —que, por cierto, sigue como la dejaron sus últimos huéspedes—.

Ada Colau, Joan Tardà y David Fernández, tres nombres que a priori debían garantizar el éxito de la nueva revista que, de paso, se presentaba, tenían ganas de que se les viera juntos.

Como les pasó a Gabriel Rufián y a Irene Montero, o al líder de ERC con el diputado de Más Madrid Emilio Delgado.

Y así, sonrientes, empezaron; enredándose en metáforas bélicas y autoanalizándose, como ellos mismos han reconocido que la izquierda "hace demasiado".

Autocrítica, bares y Franco

El rostro de la primera CUP, la que hizo cosquillas a la vieja Convergència, ha sido el menos optimista de los tres.

También el más discreto, comentando que el auge de partidos como Vox o Aliança Catalana puede deberse al cierre de bares, citando a un estudio francés que así lo constata, y poco más.

Mientras, la exalcaldesa se ha limitado a asegurar que ya se hizo con Franco, ergo que tan difícil no puede ser.

Y el exdiputado de ERC en el Congreso de los Diputados, el más autocrítico de todos ellos, ha dicho que las izquierdas alternativas no eran tan buenas gobernando como se pensaban, víctimas de sus propias "miserias e incapacidades".

Y que, por tanto, pasa lo que pasa.

15M, independentismo y Tiktok

"Me interesa poco el independentismo", comentaba Tardà en un acto con muchas más referencias al 15M que al procés.

"Ya hemos hecho autocrítica de nuestros inmensos errores, ya está metabolizado, y hemos hecho el esfuerzo de asumir el principio de realidad", que parecen ser las encuestas tanto a nivel nacional como en Cataluña, que solo centró una parte del debate.

Pese a que "el país orrioleja", como dijo Fernández, al inicio insistieron en la soledad, en la falta de vínculos sociales y en las pantallas como causas que mueven a las clases trabajadoras a apostar por opciones reaccionarias.

"Yo soy de bibliotecas, no de Tiktoks", decía el reciclado cupaire en alusión a Rufián, que reivindicó lo contrario hace poco.

Y una Colau hiperventilada se sumó, llamando a "hackear las redes sociales", sin mayor concreción, y resumiendo ambos que la culpa, en realidad, es del móvil. De los algoritmos que operan con "muchos intereses económicos detrás".

Del Papa al elefante

A la alcaldesa también le dio tiempo a criticar la visita de "un señor que se hace llamar Papa", "muy decepcionada con la izquierda institucional por poner los servicios públicos, el dinero y la televisión pública al servicio de actos religiosos".

Reculando, matizó que León XIV "puede ser un aliado en algunos discursos".

Y así siguieron hasta que se dieron cuenta de que el elefante, término de moda desde que Alberto Núñez Feijóo ignoró al suyo en el Cercle d'Economia, era, en ese contexto, la macrocoalición.

¿Cómo lo piensan hacer?, pensaba el público ante representantes de tres formaciones políticas cuya nomenklatura parece incapaz de renunciar a sus siglas para rascar algunos escaños.

Front d'Esquerres de Catalunya

Fue Tardà, que sigue insistiendo en la fórmula Rufián en el seno de ERC —pese a que la dirección que encabeza Oriol Junqueras ha reiterado que ni la compra ni la comprará— quien, por lo menos, dio una pista: un Front d'Esquerres de Catalunya, sólo aquí, y sin que desaparezcan los logos de las papeletas electorales.

El republicano insistió: "Si lo hacemos y no ganamos, nos habremos rearmado éticamente; y podemos ser un espejo para el resto de España".

Pero cuando insinuó que quien debería liderar esta candidatura es su amigo Rufián, Colau se puso en modo "que os vaya muy bien", y Fernández, directamente, apagó el micro.

El policía del final

El aplauso más efusivo, de los pocos que hubo, se los llevó un agente de los Mossos d'Esquadra que pidió la palabra al final para decir que él también lucha para frenar a la ultraderecha en la policía. Pero tampoco aclaró cómo.

Y así se marcharon, sin alargarse mucho en las charlas de después como sí hacen los políticos en activo. Y con prisa, en general, por desmontar el escenario improvisado en medio de un pasillo de una excárcel que se cae a trozos.