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Un año más, y pese a los diversos escándalos que le rodean, Pedro Sánchez ha vuelto a salir airoso de su cita con los empresarios catalanes.

El presidente del Gobierno ha vuelto a entender mejor de qué van las jornadas del Cercle d'Economia que su antagonista, el líder del PP y jefe de la oposición en el Congreso de los Diputados Alberto Núñez Feijóo.

El líder socialista, que el año pasado ya reservó la cita para sacarse de la chistera una consulta pública sobre la OPA del BBVA al Sabadell que logró satisfacer a la élite empresarial, ha conseguido de nuevo mover el tablero en un Palau de Congressos de Catalunya donde, hasta el momento de la clausura de la reunión anual que corrió a su cargo, el debate era si habría moción de censura y si el dirigente popular lograría el apoyo de Junts.

Presupuestos

Fue tan sencillo, aunque no solo eso, como anunciar la presentación de los Presupuestos Generales del Estado en 2027.

Unas cuentas que el Gobierno tendrá muy difícil aprobar, pero que Sánchez ha prometido diseñar conforme a muchas de las preocupaciones del Cercle en esta edición, empezando por la vivienda y terminando por la joya de la corona: un nuevo modelo de financiación que anhelan y con el que se volvió a comprometer, vinculándolo precisamente al nuevo reparto de recursos.

"Será lo antes posible", dijo el presidente respecto al calendario de las cuentas.

El gesto

Aunque no deja de ser una intentona por rehacer la mayoría de investidura --el PSOE intentará convencer a todos los partidos que la apoyaron-- y, por tanto, una cuestión de confianza encubierta que podría motivar elecciones anticipadas si no se logra el objetivo de aprobarlos, el gesto gustó.

Por el tono; porque parecía que, tres años después, la legislatura iba a agotarse sin siquiera un proyecto presupuestario en las Cortes Generales; y porque los empresarios catalanes agradecen que los líderes políticos se reserven el escenario para dar anuncios importantes, motivando que el escenario del auditorio y el logo del lobi aparezcan después en todos los telediarios.

Junts, presente

Feijóo, por su parte, estuvo mejor que el año anterior. Con la sobriedad que le otorgaron unas encuestas donde no necesita a Cataluña para gobernar y con la seriedad propia de haber sido chuleado un par de horas antes por el secretario general posconvergente Jordi Turull en Catalunya Ràdio.

El representante de Junts le dijo que si quiere una moción de censura instrumental para convocar elecciones, que si quiere para ello los votos de sus siete diputados en Madrid, debe viajar a Waterloo y comentarlo con el líder de su partido Carles Puigdemont.

No convence

El propio dirigente gallego, que tuvo su turno de dirigirse al empresariado catalán el martes, prometió hablar del "elefante en la habitación", pero lo hizo solo para, en tono amenazante, advertir a los presentes de que llegará al Gobierno con su ayuda o sin ella.

Una actitud que, pese a hacer los deberes reuniendo a la élite en su hotel en un desayuno privado con empresarios de la talla de Marc Murtra, Josep Oliu, José Creuheras o Antoni Brufau, no convenció. Y que volvió a dejar claro que Feijóo confunde al Cercle con Junts, cuando no es así del todo.

Sánchez, habilidoso

Paradójicamente, esto también le sucede a Sánchez, aunque éste lo disimula un poco mejor.

Mientras el líder del PP se permitió el lujo de llamar a Junts "los vuestros" --como hizo en las jornadas de 2025--, o de decir que echa de menos a CiU sabiendo que muchos de los votantes de Carles Puigdemont también lo hacen, el presidente del Gobierno ha reivindicado, por ejemplo, la amnistía.

Una "agenda del reencuentro" que parece tener más éxito entre la élite empresarial catalana que cualquier bajada de impuestos masiva que pueda prometer Feijóo, por más que la deseen.

La corrupción

Por un momento, además, Sánchez ha podido olvidarse de los múltiples casos de corrupción que se investigan en el entorno del Gobierno y del PSOE, en una Cataluña, su propio oasis, donde se siente cómodo, aunque la presidenta del Cercle Teresa Garcia-Milà le expresara su "preocupación" por las graves acusaciones.

El presidente del Gobierno ni siquiera hizo mención a ello en su discurso, donde también trató de exhibir la buena gestión económica del Gobierno y reivindicar su apuesta por la regularización de inmigrantes. Algo que, aunque no totalmente, los empresarios catalanes comparten.

Balón de oxígeno

Y Feijóo, que se marchó de Barcelona convencido de que esta vez sí —tras un debut ilusionante y un segundo año, el pasado, de decepción—, volvió a quedar retratado por esa habilidad tan sanchista de anticiparse y estar siempre un paso por delante de su adversario.

La política volvió a ser protagonista de las jornadas, Sánchez infló un nuevo balón de oxígeno que debe ser ya el enésimo, Junts quedó de nuevo desdibujado —y ausente, con la excepción del campechano Albert Batet— y, un año más, pese a que en la cena organizada por Damm a cargo del chef Nandu Jubany hubo menos comensales de lo previsto, el Cercle volvió a ser the place to be.

Un lobi relevantísimo en Cataluña y en España y que, por ahora y pese a todo, sigue prefiriendo a Sánchez, que es quien le entiende mejor.