El Ayuntamiento de Barcelona ha sido escenario este viernes, 26 de mayo, de uno de los Plenos más surrealistas de la época Colau. Una situación que evidencia la falta de liderazgo de todos los grupos municipales, incapaces de ofrecer una alternativa a la falta de gestión de los comunes, que han llegado al ecuador de su mandato. 

El gesto serio del teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, le acompañó durante todo el Pleno, su segundo como alcalde accidental desde que Ada Colau dio a luz a su segundo hijo en abril. Tocadas las diez de la mañana, hora de inicio de la sesión, se apresuraba a recordar a todos los grupos que debían tomar asiento para empezar.

Un grupo de personas con movilidad reducida pretendía seguir el Pleno desde una de las entradas de la sala Pi i Sunyer del consistorio, pero no cabían. Su principal queja: “Más respeto”. Pisarello respiraba hondo antes de recordarles que tenían todo el derecho de acudir a la sesión, pero debían permitir que se celebrase con normalidad.

El mes que lleva ocupando el puesto de la alcaldesa no parece haberle sido muy favorable. Así se lo han recordado todos los grupos de la oposición en un repaso por los dos años de mandato de los comunes y, en particular, por las ausencias del primer teniente de alcalde desde que ocupa su nuevo cargo.

Censura contra Colau

Una de sus primeras críticas ha sido para Joaquim Forn, portavoz del grupo Demócrata, por crear y repartir el diario El Run Run, publicación con la que los exconvergentes pretende hacer balance de los dos años de gobierno de Colau, lanzar el mensaje subliminal de que el aparato de comunicación del consistorio está al servicio exclusivo de los comunes y suspender su gestión al frente de la ciudad. “Están cayendo en un populismo propio de los seguidores de Trump”, le ha espetado Pisarello.

Joaquim Forn, portavoz del grupo Demócrata en Barcelona, en el pleno municipal de mayo

Joaquim Forn, portavoz del grupo Demócrata en Barcelona, en el Pleno municipal de mayo / CG

Son los antiguos convergentes quienes han presentado una proposición donde censuran la acción del gobierno municipal y piden un cambio de rumbo en su política. Una propuesta que ha recibido el apoyo de C’s, ERC y PP, el voto en contra de BComú, PSC y la CUP y la abstención del concejal no adscrito, Gerard Ardanuy.

El adiós de Garganté

Los reproches a la actuación municipal han sido uno de los platos fuertes de un pleno marcado, también, por la despedida del concejal de la CUP Josep Garganté, que ha recordado a las dos presas detenidas por su vinculación con la banda terrorista ETA. Ha definido el consistorio como una “institución burguesa que es parte del problema y no de la solución” y ha elogiado a los vecinos por estar al pie del cañón gobierne quien gobierne.

Garganté deja la silla a un sustituto que todavía no está decidido, como tampoco está claro quién ocupará las primeras filas de cada grupo municipal en las próximas elecciones de 2019. Carina Mejías, portavoz de Ciudadanos, aseguraba a este medio que se veía perfectamente como candidata a alcaldesa pero no negaba que hubiera otras alternativas.

Josep Garganté, miembro de la CUP Barcelona, en su último Pleno como concejal / CG

Josep Garganté, miembro de la CUP Barcelona, en su último Pleno como concejal / CG

Como tampoco lo hacía Alberto Fernández, presidente del PP en Barcelona, tras reiterar que la lucha por la alcaldía de la capital catalana podría protagonizarla tanto él como cualquier otro. Ni siquiera el citado Joaquim Forn parece convencer en sus propias filas, que apuestan por otros nombres como Pilar Rahola, Joana Ortega o Santi Vila.

De momento, Ada Colau solo tiene 11 concejales --15, con los cuatro del PSC, con quien tiene un pacto de gobierno-- y la fractura de los grupos de la oposición le permite llevar a cabo acciones como la de aprobar unos presupuestos que nadie apoyaba, a través de una moción de confianza que no consiguieron desbancar.

Faltan dos años para las elecciones, pero se da la doble paradoja de que todos los grupos actúan en clave electoral, empezando por los comunes, pero que ninguno de ellos tiene aún un cabecera de lista. Incluso la candidatura de la propia Colau está pendiente de las elecciones autonómicas y de las expectativas demoscópicas.

Interrupciones

Ese panorama se reflejó en la larga sesión plenaria de ayer al más puro estilo Berlanga: Pisarello fue interrumpido en varias ocasiones cuando todavía no había ni dado por empezada la sesión. Una tribuna de invitados a rebosar era el foco de las protestas. “¿Por qué ellos tienen prioridad?”, preguntaba una mujer refiriéndose a cinco coreanos que fotografiaban la escena con sus teléfonos móviles. Uno de ellos giraba la pantalla e intentaba hacerse un selfie con la mujer quejosa. “¡A mí no me hagas fotos!”, espetaba ella tapándole la pantalla.

Los cinco coreanos, mal llamados chinos por la mayoría de los presentes en la sala, despertaron la curiosidad general de los grupos, que se preguntaban unos a otros quién los había invitado a la sesión. Uno de los rumores principales era que Crónica Global era la responsable, tras publicar la información del desplante del alcalde accidental a los empresarios asiáticos del Centro Europeo de Medicina China que tenía que instalarse en Barcelona y finalmente lo hará en L’Hospitalet. El otro rumor, aún más jocoso, apuntaba a una infiltración del Gobierno de Núria Marín.

Los coreanos aclararon finalmente el enigma: eran policías disfrutando de unas vacaciones en la Ciudad Condal que quisieron entrar en el pleno para ver cómo funciona Barcelona. A la vista del resultado de la sesión, es dudoso que vayan a adaptar el modelo para trasladarlo a su país.

Todo ocurría bajo la atenta mirada de la Síndica de Barcelona, Maria Assumpció Vilà, que observaba la escena convirtiéndose en el personaje más discreto de la jornada.