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Cuando los Comuns tumbaron los presupuestos de la Generalitat de Cataluña de 2024 y el por aquellas fechas presidentPere Aragonès (ERC), se vio forzado a convocar elecciones anticipadas, el líder del partido secesionista, Oriol Junqueras, no quiso saber nada del batacazo que le esperaba.

En aquella campaña electoral, Junqueras dejó que Aragonès –primero su pupilo, y luego su opositor– colocara a sus exconsellers en los primeros puestos de las listas y se estampara con ellos, perdiendo al final más de diez escaños.

Junqueras optó por dimitir, y centrarse en el congreso que los republicanos celebrarían meses después, en el que la mayoría de estos diputados intentarían doblegarle de la mano de la candidatura rovirista de Nova Esquerra Nacional.

Eso no sucedió, aunque por los pelos. Y Junqueras, inhabilitado para ejercer cargo público, recuperó el liderazgo de la formación, sin que le salpicaran ni el acuerdo de investidura con el PSC ni el mal trago de las urnas

Algo que se extendió también a las elecciones europeas y se cobró, en primera instancia, las dimisiones del propio Aragonès y de su vicepresidenta, Laura Vilagrà.

Transición pacífica

Fue entonces cuando la nueva dirección de ERC puso en marcha una transición pacífica en el seno del grupo parlamentario.

En ese escenario, sus afines han ido ganando peso poco a poco, y perfiles como Raquel Sans o Ruben Wagensberg, con quienes no se contaba, aceleraron su adiós del partido. Algo ya consumado en el caso del diputado que se fugó a Suiza durante la investigación del caso Tsunami Democràtic, y programado para final de legislatura en el caso de la hoy vicepresidenta de la Mesa.

Así, pues, el líder de ERC mantuvo a Josep Maria Jové como presidente de grupo en el Parlament –aunque, a efectos prácticos, su papel es "secundario"–, y colocó a Ester Capella, que sí apoyó su candidatura, como portavoz. Ello, en detrimento de Marta Vilalta, que espera en la retaguardia el indulto del junquerismo.

El exconseller de Interior, Joan Ignasi Elena, es otro de los hombres fuertes del aparato de ERC en el Parlament. Y, hasta la fecha, ha gestionado los equilibrios internos de forma satisfactoria, conjugando su papel de oposición con el apoyo al Govern sin apenas penalización electoral

La llegada de Alba Camps

El último movimiento, anunciado hace dos semanas, fue el adiós de Tània Verge. Titular de la cartera de Igualdad y Feminismos en el Govern de Aragonès –no sin polémicas sonadas a sus espaldas– ha dejado esta semana su acta de diputada para volver al mundo académico.

Se trataba de una figura contraria a Junqueras, pero no molesta. Algo que sí promete ser su sustituta Alba Camps, la siguiente en la lista por Barcelona y número dos de Xavier Godàs en Nova Esquerra Nacional, que se sentará en el hemiciclo en el pleno que arranca este martes.

Se trata de una joven "sin pelos en la lengua" que discute abiertamente la línea pactista de la cúpula de Junqueras y amenaza con tensar las costuras de un grupo aparentemente cohesionado.

Consulta por la financiación

Tras salir derrotada en la segunda vuelta del congreso de noviembre de 2024, Camps jugó un papel discreto. La candidatura se desintegró y su figura quedó en el olvido en la sede de ERC en la calle Calàbria.

La nueva financiación que pactó Marta Rovira y que posteriormente negoció Junqueras, asumiendo algunas renuncias hasta alcanzar un modelo asumible para el PSOE, resucitó, no obstante, su voz crítica con la actual cúpula. 

Camps exigió una nueva consulta a la militancia tras los "inaceptables cambios" que, a su juicio, como también opina Junts, son una "estafa" a sus bases, pues consideran que la prometida "clau de la caixa" no queda blindada en el actual acuerdo. 

Esa tesis ha ido ganando adeptos entre las distintas facciones que, de forma interna, siguen batallando para que ERC supere el liderazgo de Junqueras, que consideran "caducado".

Altavoz

Camps aboga por que ERC sea un partido más independentista y más de izquierdas, más cercano a la CUP que al PSC, mientras la actual dirección pretende exactamente lo contrario: erosionar desde el centro tanto a Junts como a los socialistas. 

Su llegada al Parlament, que Junqueras y los suyos seguirán con atención, podría ser un altavoz para esta disidencia, que hasta ahora el exvicepresidente de la Generalitat había conseguido silenciar y que, temen, pueda "contagiarse" y comprometer su buena sintonía con el Govern.  

"A nivel personal muy bien, pero somos conscientes de que es dura", explica un diputado de la formación afín a Junqueras, que ya compartió escaño con ella en la anterior legislatura. "No es el único caso que tenemos que torear...", ironiza al respecto. 

Gabriel Rufián

El portavoz de ERC en Madrid, Gabriel Rufián, también ha sido noticia estos últimos días por su empeño en articular una coalición progresista con formaciones del resto de España, que su partido ha asegurado por activa y por pasiva que no apoyará

Pese a que se le considera afín a Junqueras, su creciente fama, especialmente en la capital, le ha convertido en un verso libre dentro de los republicanos, pero en este caso por querer parecerse a Podemos.

En ambos casos, y salvando las distancias, la fórmula empleada por Junqueras es la de ningunear los "cantos de sirena". Procurando aislarles y que no comprometan la estabilidad del proyecto, que el presidente de ERC diseña para que gire únicamente en torno a él