Xavier Salvador, con Sílvia Orriols de fondo
La Cataluña que viene
"El último sondeo electoral publicado empata a Aliança Catalana con el PSC en 30 escaños y deja una sola mayoría operativa posible, la de PSC, ERC y Junts, con 69 diputados. La vivienda encabeza las preocupaciones de los catalanes, igual que encabezó los debates en BCN Desperta!"
Del 30 de septiembre al 2 de octubre, la Casa Seat del paseo de Gràcia acogió una nueva edición de BCN Desperta!
Ochenta ponentes y varios centenares de asistentes en tres jornadas. Por el foro que organiza nuestro grupo mediático pasaron empresarios del agua y de la energía, banqueros, gestores de hospitales, alcaldes metropolitanos, dirigentes políticos y gente de la movilidad y de los viajes. La vivienda ocupó el centro del programa, y no por capricho nuestro.
Lo que salió de aquellas mesas fue una larga lista de deberes que se parece demasiado a la de hace cinco años.
Pisos que no se construyen al ritmo que la demanda exige. Una escuela que acumula conflictos y resultados que no remontan. Rodalies, que sigue siendo Rodalies.
Nadie discutió el diagnóstico. Lo que nadie supo decir es quién tendrá mayoría para aplicar siquiera un tratamiento paliativo.
Mientras en la Casa Seat se hablaba de eso, Ipsos hacía 2.000 entrevistas para La Vanguardia. El trabajo de campo fue del 23 de septiembre al 1 de octubre, casi las mismas fechas. Conviene poner encima de la mesa lo que encontró.
El PSC caería de 42 a 30 escaños y perdería seis puntos. Aliança Catalana pasaría de 2 a 30 y empataría en escaños con los socialistas. Junts se desplomaría de 35 a 16. ERC sería el único partido tradicional que resiste, con 23, tres más. Vox subiría a 18, siete más, y el PP bajaría a 11. Los Comuns se quedarían en 4 y la CUP en 3.
Ahora, las sumas. La izquierda entera, PSC, ERC, Comuns y CUP, reuniría 60 diputados, a ocho de la absoluta.
El bloque independentista alcanzaría 72, mayoría holgada, con un detalle: su primera fuerza sería Orriols, con quien ERC no se va a sentar, y Aliança más Junts se quedan en 46.
Las derechas, si se cuenta a Junts con Aliança, Vox y PP, llegarían a 75. Un catalanismo de Ripoll y un españolismo de Garriga no comparten Govern.
La única mayoría operativa es la de PSC, ERC y Junts, 69 escaños, uno por encima del mínimo. Es decir: la estabilidad depende de que socialistas y posconvergentes, que llevan una década tratándose como enemigos, firmen algo juntos.
Y aquí está el nudo del asunto. Lo que se fragmenta no es solo el Parlament.
La mitad de los catalanes cree que el país va por mal camino y solo uno de cada cinco piensa que va en la buena dirección.
Entre los jóvenes, las opiniones negativas llegan al 60%. Un tercio cita la vivienda como primer problema. La inmigración es el segundo. Entre los votantes de Junts y del PP aparece casi empatada una tercera preocupación que lo dice todo: la propia política.
Las transferencias explican el resto. El PSC solo retiene al 62% de quienes votaron a Illa en 2024, y uno de cada diez se iría con Aliança. Junts conserva al 44% de sus electores y un tercio se marcharía con Orriols. Aliança también pesca en ERC: un 12%. El voto que antes buscaba partidos de orden se va a los extremos.
Giovanni Sartori describió en los años setenta lo que llamó pluralismo polarizado: muchos partidos, polos cada vez más alejados, un centro que gobierna casi por defecto y una competencia centrífuga en la que se gana más alejándose que acercándose.
Lo pensó para la Italia de entonces. Cataluña lo reproduce hoy con bastante fidelidad, solo que con dos ejes de polarización en lugar de uno.
Lo que ocurra en Madrid puede acelerar la deriva. Si el ciclo político español cambia y el PP necesita a Vox para llegar a la Moncloa, cada uno de los dos extremos tendrá el enemigo perfecto para crecer en Cataluña.
Al independentismo le dan 72 escaños sin la mitad de los votos y sin proyecto. El procés inverna. El nacionalismo, no: ha cambiado de piel y ahora habla de inmigración.
El PSC tiene una respuesta, y no es mala. Sigue empatado en cabeza, queda año y medio largo de legislatura y una encuesta no es una foto fija.
En la sede socialista de la calle Pallars confían en que el miedo a Aliança devuelva el voto útil. Solo que la foto tiene detalles difíciles de retocar.
La aprobación del Govern ha caído nueve puntos en un año, igual que la de Illa, que se queda en el 36%. Y crece la percepción de que no cumple lo que prometió. Las promesas pendientes tienen nombres concretos: vivienda, escuela, trenes. Los mismos asuntos que ocuparon tres días de debate en el paseo de Gràcia.
Toca preguntarse quién gana. Orriols y Garriga ganan sin necesidad de gobernar, porque su negocio es la queja.
Junts paga la factura de haber querido competir con Ripoll en su propio terreno. ERC sobrevive como bisagra, con Rufián como único líder aprobado por más de la mitad de los catalanes. Puigdemont, con un 67% de suspensos, ya no es activo de nadie.
Quien paga es el joven que busca piso en el Eixample, la familia que espera plaza en una escuela con plantilla estable y el usuario de la R2 de Rodalies que llega tarde por tercera vez esta semana.
El centro catalán ocupó durante décadas el espacio desde el que se gobernaba este país. CiU lo convirtió en programa y el seny en método.
Junts lo abandonó por la vía unilateral y ahora corre detrás de Aliança. El PP catalán no ha sabido heredarlo. El PSC lo ocupa a medias y con desgaste.
El seny no figura en ninguna papeleta.
En la Casa Seat, centenares de personas hablaron durante tres días de vivienda, escuela y movilidad.
El próximo Govern necesitará a alguien que sume 68 para hacer algo con lo que allí se dijo.
Hoy, a decir de la demoscopia, ese alguien solo existe si tres partidos que no se soportan deciden soportarse. La Cataluña que viene vuelve a dar miedo.