El empresario catalán Joaquín Folch-Rusiñol Corachán vendió en 2021 su negocio de pinturas Industrias Titán por 83 millones de euros. Cualquiera en su lugar estaría disfrutando de un lógico descanso, tras una vida coronada por el éxito.

Pero no ha sido así. A sus tempranos 73 años de edad, sigue en la brega del mundo de los emprendedores por medio de la corporación Fábricas Folch, con cuartel general en la localidad de Gavà, próxima a la Ciudad Condal.

De sus dimensiones dan una idea los guarismos del balance de 2025. Los activos consolidados se cifran en 135 millones y los recursos propios, en 111. La facturación ronda los 43 millones. El conjunto abarca diez filiales dedicadas a un doble menester. Uno es el comercio especializado. Y el otro, la inversión inmobiliaria.

El primero corre a cargo de la sociedad Corver, constituida en los años sesenta por el padre de Folch-Rusiñol con el propósito de diversificar la actividad, hasta entonces centrada en Titán.

En sus inicios actuaba como un taller dedicado al mantenimiento y reparación de automóviles de alta gama. Con el tiempo, viró hacia la distribución de recambios y accesorios.

En su cartera figuran hoy las marcas AP Racing, Cardo, Castro, DID, Five, Forcefield, Hiflofiltro, JT, Shoei, Sidi y Yuasa. Sus clientes son las tiendas del sector, los distribuidores y los talleres.

En cuanto a los bienes raíces, prima una tendencia al atesoramiento. Este renglón es el que más recursos ha movilizado hasta la fecha. En su acervo figuran naves logísticas y edificios residenciales valorados a precio de coste en 34 millones.

Joaquín Folch-Rusiñol prosiguió el año pasado su apuesta por adentrarse en campos ajenos a sus líneas de actuación habituales.

Con tal fin, desembolsó 12,3 millones para hacerse con el 48% de la firma dubaití Medes, dueña de un céntrico hotel de 230 habitaciones en aquel emirato del golfo Pérsico. Casi de inmediato, otorgó la gestión del establecimiento al grupo mallorquín Barceló, que lo rebautizó como Barceló Business Bay.

Es de recordar que la historia de Titán se remonta a 1917, cuando se funda en la barriada barcelonesa de Pueblo Nuevo —hoy Poblenou— por iniciativa de Joaquín Folch Girona, nieto del banquero Manuel Girona, que fue alcalde de Barcelona. El pionero se casa con una hija del pintor Santiago Rusiñol.

Le sucede al frente de Titán su hijo Alberto, desposado con Margarita Corachán, hija del prestigioso médico impulsor del centro hospitalario del mismo apellido, ubicado en Sarrià-Sant Gervasi.

Titán se mantiene durante muchas décadas como el mayor fabricante autóctono de pinturas decorativas y el segundo del escalafón nacional, por detrás del grupo holandés Akzo.

Tras el fallecimiento de Alberto Folch a finales de los 80, la propiedad pasa a la tercera generación, encarnada en Joaquín Folch-Rusiñol Corachán. Bajo su mando sigue progresando a paso de carga. Finalmente, hace ahora cinco años, Akzo cursa una oferta irresistible al magnate y éste se desprende de la compañía que durante un siglo había pertenecido a su familia.

El trasiego clausura una etapa fecunda, pero no pone punto final a la estirpe de los Folch-Rusiñol. Joaquín conserva las riendas de un patrimonio diversificado que ya no depende de la pintura, y que desde Gavà hasta Dubái sigue ensanchando sus horizontes vitales.