La exdirigente republicana Helena Solà, que encabezó una de las listas que compitió contra Oriol Junqueras por la dirección de Esquerra Republicana, ha anunciado su salida del partido tras dar por hecho el apoyo de la formación a los presupuestos y denunciar una “deriva sostenida” en su orientación política.
En un hilo compartido a través de X, Solà ha comunicado este domingo una decisión que califica de “dolorosa, pero profundamente meditada”. “Hasta aquí llega mi vinculación con ERC, por coherencia política y por dignidad personal", arranca el mensaje, en el que explica que pone fin a casi 21 años de militancia.
“Hoy, ERC ya no me define, ni siquiera la reconozco", ha lamentado tras recordar que se afilió el 23 de abril de 2005 y, durante “casi media vida”, el partido independentista formó parte de su identidad política y personal.
Investidura de Illa
La ya exmilitante reconoce el papel histórico del partido como “una herramienta potente para hacer avanzar" a Cataluña en derechos, justicia social y en el camino hacia el Estado propio, y subraya que la formación “asumió la peor parte de la represión después del 1 de octubre" de 2017.
Sin embargo, sostiene que el partido ha experimentado un cambio profundo que va más allá de decisiones coyunturales. Solà se refiere explícitamente a la investidura de Salvador Illa, a la que se opuso, y que en su momento interpretó como una posible decisión táctica en un contexto complejo.
Presupuestos
No obstante, Solà considera que la dinámica posterior ha confirmado, a su juicio, un giro estratégico de mayor calado. “Apoyar unos presupuestos que ni siquiera se han negociado con nosotros no es responsabilidad institucional, es renuncia”, opina, y añade que “la renuncia permanente no construye ningún proyecto”.
En este sentido, remarca que “ERC no debe nada al PSC” y que, mientras no haya cumplimiento de los acuerdos por parte de los socialistas, no debería iniciarse ninguna negociación.
Diferencias internas
Más allá de la cuestión presupuestaria, denuncia que se ha “desdibujado el eje nacional” y apunta a “ambigüedades estratégicas” y “silencios ante decisiones relevantes”. También alerta de un “déficit de liderazgo” y critica prácticas internas como “modificar estatutos para alargar mandatos” o “no rendir cuentas políticamente”, que, en su opinión, evidencian un deterioro de la cultura interna.
Solà cuestiona además lo que define como una “profesionalización excesiva y cronificada de la política”, al entender que los cargos públicos deberían ser un servicio temporal y no “un modus vivendi indefinido”. A su juicio, estas dinámicas generan dependencias que limitan el debate interno y debilitan al partido, hasta el punto de afirmar que, “cada día que pasa, ERC es más pequeña y más débil”.
“Entré por convicción, me voy por coherencia”, concluye en su despedida, en la que ha expresado también el deseo de que algún día pueda reencontrarse "con la esencia de ERC: la valentía, la ambición nacional y la cultura de militancia crítica que la hicieron grande”.
