Louis Aliot, alcalde de Perpignan, en su despacho

Louis Aliot, alcalde de Perpignan, en su despacho Òscar Gil Coy Perpignan

Política

Louis Aliot, el alcalde lepenista de Perpignan: “Sílvia Orriols es excesiva. Opina cosas que en Francia no se pueden decir”

“Vox es demasiado severo con el aborto y las identidades regionales”

"Le he comentado a Abascal que la 'senyera' no es una amenaza”

“La regularización de inmigrantes de Pedro Sánchez es un grave problema para Francia y para Europa”

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Perpignan es una ciudad que lleva más de tres siglos negociando su identidad sin resolverla, heredera del traumático Tratado de los Pirineos que partió en dos a Cataluña. En 1659 pasó de ser la segunda gran ciudad de un reino a convertirse en un mero enclave de provincias abandonado por el centralismo parisino; despojada de su historia, cultura y lengua.

Desde 2020, se ha convertido en la galia de la extrema derecha de Le Pen de la mano de Louis Aliot. Fue la primera gran alcaldía del partido y, este 2026, ha revalidado su victoria con una aplastante mayoría absoluta, con un discurso muy duro contra la inmigración y en favor de la seguridad.

Sin embargo, se ha distanciado de los postulados de Vox en temas sociales, como el aborto, y en las cuestiones de “respeto a las identidades regionales”, como la catalana o la vasca. Aliot también conoce a Sílvia Orriols, de quien observa atento sus virales intervenciones en el Parlament, pero reconoce que “es demasiado excesiva en sus postulados y dice que cosas que en Francia no se podrían decir”.

-Acaba de ser nombrado presidente de la Perpignan Méditerranée Métropole. ¿Qué proyecto de infraestructura o de desarrollo económico considera más urgente para conectar el territorio con Cataluña y el resto de España?

-Lo más importante para nosotros es el tren de alta velocidad que conecte España con Francia. La falta de convoys es un handicap considerable para el desarrollo de nuestro territorio. En cuanto a la economía, tenemos varios proyectos en marcha para mejorar la relación con Cataluña, con acuerdos sobre el sector náutico, la viticultura y, por supuesto, el turismo. No tenemos el atractivo de Cataluña y aún nos queda mucho por hacer para darnos a conocer.

-En ambos lados de los Pirineos hay elevadas cifras de inmigración. Usted tiene un discurso muy duro con ese tema.

-No podemos hacer gran cosa, porque es una competencia del Estado y del Ministerio del Interior. Lo que nos toca es trabajar sobre sus consecuencias: la lucha contra la inmigración irregular, el narcotráfico y la inseguridad en general.

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-Tenemos policía municipal presente las 24 horas, los siete días de la semana, y hemos reorganizado el cuerpo para que sea más visible por todas las calles de la ciudad. Pero la policía municipal en Francia no es como la policía en España; no tiene poder, o prácticamente ninguno. Así que hacemos todo lo que está en nuestra mano para prevenir incidentes e interceptar, frenar y detener a los delincuentes. Obtenemos resultados, sí, pero mientras no haya una voluntad política clara a nivel estatal, seguiremos con las manos atadas.

Entrada al Hôtel de Ville de Perpignan

Entrada al Hôtel de Ville de Perpignan Òscar Gil Coy Perpignan

-¿Qué balance presenta tras seis años de mandato en materia de seguridad?

-Depende del indicador. En violencias y en desalojos de ocupaciones ilegales tuvimos muy buenos resultados hace dos años, si bien este último son menos satisfactorios. Las cifras sobre drogas, por ejemplo, han aumentado, pero precisamente porque los policías realizan más detenciones sobre el terreno, lo que infla las estadísticas. Para mí, dada la situación, lo más importante es que los ciudadanos vean a la policía presente en las calles.

-¿Qué opina de la regularización masiva de migrantes de España?

-Es un grave problema para Francia y para Europa. Si la frontera estuviera herméticamente cerrada, sería un problema exclusivamente español. Pero están abiertas, por lo que alguien regularizado en España hoy puede estar mañana en París o en Perpiñán. Hemos manifestado nuestra oposición, pero, honestamente, tampoco he visto demasiada acción europea para impedirlo.

¿Cómo es su relación con la Generalitat de Cataluña?

-Desde que gané la alcaldía en 2020, la Generalitat ha rehusado reunirse conmigo. Tienen incluso una delegación aquí en Perpignan, y cuando vienen de visita ni siquiera quieren reunirse con el alcalde. Así que esa pregunta deberías hacérsela al señor Salvador Illa y a sus antecesores.

-¿Se considera catalanista?

-No. Me considero francés, de cultura y tradición catalana, rossellonesa y mallorquina, porque el Palacio de los Reyes de Mallorca está en Perpignan y tenemos un hermoso hermanamiento con Palma. Esa es la identidad en la que me reconozco. Somos franceses y no hay más debate sobre ello. Definirme como catalanista significaría suscribir la voluntad de que Cataluña del sur sea algún día independiente. Y eso no me interesa en absoluto.

-¿Su consistorio defiende la lengua catalana?

-Los nombres de las calles están escritos en francés y en catalán, celebramos Sant Jordi y apoyamos a las escuelas que enseñan la lengua.

Louis Aliot, alcalde de Perpignan, en su despacho

Louis Aliot, alcalde de Perpignan, en su despacho Òscar Gil Coy Perpignan

-Pero retiró las subvenciones a la red de escuelas La Bressola, ¿no?

-Así lo exige la ley francesa, los ayuntamientos no pueden financiar escuelas privadas. Pero ponemos a su disposición edificios o aulas para sus clases. Justo ahora estamos en un conflicto con ellos por el convento de las clarisas de Santa Clara del Verne, que han comprado para convertirlo en una escuela. Es un edificio que no se puede remodelar, donde los autobuses no pueden aparcar y que está en zona inundable… Han presentado licencia de obra y los servicios técnicos la están estudiando. Después, se tomará una decisión. Pero no es mi responsabilidad. Yo solo intento respetar la ley, nada más.

-¿Qué opina de Carles Puigdemont?

-Viene de una familia de tradición derechista y carlista, y ha terminado en el independentismo más intransigente. Su actitud es lamentable, porque perjudica directamente el desarrollo económico de su región. Cataluña ha pagado muy caro el procés independentista. No lo merecía. Había una autonomía propia y la lengua catalana estaba presente en todas partes. ¿Qué más querían? No tenía ningún sentido el proyecto de república.

-Más allá de la cuestión lingüística, ¿cómo se puede trabajar conjuntamente para preservar las tradiciones, el patrimonio y las identidades comunes?

-Podríamos explorar trabajos conjuntos en torno a la cultura y la historia, marcando también nuestras diferencias, porque lo que se encuentra en Barcelona no es exactamente lo que tenemos aquí en el Rosellón. Ya tenemos proyectos compartidos, como el hospital transfronterizo de Puigcerdà. Ahora podríamos pensar en una universidad compartida sobre energías renovables, gestión del agua, medicina... Hay mucho por explorar.

-¿Por qué el Rassemblement National, un partido que defiende las tradiciones y la historia cultural francesa, no es catalanista?

-Yo intento demostrar el arraigo de un territorio a su cultura, su historia y su herencia política, histórica y religiosa. La actual sociedad de consumo hace que todos olvidemos de dónde venimos. ¿Ves las abadías, los monasterios y las iglesias? Esto es lo que somos, este es nuestro patrimonio, y lo compartimos con Cataluña, pero también con otros territorios. Nuestra historia es barcelonesa, pero también es mallorquina, perpiñanesa, francesa y un poco aragonesa. Intento encontrar un equilibrio entre todo ello y no decir simplemente "somos catalanes, somos catalanes, somos catalanes". Lo somos, pero no solo somos eso.

-¿Cuál es su relación con Santiago Abascal?

-Lo conozco muy bien. Fui yo quien lo invitó al Parlamento Europeo por primera vez cuando era eurodiputado. Por aquel entonces, Vox tenía apenas un 2% de los votos. Ahora no estamos exactamente en la misma línea. Ellos tienen un discurso muy severo en temas sociales, como con el aborto. También con las identidades regionales.

-¿A qué se refiere?

-Muchas veces le he dicho a Abascal que poner una senyera junto a la española no es una amenaza. Está bien que la gente sienta arraigo a su territorio y que quieran defenderlo. Pero tengo la impresión de que Vox Cataluña, con Ignacio Garriga al frente, está haciendo más por reconocer esa identidad local. Cuando fui a un meeting suyo en Barcelona, había banderas catalanas en la sala. Hace diez años eso era impensable.

-¿Conoce a Silvia Orriols?

-Veo sus vídeos y escucho lo que dice, y creo que también es demasiado excesiva con sus palabras, tanto en la defensa del catalán como en la inmigración. Dice cosas que en Francia no se pueden decir. Ahora bien, reconozco que Ripoll fue la ciudad de donde salieron los yihadistas para cometer los atentados de Barcelona o de Cambrils, así que entiendo que haya cierta beligerancia en su forma de expresarse. Pero es más independentista que nadie, y eso para mí es un problema.