Andalucía decide este domingo si Juanma Moreno Bonilla seguirá al frente de la Junta con mayoría absoluta, como hasta ahora, o lo hará de la mano de Vox.
El pretendido golpe de efecto del PSOE al apostar por la vicepresidenta del Gobierno María Jesús Montero --"la mujer con más poder en la historia de la democracia", en sus palabras-- no parece ni acercarse al objetivo de recuperar una autonomía que nunca antes de su actual presidente había estado manos que no fueran socialistas.
Los sondeos apuntan, en esta línea, a que podrían obtener el peor resultado de su historia, que se sumaría a las sucesivas debacles de la formación en Extremadura, Aragón y Castilla y León en un ciclo electoral marcado, también, por los acuerdos del Gobierno de Pedro Sánchez con el Govern de Salvador Illa y partidos como ERC o Junts, que no gozan de demasiada popularidad más allá de las fronteras catalanas y se han demostrado un lastre para los distintos candidatos de las izquierdas.
Tanto es así que fue la propia exministra de Hacienda quien frenó cesiones como el traspaso del IRPF, que como consecuencia tuvo la dilatación de la aprobación de los presupuestos de la Generalitat hasta después de los comicios, u otros "avances en soberanía" que no se conocerán hasta este lunes, cumpliendo con su petición.
Pero ni siquiera este milimétrico cálculo --un guante de Illa a su compañera de partido, que tampoco ha querido dejarse ver con el president por el sur-- podrá frenar una nueva victoria, que será la tercera consecutiva, del PP más moderado; tan distinto, al menos en apariencia, de otras baronías territoriales como la de Isabel Díaz Ayuso.
Una campaña tranquila
Lejos de centrarse en reivindicar un nuevo modelo de financiación que aportará casi 5.000 millones de euros anuales a la Junta --la propuesta sigue lejos de aprobarse en el Congreso de los Diputados y, por ahora, Cataluña es la única región que lo avala--, Montero ha fijado la sanidad pública como eje principal de su campaña.
Ha sido el talón de aquiles del último mandato de Moreno Bonilla, como también le han recordado la coalición Por Andalucía --con Podemos, IU y Sumar, entre otros, y Antonio Maíllo al frente-- y Adelante Andalucía, que bebe del inofensivo nacionalismo andaluz y podría mejorar su representación en el Parlamento.
Mientras, un Vox que podría estancarse por primera vez pero también ser decisivo e incluso colarse con consejeros en el Palacio de San Telmo, ha agitado desde el otro lado, aunque no ha sido una campaña bronca, con pocas referencias a, por ejemplo, la reciente tragedia de Adamuz, que en otro contexto hubiera entrado en juego.
Cataluña, a la expectativa
En cualquier caso, tras un examen que golpeará de nuevo al PSOE y podría reconducir la carrera política de Montero, que sigue siendo diputada, el Gobierno ya lo tiene todo preparado para que la agenda se desvíe de nuevo a Cataluña a partir del lunes, cuando ERC decidirá internamente si la legislatura catalana continúa o se estanca.
El partido de Oriol Junqueras ha alcanzado un acuerdo con el Govern para aprobar los presupuestos a cambio de tres proyectos que dependen de Madrid --un tren orbital fijado para 2040, una sociedad mercantil que hará las veces del frustrado consorcio de inversiones, y un traspaso competencial que sigue siendo una incógnita-- y que a priori se ratificarán el miércoles en una Comisión Bilateral en Madrid, lo que debería dar paso a una tramitación parlamentaria sin sobresaltos.
Prioridades
Illa, así pues, lograría sus primeros presupuestos como presidente; un alivio tras una primera mitad de año marcada por las crisis de Rodalies y educación, que sigue con los profesores en huelga; y una garantía para poder agotar la legislatura, que era el objetivo, con todas las previsiones de volver a ser la primera fuerza en 2028.
Sánchez, por su parte, pese a constatar que las "cesiones al independentismo" no venden, también tiene clara su apuesta. Ya es el segundo presidente más longevo de la democracia y está decidido a seguir mimando a los socios que lo han hecho posible --al menos a los que se dejan, como ERC-- por si, por una de esas, el No a la guerra, los buenos datos macroeconómicos o las cesiones del PP a Vox en inmigración le dan la oportunidad de repetir la gesta en las elecciones generales del año que viene.
