El título de esta Zona Franca es una cita textual de un directivo en el rango de consejero delegado que se desplazará entre Barcelona y Madrid los próximos días. Este profesional parece ya no confiar en que el AVE le sirva para despachar asuntos en la otra gran ciudad española y regresar el mismo día.
No es el único. Según hemos explicado en Crónica Global en los últimos días, cerca de un 15% de pasajeros ya han desertado de la alta velocidad este mismo año. Y es que esta infraestructura ha sufrido el impacto de las llamadas limitaciones de velocidad impuestas tras el trágico accidente de Adamuz (Córdoba).
Cuando empezaba a recuperarse y los pasajeros aún fieles ya calculaban que un Madrid-Barcelona les costaba cerca de tres horas y media en cubrir, la ruta volvió a ralentizarse por el incendio de un convoy en Aragón el pasado fin de semana.
El incidente y sus consecuencias parecen haber tenido impacto en la línea de alta velocidad. Los viajeros se dirigen hastiados a este medio. Exigen no soluciones —no hay chistera de la que sacar un conejo con la varita mágica—, sino fiabilidad.
Los tránsitos de ocio, pero sobre todo los de negocio, requieren que el transporte público funcione. Si un profesional cualquiera tiene reuniones o un compromiso en la otra gran urbe patria, necesita saber que llegará a tiempo.
Si su viaje es una lotería, se abstendrá de hacerlo, o se inclinará por celebrarlo a distancia, una modalidad que llegó con la pandemia, avisó que venía para quedarse, pero ha terminado quedando en nada. España es un país de negocios presenciales, de contacto humano. Teams y Meet son soluciones viables, pero no sustituyen el tan manido apretón de manos.
Ahora mismo, alcanzar esa reunión, conferencia o ágape de trabajo sugiere coger el avión, como hará el directivo de rango CEO cuya cita literal encabeza este artículo. "No te puedes fiar del AVE" ya no es una alocución catastrofista de los enemigos del tren, sino que es una frase pronunciada por cada vez más gente.
Frente a ello, se impone que los responsables se pongan a trabajar con metas claras y objetivos tangibles. El AVE debe volver a ser fiable, porque en ello va una buena parte de las economías de Madrid y Barcelona. Adif y Renfe deben emplearse a fondo. La inestabilidad no puede convertirse en norma.
De lo contrario, a ese CEO que ahora cogerá el Puente Aéreo le seguirán otros más. Y la alta velocidad quedará reducida a los que no tienen más remedio que utilizarla.
