Fotomontaje de Xavier Antich, con una manifestación independentista de fondo

Fotomontaje de Xavier Antich, con una manifestación independentista de fondo

Política

Òmnium llega a la edad de jubilación en horas bajas

La organización, que sigue perdiendo socios y ve reducida su influencia al 'Pacte per la Llengua' firmado con el Govern, celebra este sábado su 65º aniversario en unas elecciones de trámite en las que Xavier Antich revalidará la presidencia

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Òmnium Cultural cumple este sábado 65 años en el peor momento económico y social de su historia reciente.

Un aniversario que celebra con una Asamblea General ordinaria a partir de las 10:00 horas en el Casino de l'Aliança del Poblenou donde, lejos de tratar de reinventarse, volverá a votar a Xavier Antich como presidente en unas elecciones de trámite pese al innegable regusto a fin de ciclo.

Atrás quedan los días en los que esta entidad cultural nacida en el franquismo lideró, junto a la Assemblea Nacional Catalana, las grandes movilizaciones del procés, agitando el tablero e incluso empujando a los partidos nacionalistas a impulsar una candidatura conjunta, en la que lograron colarse sus principales líderes para acabar declarando la independencia y chocando con el Estado de Derecho.

Un golpe de cuyas consecuencias todavía se resienten, aunque cada vez menos, la convivencia y la economía catalanas.

Su influencia política fue esencial cuando dejó atrás sus objetivos meramente culturales y lingüísticos para convertirse en la punta de lanza del independentismo civil. Y también con el apoyo masivo a la causa a través de la organización, a la que pertenecen todos los líderes independentistas al margen de su ideología —al menos, hasta la irrupción de Aliança Catalana—.

Sin embargo, ese enorme capital social acumulado se está evaporando a pasos agigantados, hasta el punto de coquetear con la irrelevancia en una Cataluña que ha pasado página, abraza la normalidad y reniega de la división que Òmnium también instigó.

Menos socios

Este declive no es una simple percepción ambiental, sino que se plasma con una crudeza demoledora en los libros de cuentas y en los registros de afiliación de una cúpula que se ha mostrado incapaz de frenar la sangría de socios en los últimos años.

Las cifras contrastadas revelan un éxodo silencioso pero constante: en 2023, la dirección de Òmnium todavía sacaba pecho al afirmar que contaba con más de 176.000 afiliados —llegando incluso a inflar su propio relato al hablar de "cerca de 180.000"—. Pero la realidad de 2024 les golpeó de lleno hasta bajar de nuevo a los 160.000, siguiendo esta tendencia en 2025, aunque declinan concretar la cifra actual a preguntas de este medio.

Resultados económicos

Esta progresiva deserción de las bases tiene, irremediablemente, una traducción directa en la tesorería.

Las aportaciones de los socios, que suponían un vital 89% de los ingresos totales por actividades en 2023, bajaron al 87% al año siguiente. El pastel a repartir es cada vez más pequeño y la evolución económica general traza una línea descendente que afecta gravemente a sus resultados.

Si, en 2022, la entidad logró un excedente positivo de 146.974,33 euros, el brusco parón del independentismo hizo que en 2023 afloraran unas duras pérdidas de 281.701,11 euros. De los beneficios sostenidos al déficit en apenas 12 meses, según los datos contrastados.

De fracaso en fracaso

La crisis estructural también frenó las ensoñaciones inmobiliarias de una organización que, tras subir como la espuma, se creyó invencible.

Buen ejemplo de ello es el sonado fracaso de la nueva macrosede en el centro de Barcelona, concretamente en la calle Diputación, en un proyecto que, tal y como reveló este medio, ha embarrancado estrepitosamente.

También fue un fracaso la manifestación que trataron de liderar contra el Govern de Salvador Illa por la crisis de Rodalies el pasado mes de enero.

Influencia en materia lingüística

Y su única posición de influencia, aunque mínima, pasa por ir de la mano de la conselleria de Política Lingüística de Francesc Xavier Vila en sus distintas propuestas para proteger y promover la lengua catalana. Es la vía para colaborar con las instituciones, como hicieron tras la negociación del Pacte per la Llengua hace cosa de un año, y no quedarse al margen, aunque parecen abocados a un papel secundario en esta nueva etapa política.

Por ahora, la organización celebra sus "65 fent país" con una fiesta, presencia de caras conocidas del nacionalismo y hasta "servicio de canguro" para los más pequeños, aunque quien quizá necesita urgentemente ese cuidado es el propio Òmnium para sobrellevar la amarga jubilación que le espera.