Ferran Cardenal (Barcelona, 1945) es una de las personas que vivió en primera línea la violencia ETA. Como gobernador civil de Barcelona (1982 a 1993) y director general de la Guardia Civil (1993 a 1996) le tocó lidiar contra la banda terrorista en una de las épocas más sanguinarias de su historia. Y es que Cataluña fue -junto a País Vasco y Madrid- una de las regiones más castigadas por sus atentados: un total de 75, en los cuales perdieron la vida 55 personas y resultaron heridas otras 224, la mayoría de ellas civiles.

De la actividad criminal de la banda, y de sus vivencias personales al respecto, da cuenta Cardenal en su nuevo libro ETA contra Cataluña: crónica y memoria. Una obra exhaustiva en la que dedica especial atención a dos de sus mayores masacres: las causadas por sus bombas en Hipercor en 1987 -que mató a 21 ciudadanos e hirió a 45-, y en la casa cuartel de la Guardia Civil de Vic en 1991, donde fallecieron nueve personas -cinco de ellas, niños y menores de edad- y 45 resultaron heridas. Tragedias que nunca deben caer en el olvido, y de las cuales Cardenal habla con Crónica Global

- Una de las razones por las que ha escrito su libro es evitar que se caiga en la desmemoria. ¿Está ocurriendo eso?
Cuando la banda desaparece, hay cierta tendencia a intentar aparcar el tema. No a olvidarlo, pero sí a meterlo en un rincón de la memoria. No nos gusta hablar de cosas desagradables. Son cuestiones en las que están implicadas personas de fuera de Cataluña, pero también de Cataluña, que intervinieron, apoyaron y contribuyeron al desarrollo de la actividad de ETA. La tendencia es a pasar página, a hacer una historia un poco menos dura de lo que realmente fue. Y esto no puede ser así. Quienes vivimos aquella época, tenemos la obligación de transmitir a la gente qué pasó, para que tenga una versión correcta de lo que fue. ETA hizo mucho daño en Cataluña.
- Uno de los lugares donde más daño hizo fue en el hipermercado Hipercor de Barcelona, en 1987. Usted explica que atentar allí no fue un objetivo "casual", sino intencionado...
Fue intencionado, y esto lo reconocen ellos mismos cuando fueron detenidos, cuando fueron a desarticular el comando. Habían hecho una visita previa a los almacenes Hipercor, comprobaron que no habían sistemas especiales de seguridad y que, por lo tanto, hacer un atentado allí, colocar un coche bomba, sería relativamente fácil. Creían erróneamente que era un centro de capital francés, en una época en la que algunas de las órdenes de la dirección de la banda eran atentar también contra empresas de capital galo, porque estaba Francia empezando a tomar medidas contra ETA en su territorio. No se pone un explosivo, con la carga que llevaba, en un establecimiento comercial a las cuatro de la tarde de un viernes si no se quiere causar una auténtica calamidad. Y hay algo grave también: después de poner el artefacto, se reunieron los tres terroristas en su piso de la calle Mallorca para seguir por televisión las consecuencias del atentado. No sólo eso. Me consta que, además, abrieron una botella de champán por lo que consideraban una operación de éxito. Cuando alguien preguntó si luego pudieron dormir, la respuesta fue: como un tronco.
- Ese atentado, además de por las muertes y daños causados, trajo cola por la repercusión que tuvo el hecho de que el edificio no se desalojara. Usted apunta como hipótesis que quizá lo que buscaban los terroristas era, también, que se cuestionara la labor de la Policía…
Los preavisos que dieron los terroristas fueron absolutamente engañosos. Primero, a las 15:20 h de la tarde avisaron de que a las 15:30 h iba a explotar un artefacto: es decir, dieron un margen de diez minutos para que llegara la Policía, se informara de lo que ocurría… era un tiempo claramente insuficiente. Los plazos y los tiempos engañaban totalmente. Fue un aviso en el que la mitad era verdad y la otra mitad, mentira: verdad que colocaron un artefacto, y mentira la hora. Si no explotó en el plazo que dijeron, lo lógico era pensar que se trataba de una falsa alarma. Y hay otros muchos argumentos: ETA nunca había preavisado de que iba a cometer un atentado; los horarios que solían utilizar en sus ataques eran de noche; el único que habían cometido contra otro centro comercial, contra un representante de Citroën en la calle Badal (donde pusieron un coche bomba en el patio de la empresa concesionaria), lo hicieron explotar a las 20:30 h, cuando ya no había nadie… Quiero decir, hay una serie de argumentos que muestran que querían matar. Y si no, [en el propio desalojo] hubieran matado a quienes se quedaran rezagados. No se colocan artefactos para que se desactiven, sino para que exploten. Si quisieran causar sólo daños materiales, lo hubieran puesto por la noche, cuando no hay público. Pero eligieron un viernes a las cuatro de la tarde.
- También explica otro cúmulo de situaciones, como el hecho de que los terroristas no llamaron directamente a la Policía, sino a la Guardia Urbana, a un diario y a Hipercor. Y que en esa sucesión de llamadas, la Policía perdió información, como que la bomba podía estar en el párking
La llamada de ETA a la policía municipal, ésta se la comunicó a la sala del 091 diciendo que había una amenaza de bomba y que explotaría a las 15:30 h, sin más datos. Si la banda no da el aviso a quien toma medidas en casos así, el riesgo es que se pierda o se deforme parte de la información, que fue desagraciadamente lo que ocurrió. E Hipercor no avisó a la Policía, intentó resolver el tema por sus propios medios, con sus vigilantes jurados.

Entrevista a Ferran Cardenal EN Crónica Global GALA ESPÍN Barcelona

- Tras la desarticulación del comando de Hipercor, llegan tres años de cierta inactividad de ETA en Cataluña. Pero, en 1990, vuelve con atentados como el coche bomba contra policías en Sabadell…
En septiembre de 1987 se desarticuló el comando de Hipercor y el siguiente asomó la cabeza un año después, con un incidente en su piso de la calle Sagrera tras el cual desaparecieron Juan Carlos Monteagudo y Juan Félix Erezuma, sus dos componentes. Pero en 1990, reaparece con el robo de una troqueladora de matrículas en Sant Andreu de Llavaneras, un incidente con la policía municipal de Sant Cebrià de Vallalta, y ahí empiezan otra vez a instalarse, en casa de una militante del Partido Comunista Internacional (PCI), en Montcada i Reixac. Y siguieron actuando. Primero, con un atentado en Sant Carles de la Ràpita. Y luego atentaron contra un vehículo de policías que se dirigían a vigilar un partido de fútbol en Sabadell, poniendo un coche bomba que mató a seis de sus ocho agentes. Fue el ataque más mortal de ETA contra policías en Cataluña. Y en 1991 se produjo el tremendo atentado de Vic.
- Ese atentado de Vic fue doblemente sangrante porque, además, de los nueve muertos que ETA causó, cinco eran menores. Y lo hicieron a sabiendas, según explica en el libro...
Lo de Vic fue especialmente cruel porque vieron a las víctimas que iban a causar antes de dejar caer el coche bomba por la pendiente de entrada del cuartel al patio. En el juicio, cuando le preguntaron al terrorista superviviente de ese comando cómo era posible que, viendo a los niños, hicieron explotar el coche, la respuesta de Zubieta Zubeldia fue: nosotros no tenemos la culpa si la Guardia Civil utiliza a sus hijos como escudos para protegerse. Es de una crueldad extrema. El problema no son sólo los números, los 9 muertos y 45 heridos que causaron, sino además todo el drama que dejan: el guardia civil que pierde a una de sus hijas y a la otra le tienen que amputar una pierna; el niño de meses que pierde a sus dos padres… es todo una tragedia.
- ¿Eran los Juegos Olímpicos un objetivo de los terroristas? ¿Si no se llegan a desarticular sus comandos ETA unos meses antes, hubieran atentado allí?
ETA intentó intensificar sus acciones ante la proximidad de los Juegos Olímpicos, la Expo de Sevilla y la capitalidad cultural de Madrid de 1992. Empezaron a activar sus unidades en 1991: el comando Barcelona recibió un miembro más, y esperaba a otro que no llegó porque se desarticuló tras el atentado contra la casa cuartel de Vic. Luego intentaron montar otro, pero no pudieron, y entonces recurrieron al comando de Urrusolo Sistiaga, que venía actuando en Zaragoza, la costa de Levante y Andalucía. Se desdobló porque se aproximaba 1992, y no tenían ninguno en Cataluña. Es decir, el comando de Vic cayó el 30 de mayo de 1991, y en diciembre de ese año, Urrusolo y Narváez ya actuaban en Barcelona, con un primer atentado en la calle Caballero contra dos policías que circulaban casualmente por allí, al cual siguieron varios más.



De manera que: ¿los Juegos Olímpicos eran un objetivo de ETA? No tengo ninguna duda. Se han dado versiones de que, como tales, no eran objetivo de la banda, pero en la Expo de Sevilla, por ejemplo, enviaron un paquete bomba que mutiló a la secretaria de un comisario. ETA se encontró con dificultades para actuar contra los Juegos. Los tenía como objetivo, o por lo menos actuar durante ellos, aunque no fuera en sus instalaciones. Pero no actuaron porque no pudieron: por la caída del comando de Juan Carlos Monteagudo tras el atentado de Vic, por la desarticulación después del de Urrusolo Sistiaga, por las detenciones de la cúpula de la banda en Bidart y las de sus sustitutos, y por la propia planificación de la seguridad de los Juegos Olímpicos. En julio, ETA, a través del periódico Egin, hablaba de una “tregua” y de un “inicio de conversaciones”, lo cual demostraba su incapacidad de actuar.
- Después de los Juegos, ETA reanudó sus ataques en Cataluña, atentando contra población civil, como en el Port Olímpic de Barcelona, y contra objetivos turísticos...
Contra objetivos turísticos llevaban tiempo atentando en diferentes poblaciones y empresas, partiendo de la base de que el turismo es una de las principales fuentes de riqueza de España y que, si lo desestabilizan, se lo cargan. El comando Barcelona no había actuado contra intereses turísticos, era otro el que se dedicaba a ello en diversos lugares, de Barcelona, Tarragona… En 1996 fue especialmente grave el atentado contra el aeropuerto de Reus.

Ferran Cardenal, atendiendo a Crónica Global GALA ESPÍN Barcelona

- Y también contra políticos
Policía, Guardia Civil y Ejército eran objetivos permanentes de ETA. En un momento determinado, pasaron a tener prioridad las empresas con intereses franceses, grandes compañías como Empetrol... Y después dirigentes políticos, del PP, del PSOE, del PSC… Mataron a dos concejales del PP en Sant Adrià del Besòs y Viladecavalls, y al exministro socialista Ernest Lluch.
- Gracias a la actuación policial, se evitaron muchos otros objetivos, ¿cuáles?
No se sabe exactamente cuáles se pudieron evitar, pero la actuación policial en Barcelona fue muy eficaz. Ninguno de los comandos llegó a durar un año, otros apenas meses…



Cuando se desarticulan los comandos, se conocen las informaciones que tenían. ¿Cuáles estuvieron a punto de llevar a cabo y cuáles no? A veces ni ellos mismos lo sabían. El primer atentado del comando Barcelona, en 1986, se hizo en la plaza España contra un cuartel porque a los terroristas les había fallado otro contra la Guardia Civil el día antes. A veces sí que estuvieron persiguiendo claramente a un objetivo, como fue el caso del periodista Luis del Olmo, pero muchas otras da la sensación de que, más que improvisar, actúan sin una planificación estricta, por decirlo de alguna forma.
- ¿Y qué importancia tuvo el apoyo local a ETA, por parte de determinados grupos radicales en Cataluña?
Se especuló mucho al principio sobre si ETA venía a atentar en Cataluña por su relación con grupos independentistas radicales y violentos, concretamente con el PSAN provisional, con el que ETA político-militar tenía suscrito un acuerdo en mayo de 1975. Hubo miembros del PSAN provisional que participaron en el intento de asalto al cuartel de Berga, miembros del PSAN de la incipiente Terra Lliure que intentaron cometer atentados por encargo de ETA… Pero esto que en un principio fue así, no fue un elemento indispensable para el desarrollo de su actividad. El primer comando Barcelona, el que actúa en octubre de 1986 y mata en Hipercor en 1987, no tuvo ninguna relación con miembros de apoyo locales. 



El comando siguiente, el de Juan Carlos Monteagudo, sí los busca. Pero ya no en el independentismo radical, que es de donde procedía Monteagudo, sino en la extrema izquierda, en el PCI. Y el siguiente a éste ya no buscó apoyos locales. Unos sí los buscan, otros no… depende. En 1994, ETA envió a [Rosario] Ezquerra a buscar apoyos para montar una nueva estructura de ETA en Cataluña y no los consiguió. Y el independentismo radical, a partir de un momento determinado, intenta alejarse de los atentados de ETA, y condenan el de Hipercor. 
Las conexiones con el independentismo radical vuelven a aparecer en la última etapa de ETA en Cataluña, en los atentados de los años 2000 y 2001.
- ¿Fueron casos aislados y concretos, circunstanciales?
Los tres miembros del último comando también buscaron apoyo de gente de aquí. No sólo para que les facilitaran el alojamiento, sino que cuando se descubre el comando, los acogen, los protegen, e incluso una lleva a Fernando García Jordá a cruzar la frontera. 



De 1994 a 2000 la actividad de ETA descendió, y en 1998 decretó una tregua general. Pero en el 2000 vuelven buscando pisos, no sólo a través de ellos mismos, sino de colaboradores de Cataluña. Es un conjunto de okupas, gente de extrema izquierda, de la Plataforma d’Unitat d’Acció (PUA), un movimiento independentista… es un conglomerado extraño y numerososo, e implicado en la búsqueda de objetivos, que fue lo que sorprendió cuando se desintegró. La sociedad catalana vio con sorpresa que gente vinculada al país hubiese sido capaz de colaborar con quienes habían sido los asesinos de Ernest Lluch.

Entrevista a Ferran Cardenal en Crónica Global GALA ESPÍN Barcelona

- El rechazo a ETA en Cataluña ha sido generalizado y siempre ha habido mucho consenso en esta cuestión, con manifestaciones masivas de repulsa, pero aún así, en algún caso, ¿quizá faltó algo más de empatía hacia las víctimas?
Hay un tema que quizá no destaco lo suficiente en el libro. Las primeras elecciones al Parlamento Europeo fueron el 10 de junio de 1987, es decir, nueve días antes del atentado de Hipercor, y dos antes del de Empetrol. Y Herri Batasuna (HB), con Txema Montero como cabeza de lista, obtuvo en Cataluña más de 39.600 votos: casi tres veces más que en Madrid, y unos 800 votos menos que en Navarra.



¿Esto supone que había un apoyo social a ETA? No, pero es un porcentaje de voto importante. Es cierto que, al final del franquismo y al principio de la democracia se consideraba a ETA una especie de pionera en la lucha contra la dictadura, y en los años 1974-1975 hubo un cierto movimiento de simpatía, que se fue perdiendo a medida que cometieron atentados. Los independentistas, incluso de sectores radicales, se desvincularon de ella, hasta que al final apareció esa extraña alianza de gente a título personal que comentaba antes. 



La manifestación contra el atentado de Hipercor fue espectacular. El rechazo global de la sociedad catalana contra ETA fue evidente. La colaboración de los ciudadanos con la Policía y la Guardia Civil para luchar contra ETA fue importantísima, y en muchas ocasiones, clave para empezar a desenredar la madeja y llegar a los éxitos. Y la estoicidad con la que se aguantaron los cierres de ciudad y las operaciones jaula no tiene nombre. La conducta de rechazo total a ETA, de forma global, fue algo fundamental.
- Se lo preguntaba porque usted en el libro recuerda que, tras el atentado de Vic, en esta localidad se guardaron los cinco minutos de silencio por las víctimas, pero no hubo una manifestación, ni se puso una placa en su memoria hasta 18 años después, o un homenaje hasta los 25…
Lo de Vic fue algo extraño. Vic se volcó en un primer momento, lo viví la noche del atentado y al día siguiente, pero después apareció un extraño sentimiento, fomentado por un determinado nacionalismo, no violento… En diciembre se hizo una manifestación contra la ubicación de la nueva casa cuartel. Lo de Vic tiene aspectos contradictorios. Albert Oms, que es un periodista de la zona, dice que Vic quiso olvidar. Costó poner una placa, que se hizo en memoria de todas las víctimas de ETA, y a los 25 años del atentado, la actual presidenta del Parlament de Cataluña, Anna Erra [entonces alcaldesa], con la Asociación de Víctimas del Terrorismo (ACVOT), hizo un acto de desagravio en la ciudad. Aquellas víctimas del atentado de Vic eran sus vecinos, y varios de ellos siguen viviendo allí. Entiendo que faltó algo, empatía, sí.
– Pero la colaboración con la Generalitat fue buena, incluso usted destaca el apoyo de Jordi Pujol en momentos muy difíciles
Sí, sí, Pujol estuvo siempre muy contundente contra ETA. Además, había el temor de que se vinculase a ETA con Terra Lliure, que había tenido contacto real en sus orígenes.
– El título de su libro lo resume todo en tres palabras: ETA contra Cataluña

Se titula así porque ETA no vino aquí más que a conseguir sus objetivos. Aquí mató incluso más que en otros lugares de España. ETA fue una pesadilla en Cataluña. Madrid y Barcelona se convirtieron para los terroristas en dos puntos clave: por su trascendencia, su importancia, por los acontecimientos previstos en 1992, por la conurbación, porque un atentado en Barcelona tiene más repercusión que en otro lugar…

En Cataluña cometieron 75 atentados. El número de fallecidos fue 55 (30, civiles), y pudieron haber sido más, porque fracasaron algunos que les salieron mal. Y causaron mucho daño y unas tragedias espeluznantes. Una de las víctimas de Hipercor, por ejemplo, perdió allí a su mujer y sus dos hijas. En Vic, un niño de meses se quedó sin padres, y padres que perdieron a sus hijos. Y los heridos causados esos años fueron 224, casi todos civiles.



Hay algo que me llama mucho la atención, y es que el primer civil asesinado por ETA en Cataluña fue en un atentado que se produjo el 2 de abril de 1987, en la avenida Meridiana contra un coche patrulla de Tráfico de la Guardia Civil cerca del cuartel de Navas de Barcelona, con [Domingo] Troitiño activando una bomba a distancia desde una boca del Metro. La reivindicación que hizo ETA de ese atentado fue que era una acción cuidadosamente planeada, y que lamentaban que se hubiera visto afectado un civil, advirtiendo a los ciudadanos de que no circularan cerca de cuarteles. Tres meses después, atentaron contra Hipercor.



En definitiva, he intentado que el libro fuera historia y memoria. Con hechos, datos e impresiones personales.
- Explica interioridades en el modo de funcionar de ETA que ponen la piel de gallina...
Me consta por una fuente de información muy sólida que brindaron con champán después del atentado de Hipercor. Son cosas que duelen, como el caso del terrorista que trajo a su hijo y lo utilizaba al hacer seguimientos, metiéndolo en el coche para no levantar sospechas. O el comentario que hacen al regresar a casa después de un atentado, diciendo había salido bien, que habían muerto seis policías. O que tras los de Hipercor y Vic pusieran la televisión para seguir los acontecimientos… da escalofríos.