Las celebraciones por el retorno del exconseller Lluís Puig a Cataluña tras hacerse efectiva la amnistía con la que le premió Sánchez han sido menos espectaculares de lo previsto.
Es cierto que Puig no es precisamente el tipo con más carisma entre los dirigentes del procés (su principal virtud es su profundo conocimiento del mundo sardanista y de las danzas folklóricas), pero había quienes esperaban un recibimiento apoteósico tras pasar una década fugado de la justicia en la tierra de los mejillones.
A Puig apenas le esperaban varios cientos de activistas y algunos dirigentes de Junts en Terrassa, su localidad de nacimiento, que le han homenajeado al grito de “independencia” antes de irse a casa a cenar.
Todo con el habitual tufillo casposo que hace ya mucho tiempo que desprenden los actos del nacionalismo catalán.
Un día después, Puig ha hecho el paseíllo por el Parlament, donde le han rendido honores los representantes del independentismo más decadente, entre ellos, Artur Mas (quien inició el procés pero salió indemne de su fracaso), Oriol Junqueras (amnistiado tras ser condenado y encarcelado por sedición), Quim Forn (recolocado en Mediapro tras pasar una temporada en Estremera, Soto del Real y Lledoners), Laura Borràs (indultada tras ser condenada por corrupción en comandita con un narcotraficante) y el rapero Valtònyc (condenado por enaltecimiento del terrorismo, injurias y amenazas, y huido hasta la prescripción de la pena).
El president Illa también ha recibido a Puig, que es diputado en la Cámara autonómica. Eso sí, lo ha hecho en un “encuentro discreto y privado”, muy en la línea del dirigente socialista.
Lo cierto es que las calles no han vibrado con la vuelta del primero de los fugados, aunque habrá que ver cómo son los próximos ongi etorris.
El siguiente es el de Toni Comín. Este fin de semana cruzará la frontera a pie. Eso sí, antes se ha apresurado a ir a Madrid para acatar la Constitución y así poder recoger el acta de eurodiputado que le da acceso a un suculento sueldo.
Y, tras estos aperitivos, faltará el retorno de Puigdemont, para el que todo apunta que tendremos que esperar a que pasen las elecciones generales del 29N.
Aunque los amnistiados venden su regreso como una gran victoria, la sensación es que el mundo independentista está muy desmovilizado y que estos recibimientos apenas son un gris epílogo del procés.
Sin embargo, y a pesar de que los secesionistas no han conseguido sus objetivos principales, sería imprudente pensar que su proyecto está enterrado.
De hecho, en cada acto siguen recordando que lo volverán a hacer… en cuanto tengan la oportunidad.
Quizás los partidos constitucionalistas deberían no olvidarlo.
