La política es un disparate. Feijóo ha arrancado la carrera hacia las urnas en su línea, perdido, desnortado, con medias propuestas y propuestas medias que suenan bien, pero extrañamente aplicará si llega a la Moncloa. Además, están mal desarrolladas.
Se ha armado la de Dios es Cristo a raíz de la exposición del Contrato con España que el dirigente popular ha presentado como promesa firmada si logra gobernar. Humo. Muy buenas intenciones, hasta 12 conceptos, pero puro humo. Nada concreto.
De entre todos esos puntos, el nacionalismo catalán, en el que hay que incluir siempre al PSC, se ha fijado en el 8. En el que se refiere a la educación y a la lengua. Y dice algo tan transgresor como “se garantizará la enseñanza del castellano en toda España y de las lenguas cooficiales en sus respectivas comunidades autónomas”.
Nótese que lo dicho es una perogrullada. La enseñanza DEL castellano ya se garantiza. Lo que no ocurre –y puede que sea lo que quisiera decir, pero no sabe, de ahí el enfado de los defensores de la llengua– es la garantía de una enseñanza EN castellano. La cosa cambia.
De todos modos, no es creíble. Cuando el PP ha gobernado con mayoría absoluta, no ha conseguido convertir su defensa del castellano en una aplicación general y efectiva de un modelo bilingüe en Cataluña. Tampoco Feijóo ha sido muy taxativo nunca al respecto. Quiere tener contentos a todos, y así logra lo contrario.
Hace unos años propuso trasladar a Cataluña el modelo que había fijado en Galicia, que consiste en equilibrar las dos lenguas oficiales. No necesariamente deben estar al 50%; en algunos lugares se necesita reforzar más una que la otra.
Ahora bien, en Galicia gobernaba sin rival. Tocar el asunto de la lengua en Cataluña no le será tan fácil. Tampoco explica cómo pretende hacerlo. Quién sabe si incluso necesita los votos de Junts para suceder a Sánchez. Inviable es una manera de verlo.
Tampoco acierta con su candidato por Barcelona si quiere abordar el asunto de la lengua. Xavier García Albiol no es precisamente un sospechoso habitual de connivencia con el nacionalismo catalán, pero en meses recientes ha constatado el descenso del uso del catalán y hasta mostró su apoyo al Pacte Nacional per la Llengua.
El PP catalán le tiró de las orejas y el alcalde de Badalona tuvo que rectificar. De repente, solo le gustaban “algunos puntos” de ese pacto nacionalista, pero no todo el paquete.
Para quien lo haya olvidado, ese pacto lingüístico defiende que el catalán es “lengua propia” de Cataluña y uno de sus objetivos es “garantizar que sea la lengua normalmente usada como vehicular y de aprendizaje del sistema educativo”.
Dicho esto, ¿qué credibilidad tiene Feijóo en esta materia (y en otras)? La misma, imaginemos, que la de aquellos que defendían que no habría amnistía “ni nada de eso” y ahora aplauden con las orejas esta medida que hace diferencias entre ciudadanos. En política, las promesas se firman antes de gobernar. La credibilidad se demuestra después.
