Tras el paréntesis de la pandemia, vuelven los correbous, un espectáculo consistente en arrastrar a los toros con cuerdas (ensogado) o colocarle fuego en los cuernos (embolado). El Parlament prohibió hace 12 años las corridas de toros, pero no estos festejos en los que se maltrata al animal. El motivo de ese doble rasero es estrictamente electoral. ERC y Junts per Catalunya tienen su caladero de votos en esos 31 municipios que todavía celebran correbous.

Recientemente, el presidente Pere Aragonès descartó prohibirlos. "Es un proceso que tiene que ir avanzando y que, para que así sea, se tiene que trabajar conjuntamente con los ayuntamientos. Si es visto como una imposición de Barcelona, no lo conseguiremos”, afirmó el dirigente republicano.

“Tenemos una clase política cobarde y las declaraciones de Aragonès son ridículas”, denuncia Toni Teixidó, coportavoz de la Coordinadora para la Abolición de los Correbous de Cataluña. Esta entidad cifra en 31 el número de municipios en los que todavía se celebran estas fiestas, la inmensa mayoría situados en las Terres de l’Ebre.

Connotaciones nacionalistas

“¿Seguimiento? ¿Tradición? En esos municipios residen 140.000 personas mientras que, en toda Cataluña, viven 7,6 millones de personas. Si descontamos a los antitaurinos y menores, calculamos que los defensores de los correbous no pasan de 70.000. Es decir, un 0,9% de la población catalana”, explica el activista.

En 2010, el Parlament reformó la ley de protección de los animales con la finalidad de prohibir las corridas de toros y espectáculos que incluyan la muerte del animal. Sin embargo, excluyó de esas prohibiciones “las fiestas de toros sin muerte del animal (correbous) en las fechas y localidades donde se celebran de forma tradicional". "En estos casos, está prohibido inferir daño a los animales", indica el texto legal.

Teixidó denuncia las connotaciones nacionalistas que estuvieron detrás de la abolición taurina. “ERC y Junts presentaron las corridas como una costumbre española, cuando en realidad, la tauromaquia es una costumbre ancestral de toda la cuenca mediterránea, incluida Cataluña. En cambio, se dejó fuera de la protección de los animales a los toros embolados y ensogados por miedo a perder votos en las Terres de l’Ebre. Hemos hablado con todos los partidos, pero nadie se quiere comprometer. Solo el PP es coherente y dice claramente que defiende esas fiestas. Al menos no nos hacen perder el tiempo. La presencia del PSC en esos territorios es casi residual, por lo que debería ser valiente y abordar el tema”, denuncia.

Infiltrados

El activista, que a lo largo de estos años se ha infiltrado en este tipo de festejos constatando un exhibicionismo varonil que se intenta inculcar en los menores, es uno de los firmantes de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que, en 2017, se presentó en la cámara catalana con la finalidad de modificar la ley de protección de los animales para “establecer una protección integral de todos los animales y no puede dejar al margen los correbous en todas sus modalidades, ya que objetivamente implican humillación y maltrato al animal que le provocan dolor, estrés, sufrimiento y, finalmente, la muerte”. La ILP fue admitida a trámite y sigue su curso, pero ha quedado en suspenso por decisión de los propios promotores a la espera del momento idóneo para emprender la fase final.

"Ni ético ni estético, es patético y ridículo"

En opinión de la licenciada en Derecho y Filosofía Virtudes Azpitarteautora del libro Nietzsche y los animales. Más allá de la cultura y la justicia (Tirant lo Blanch), se trata de "un espectáculo difícil de digerir. No puede decirse que sea ético ni estético, es patético y ridículo. Los que nos indignamos nos preguntamos cómo el Gobierno catalán prohíbe las corridas de toros, pero no estos eventos festivos crueles y

patéticos. 
Tendría que ser el mismo bien jurídico protegido, la misma argumentación jurídica. Una vez más queda en evidencia la labor de políticos y legisladores que no ven más que una rentabilidad en votos".

Virtudes Azpitarte con su nuevo libro 'Nietzsche y los animales' / EP

Para Azpitarte, "la tradición no es un argumento. La tradición no es valorativa, no justifica ni legitima nada, mucho menos el sufrimiento de un ser vivo. Las costumbres son históricas y cambian con el tiempo. Se llama progreso. Se dice que son cultura, pero la cultura es evolucionar, ampliar tu mentalidad y tu círculo de empatía. Si no hay cambio, la cultura de un pueblo se estanca y se pudre. Es poner trabas a la evolución y

al crecimiento de la humanidad".

"No olvidemos --añade-- que estas torturas se financian a cargo del erario público y aquí sí podemos objetar y gritar: ¡no con mis impuestos! Es un claro caso que nos permite desobedecer las normas tributarias".

Elecciones

Los animalistas admiten que la proximidad de elecciones municipales de 2023 complican cualquier avance en este sentido. Aïda Gascón es directora de AnimaNaturalis, una de las nueve asociaciones que en 2019 se unieron en Cataluña para combatir la práctica de los correbous. Es una de las activistas agredidas en Mas de Barberans (Tarragona) en 2021 cuando se disponían a grabar un correbou.

“Tras la pandemia, hemos visto que se recupera la normalidad en la celebración de estos espectáculos. No notamos que haya incremento, al final los pueblos son tradicionales y mantienen las mismas fechas. Calculamos que hay 450 espectáculos con toros y vacas”, explica a este medio. Hace tres años, esta plataforma de asociaciones logró que En Comú Podem presentara una propuesta de resolución en el Parlament para prohibir los correbous.

La PL de comunes y CUP

Tras el parón de la pandemia y las elecciones autonómicas, los animalistas recuperaron su ritmo de trabajo y los contactos con los partidos políticos. “Hemos tenido que explicarlo todo de nuevo, pero conseguimos que comunes y la CUP hayan presentado una proposición de ley (PL), que está pendiente de su debate en comisión”, añade Gascón. “O se tramita en septiembre o ya sería después de las elecciones municipales. Los partidos tienen miedo de que sus posturas influyan en su voto. Y eso que se lo hemos puesto fácil”, afirma la activista. La PL solo contempla la prohibición de tres modalidades: los toros embolados, los toros ensogados y los toros a la mar. Esta última práctica, consistente en azuzar al animal en playas y puertos para que acabe en el agua, ya no se celebra en Cataluña.

Toni Teixidó asegura que su coordinadora lleva tiempo intentando reunirse con comunes y la CUP, pero “no nos reciben desde la pandemia. Nosotros queremos la abolición y la PL solo contempla la prohibición de un 20% de las vaquillas. Estos partidos solo buscan el voto sin enfadar demasiado a sus electores, sobre todo la CUP”, denuncia.

Cien fiestas con toros embolados

“La mayoría de los catalanes se avergüenzan que haya todavía cien fiestas de toros embolados”, asegura Gascón. Su asociación participará el próximo 3 de septiembre en una manifestación en Vidreres (Tarragona) consistente en un encierro de activistas disfrazados de dinosaurios para denunciar que la tauromaquia es prehistórica. O no tanto, si se tiene en cuenta, como recuerda la directora de AnimaNaturalis, que hasta 2016, en Badalona se celebraban correbous.

El único municipio de la provincia de Barcelona que todavía celebra este tipo de espectáculos es Cardona. En Santpedor (Barcelona), los vecinos votaron a favor de prohibir las vaquillas en 2019 y este año no se han celebrado, pero los colectivos taurinos han hecho una recogida de firmas para celebrar otra votación con la esperanza de recuperar las fiestas.

Incidentes este año

Aïda Gascón se muestra muy dura con los incidentes ocurridos este año en Amposta y L’Aldea, donde varios toros perdieron el conocimiento y tuvieron que ser arrastrados. “Presentaremos denuncias contra los municipios, no sabemos si llegaron a morir los animales y si se ha sancionado a los responsables municipales”, afirma.

Mientras tanto, el Ayuntamiento de Tavernes de la Valldigna (Valencia), gobernado por Compromís y PSPV, acaba de prohibir los correbous, que este año, han causado siete muertos en toda la Comunidad Valenciana.

Los toros ensogados o "correbous" tienen un gran arraigo en las tierras del Ebro / PACMA

La lucha de PACMA

PACMA lleva años luchando contra festejos taurinos populares y contra la tauromaquia en general. "Es increíble que las administraciones destinen cifras incalculables de dinero público (decimos incalculables porque realmente es imposible saber cuánto dinero se destina de nuestros bolsillos por parte del gobierno central, las diputaciones y los ayuntamientos) en organizar eventos que tendrían que estar totalmente erradicados desde hace décadas. Somos un país a la vanguardia en maltrato animal con más de 17.000 festejos cada año, a cada cual más bestial que el anterior", afirma la portavoz nacional del partido, Yolanda Morales

Considera que, a pesar de que la afición taurina "decae a la vez que aumenta la sensibilidad social en general con los animales, el lobbie sigue siendo muy potente. Es rentable para muchos criadores, organizadores de eventos, escuelas, matadores y para todo el mundillo que la rodea en general. Tras dos años de pandemia, en estos momentos estamos viviendo un auge que tiene por objetivo sacar la máxima rentabilidad posible a los animales que no han podido explotar durante el confinamiento. Sabíamos que iba a ocurrir algo así y no nos sorprende, pero siempre nos apena. No salimos mejores de la pandemia. Las imágenes que nos llegan son violentas. Se ceban con odio hacia los animales y pagan sus problemas y frustraciones con ellos. Es verdaderamente penoso". 

Morales advierte de que "toda forma de tauromaquia es cruel, prescindible y despreciable. En esto incluimos todas las modalidades de bous al carrer. No podemos decir una sola cosa buena, educativa, constructiva o útil. Son fiestas que deben desaparecer y que sacan los peor de la gente".