Irene Montero, Xavier Domènech y Gabriel Rufián, en Barcelona Barcelona
Rufián promociona a Irene Montero en Barcelona
El portavoz de ERC en Madrid renuncia a formar parte de la candidatura a la izquierda del PSOE, pero se ofrece a "inspirarla" junto a la eurodiputada de Podemos, a quien señala como líder
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La pregunta Què s'ha de fer? (¿Qué hay que hacer?) ha quedado sin respuesta este jueves en el auditorio del Campus de la Ciutadella de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.
Tras el mediático acto junto al diputado regional Emilio Delgado en Madrid, Gabriel Rufián optó por acompañarse de Irene Montero en un nuevo aquelarre izquierdista de los que, ante la ausencia de alternativas, generan mucho ruido.
Y, esta vez, en casa. Todo un reto para alguien denostado en su propio partido por, precisamente, preocuparse demasiado por lo que suceda en España en las próximas elecciones generales, donde todo apunta a un gobierno PP-Vox, y demasiado poco por lo suyo y los suyos.
Irene Montero y Gabriel Rufían, en Barcelona
Prueba de ello ha sido el plantón de la cúpula de ERC.
Joan Tardà, otro partidario de que los republicanos exploren coaliciones con izquierdas de otras latitudes, pero poco más: el secretario general adjunto de rigor y la diputada Ana Balsera, que es de su pueblo y ha evitado aplaudir en más de una ocasión cuando el resto de la sala lo hacía.
Mientras, el despliegue de Podemos ha sido total, en modo campaña, con presencia de la exministra y actual diputada Ione Belarra, la líder regional María Pozuelo e iconos sobrevenidos del entorno de la formación como la periodista Cristina Fallarás o la activista de moda en la Meseta Sara Santaolalla.
Imagen del auditorio de la UPF durante el acto de Rufián e Irene Montero
De hecho, hasta que esta última no ha llegado --pasados diez minutos de la hora prevista-- ha habido que esperar.
El público, abarrotado en la pequeña sala, ha tenido tiempo de leer los flyers que un grupo de estudiantes independentistas repartía a las puertas asegurando que “la España de izquierdas y la España de derechas lleva al mismo lugar”.
Y también de advertir entre las butacas al fundador de Mediapro, Jaume Roures, u otras caras conocidas de la izquierda catalana como el alcaldable de los Comuns en Barcelona, Gerardo Pisarello.
Joan Tardà, en el acto 'Què s'ha de fer?' celebrado en Barcelona
Música moderna y rebeldona ha dado la bienvenida, eventualmente, a las estrellas: la aclamada Montero, Rufián en bambas y camiseta de manga corta --ha contraído el bíceps en más de una ocasión-- y el expolítico Xavier Domènech, que ha hecho de moderador.
Ha sido éste quien ha empezado la promo de "la Pasionaria de la izquierda actual" como líder de un espacio político huérfano y enfrentado como "última bala" contra la derecha, probablemente sabiendo que la gesta es complicada entre tanto ego partidista.
Rufián, "el Robespierre de la izquierda catalana", no ha podido estar sino muy de acuerdo en plena recogida de cable --en un momento creyó que le dejarían convertirse en Julio Anguita--, y se ha esmerado en justificarse por no atender las advertencias --públicas y privadas-- de que ERC está a otras cosas.
Gabriel Rufían, en el auditorio de la UPF
Su voluntad, ha asegurado, pasa entonces por "inspirar" desde la barrera a una hipotética coalición que consiga el apoyo necesario para "someter a un Gobierno del PSOE" cuatro años más.
Pero que más allá de llenar un auditorio de mayoritariamente estudiantes, lo tiene muy complicado tanto desde el punto de vista electoral como desde el liderazgo que Rufián se ha propuesto impulsar, porque lo que queda de Sumar no está por la labor de cederle a su excamarada Montero el privilegio de encabezar su candidatura.
La eurodiputada, por su parte, ha insistido en su habitual discurso feminista, anticapitalista y antirracista, que ha sido de lo poco que ha logrado animar a un auditorio más bien frío que no ha acabado de entender las metáforas de Rufián que tanto triunfan en Madrid, especialmente cuando ha dicho algo así como que prefiere que la izquierda esté en TikTok que en las bibliotecas precisamente al lado de una, posiblemente de las más imponentes de la ciudad, que estaba tan o más llena que el auditorio.
La activista Sarah Santaolalla, en el acto celebrado este jueves en Barcelona
En el escenario, asimismo, ha faltado feeling cuando el líder republicano ha reprochado al progresismo no hablar de seguridad como hace la ultraderecha.
Y tampoco parecía la exministra estar de acuerdo en "dejar de llamar fachas" a los votantes de Vox, como ha propuesto Rufián argumentando en que "la gente llega a casa cansada después de trabajar y es normal que se ponga a ver las hormigas, que dicen que pagar impuestos es malo".
Nada que no arreglara, de nuevo, la música marchosa y un largo abrazo entre ambos tras más de hora y media de charla.
Antes, no obstante, un turno de preguntas donde un joven ha propuesto a la izquierda apropiarse del grito de "¡Viva España!", lo que a algunos no les ha hecho ninguna gracia; y el avance de un nuevo acto del portavoz de ERC en Valencia con Mònica Oltra, quien recientemente ha anunciado su intención de presentarse a la alcaldía de la ciudad de la mano de Compromís tras quedar en nada la denuncia contra su exmarido --a la izquierda no independentista también le ha gustado el término lawfare-- que forzó su dimisión años atrás.
Flyers repartidos por independentistas a las puertas del acto de Rufián y Montero
Las fotos, al final, se las han pedido a Irene, a quien una estudiante le suplicaba que viniera más a Cataluña --donde precisamente obtuvo su mejor resultado en las últimas elecciones europeas--, mientras ella decía que sí, que encantada, pero que la dejaran pasar que tenía que irse.
Y posiblemente Rufián se marchara pensando que en Madrid le aplauden más y que la llamada fatal de Oriol Junqueras, que hasta ahora no se ha producido porque el líder de ERC sigue creyendo que el de Santako le suma más que le resta, puede llegar en cualquier momento.