Marchan viento en popa los negocios de Alberto Palatchi, de 77 años, exdueño de Pronovias. Tras desprenderse de su firma de vestidos nupciales por 550 millones, el empresario barcelonés ha transformado el fruto de medio siglo de actividad en una formidable cartera de valores. La administra por medio de Galma, un gigante especializado en sacar partido a su riqueza. Los resultados son espectaculares.
En el verano de 2017, Pronovias había llegado las más altas cotas de su desarrollo. Palatchi recibió una suculenta oferta del consorcio inglés BC Partners, no dejó escapar la oportunidad y enajenó su emporio de trajes de novia y fiesta.
Es de recordar que antes de dicho traspaso, Galma ya atesoraba unos bienes de 700 millones y unos fondos propios de 670, amasados durante su fecunda trayectoria en el mundo de la moda.
Tras propinar el pase y con el procés en pleno auge, Palatchi tomó la decisión de trasladarse a Madrid con sus dineros. El motivo de peso no fue otro que el inicuo y confiscatorio impuesto sobre el patrimonio vigente en Cataluña.
Estableció su residencia personal y la sede de Galma en la Villa y Corte. Han transcurrido nueve años. Ahí sigue anclado, disfrutando las mieles de una segunda juventud.
Lo más llamativo de esta fuga es que en términos económicos le ha ido a las mil maravillas, pues no en vano Palatchi tiene un extraordinario ojo clínico para hacer caja.
Basta con echar un vistazo a los guarismos. En 2025, los activos consolidados de Galma alcanzaron la suma de 2.355 millones y las reservas, 2.230. Dicho con otras palabras, en ambos casos se triplicaron con creces desde que se instaló en la meseta central.
Tal circunstancia se explica porque en ese período se acumularon unos beneficios netos de 1.175 millones, prácticamente lo mismo que Palatchi había reunido durante su larga carrera en el sector textil.
Galma no es una corporación industrial, comercial ni de servicios. Se trata de una entidad meramente financiera. Es dueña de seis filiales, entre las que figura la sicav Gesprisa, la mayor de España por volumen de recursos manejados. Es la joya de la corona, pues canaliza el grueso de los haberes del prócer.
Los tiene colocados en acciones de compañías extranjeras de primera fila y en productos de liquidez inmediata. Sus posiciones en la bolsa española son ínfimas.
Galma mueve tan abultadas cifras con una plantilla de solo seis empleados. Hasta 2024 figuraba un séptimo, que venía ejerciendo labores de alta dirección. Pero Palatchi prescindió de él y desde entonces tales tareas las desarrolla el consejo de administración. Este lo componen el patriarca, que ocupa el doble cargo de presidente y consejero delegado, más sus hijos Alberto como vicepresidente, y Gabriela y Marta como vocales. La secretaría está confiada a Fernando Camps Papiol.
Galma contabilizó el pasado ejercicio una facturación de 242 millones, correspondiente casi por entero a las compraventas de títulos. La sociedad obtuvo un beneficio neto de 268 millones. Y distribuyó un dividendo de seis millones, que fue a parar a Palatchi, en su condición de propietario único.
Al margen de sus posiciones en el parquet, Galma posee tres valiosos inmuebles. Se trata de sendos locales ubicados en las mejores calles de Madrid, París y Milán, y que albergan otras tantas tiendas alquiladas a Pronovias.
Nueve años después de desprenderse de su niña mimada, Palatchi ha conseguido algo que está reservado a muy pocos. En efecto, ha coronado cinco décadas consagradas a vestir a las prometidas, en una fortuna colosal.
Cambió las bodas por la renta fija y variable. La historia sigue siendo la misma. La manufactura se acabó, pero la máquina de generar utilidades continúa funcionando a tope.
