Toni Comín, Lluis Llach, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras

Toni Comín, Lluis Llach, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras FOTOMONTAJE CG

Política

El polvorín del independentismo: la caída libre de un movimiento fracturado

Una década después de Junts pel Sí, el panorama ha cambiado radicalmente. Si en 2015 parecía posible un proceso unitario hacia la independencia, hoy ese sueño se ha desvanecido por luchas internas y el desgaste político

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El independentismo atraviesa su peor momento de debilidad. El movimiento, iniciado hace más de una década con el auge del procés, ha desembocado en un panorama de fragmentación, desgaste institucional e incluso irrelevancia.

La añoranza de los dos millones de votos que en 2017 impulsaron la causa catalana parece hoy un espejismo que pierde fuerza a medida que el tiempo avanza.

Pérdida de votos

Las últimas elecciones han dejado claro que el independentismo se encuentra en plena caída libre. En los comicios de 2024 se perdieron casi 100.000 votos en comparación con los del 2021 y 700.000 votos respecto al 2017, el año álgido del procés

El hundimiento en las urnas se acentuó en las elecciones europeas, donde los partidos independentistas perdieron hasta un millón de votos respecto a las de 2019. Este declive electoral no sólo refleja la pérdida de apoyo entre los catalanes, sino también la profunda crisis interna que azota a las entidades y partidos políticos.

ANC toca fondo

Un claro ejemplo de esta crisis se ve reflejado en la Assemblea Nacional Catalana (ANC). La entidad ha perdido 10.000 socios desde 2019, una caída del 25% de la militancia, como aseguró su presidente, Lluís Llach, en una entrevista en RAC1. 

Pero la ANC no está exenta de crisis. El descontento con la nueva dirección es evidente. Miembros de la entidad, como Josep Costa, han criticado la “gestión despótica y antirreglamentaria” de Llach y han denunciado la falta de renovación efectiva dentro de la organización.

El presidente de la ANC, Lluís Llach durante su participación este sábado en el acto 'Per a un nou impuls cap a la independència' (Por un nuevo impulso hacia la independencia)

El presidente de la ANC, Lluís Llach durante su participación este sábado en el acto 'Per a un nou impuls cap a la independència' (Por un nuevo impulso hacia la independencia) EFE/Enric Fontcuberta

El origen de la controversia está en la sustitución de una miembro de la dirección, Sílvia Ventura, que abandonó la ANC hace unas semanas. La crisis se centra en la elección de un nuevo secretario para reemplazar a Ventura, un puesto clave dentro de la organización.

A pesar de los esfuerzos, aún no se ha logrado encontrar un sucesor, ya que en el último pleno ninguno de los aspirantes obtuvo los votos suficientes para asumir el cargo.

No sólo Costa abandonó la entidad, sino que también lo hicieron David Miñana y Roser Campi. El descontento de Costa, además, fue mayor después de que Llach diera su apoyo a Toni Comín, hasta ahora vicepresidente del Consell de la República.

Desgaste de Comín

Comín ha estado en el centro de la polémica. Su candidatura para presidir el Consell tras la marcha de Carles Puigdemont se vio envuelta por las acusaciones de cargar cerca de 16.000 euros en gastos personales a la cuenta del organismo.

A ello se sumó un presunto caso de acoso sexual y psicológico a un trabajador del Consell, un escándalo que generó más controversia y terminó de erosionar su figura dentro del movimiento independentista.

Irrelevancia del Consell

La situación de la ANC no es aislada. El Consell de la República también flaquea. Esta entidad, creada en 2018 por Puigdemont con el objetivo de preservar el legado del 1-O y proyectar la causa independentista a nivel internacional, se está desmoronando. 

Un claro reflejo de su situación es la baja participación en las elecciones para elegir nuevo presidente, que no superó el 10%, además de la pérdida de afiliados. El censo registrado ha pasado de 89.970 en 2024 a 89.474 en 2025, es decir, unos 500 asociados menos. Una cifra que, aunque no parece alarmante, confirma el progresivo desgaste de la entidad, que en sus inicios llegó a alcanzar los 100.000 apoyos.

El ganador de las elecciones y nuevo presidente del Consell es Jordi Domingo, el padre de la constitución catalana, mientras que Comín quedó tercero, por detrás de Montserrat Duran.

La crisis interna fue evidente apenas unas horas después de que se anunciaran oficialmente los resultados. Las candidaturas de Duran y Comín señalaron irregularidades y exigieron una auditoría interna. Unas acusaciones que Domingo respondió con dureza: “Encienden el ventilador de la mierda”.

Las divisiones dentro del Consell reflejan el agotamiento de una propuesta que, lejos de consolidarse como un gobierno en el exilio, ha acabado siendo percibida como un instrumento sin capacidad de influencia real.

Pero si las entidades de la sociedad civil muestran síntomas de descomposición, los partidos que han liderado el procés no se quedan atrás. 

Batalla entre Junts y ERC

Junts y ERC, principales competidores por la hegemonía del espacio independentista, están inmersos en una lucha interna que no sólo afecta a sus relaciones, sino que ha mermado su capacidad de movilización. 

Ambos partidos libran una feroz batalla por la supremacía dentro del espacio independentista. El fracaso de ERC en las últimas elecciones al Parlament favoreció a Junts, pero ambos continúan en una intensa competencia como rivales.

La salida de Junts del Govern de Pere Aragonès fue la culminación de la crisis que vivió el partido de Carles Puigdemont, que ha tenido que hacer frente a la pugna con los sectores liderados por Laura Borràs.

Por otro lado, ERC no está en su mejor momento. La fractura entre los junqueristas y los roviristas ha alcanzado niveles insostenibles, con enfrentamientos públicos que han dejado claro que la unidad dentro de la formación es cada vez más difícil de mantener.

En este contexto, la CUP, el tercer partido independentista en discordia, ha experimentado también una transformación significativa. Si bien siempre fue el actor más combativo del independentismo, hoy los cupaires ha optado por una mayor flexibilidad política. 

En su último congreso de Garbí, Non Casadevall, el nuevo secretario general, se mostró dispuesto a negociar con otras fuerzas independentistas, incluso con el gobierno del PSC de Salvador Illa, aunque exigiendo un cambio radical en las políticas sociales. 

'Asalto' de Aliança

Pero el escenario del independentismo catalán ha sufrido la irrupción de un nuevo actor político: Aliança Catalana, que ha acaparado la atención mediática por su discurso radical.

Liderado por Sílvia Orriols, el partido de extrema derecha catalanista ha emergido como una formación que ha logrado captar la atención de una parte del electorado tradicionalmente independentista. 

A pesar de que su discurso genera preocupación, lo cierto es que los últimos sondeos apuntan a un crecimiento. Este ascenso pone en evidencia la fragmentación de un movimiento que, hasta hace poco, parecía sólido y unido. La firma de los "acuerdos antifascistas" entre el PSC, ERC, Junts, los Comuns y la CUP ha sido la respuesta a la aparición de Aliança Catalana.

Silvia Orriols en el Parlament

Silvia Orriols en el Parlament GALA ESPÍN Barcelona

El 'asalto' de este partido, que ya ha contagiado a una parte de los votantes de Junts, evidencia un cambio profundo en la naturaleza del independentismo catalán, cada vez más polarizado.

Lejos de la unidad

Apenas una década después del nacimiento de Junts pel Sí, la coalición que intentó aglutinar a diversos actores del independentismo, el panorama es radicalmente diferente. 

Si en 2015 parecía posible un proceso unitario hacia una Cataluña independiente, hoy ese sueño se ha desvanecido en medio de luchas internas y desgaste político.

El independentismo se encuentra en una encrucijada. La caída de la mayoría en el Parlament y la pérdida de apoyo popular parecen indicar que, en lugar de avanzar hacia la independencia, el movimiento está atrapado en una espiral de autodestrucción.