El sector de los pequeños electrodomésticos es una pálida sombra de lo que fue hace medio siglo. La apertura del mercado interior y la reconversión de la actividad barrieron para siempre las más destacadas sociedades locales. Sus nombres son apenas un vago recuerdo, ecos de un pasado fabril que se fue desvaneciendo con los años hasta dejar apenas huella en el paisaje empresarial de la región.

Con todo, todavía resisten algunas entidades, que han conseguido mantenerse en pie contra viento y marea. Es el caso de la histórica Taurus, con sede en el municipio leridano de Oliana. Hoy pasea su estandarte por un centenar de países. En doce de ellos ha establecido filiales propias.

La firma presenta unas magnitudes económicas relevantes. La facturación consolidada ascendió el pasado ejercicio a 244 millones de euros y registró un beneficio neto de 7,3.

Dispone de plantas en España, sitas en Oliana, Terrassa y Santa Perpètua de Mogoda, amén de Marruecos, India, México y Sudáfrica.

En ellas produce una amplia gama de aparatos y utensilios que facilitan sobremanera la vida hogareña. El surtido comprende, entre otros, robots de cocina, batidoras, picadoras, freidoras, cafeteras, microondas, planchas, hornos, aspiradores, secadores y ventiladores.

El ingeniero Francisco Betriu Tapies fundó Taurus en 1962. Desde el primer momento quiso ubicar la primera instalación en su pueblo natal, Oliana, donde comenzó con apenas media docena de operarios.

Gracias a sus novedosos artículos y a la férrea autarquía que imperaba, en apenas un decenio devino una de las compañías más descollantes de su ramo en el país.

La racha se truncó a comienzos de los noventa. Taurus entró en crisis aguda por la competencia extranjera y cayó en suspensión de pagos con una deuda de 4.500 millones de pesetas, equivalentes a unos 60 millones en euros constantes, es decir, corregidos por la inflación. Los principales acreedores, con creces, resultaron ser Hacienda y la Seguridad Social.

A raíz del percance, la familia titular cedió las acciones por el módico precio de una peseta al ente Eplicsa, brazo inversor de la Generalitat y conocido a la sazón como “el INI catalán”.

Eplicsa se hizo cargo de Taurus. Puso en marcha un severo programa de reestructuración y ajuste de plantillas que engulló cerca de 4.000 millones de pesetas de dinero público.

Cuando ya estaba plenamente saneada, la transfirió a Ramón Termens y a Jorge Tornini, en 1997, por 100 millones de pesetas. Estos avispados directivos habían trabajado en los años setenta en el holding Rumasa, de José María Ruiz Mateos.

Tras hacerse con la propiedad, Termens y Tornini adquirieron de forma sucesiva varias enseñas prestigiosas y consiguieron catapultar las ventas hasta los 200 millones de euros.

En 2018, propinaron su particular pelotazo. Traspasaron el 90% que poseían a sus dos hombres de confianza, Raúl Ubric y Juan Basagaña.

El precio satisfecho no trascendió, pero se presume de grueso calibre, pues en aquel momento Taurus atesoraba un patrimonio de 50 millones.

Desde que tomó el control, el binomio Ubric-Basagaña se ha embolsado 23 millones en concepto de dividendos.

Taurus está dotada ahora de unos recursos propios de 80 millones y cuenta con unos activos de 230.

La corporación alberga en su cartera, además de Taurus, conocidos emblemas como Turmix, Solac, Mycook, Minimoka y Casals.

En resumen, Taurus ha tenido cuatro propietarios a lo largo de su historia. Nació por impulso de Francisco Betriu, pasó después a manos de Eplicsa y, tras su privatización en 1997, fue adquirida por Termens y Tornini. Por fin, estos traspasaron el capital a sus actuales dueños, Ubric y Basagaña.

Pese a tantas vicisitudes, Taurus ha permanecido bajo titularidad autóctona y ha logrado perdurar hasta nuestros días en medio del declive del pequeño electrodoméstico en Cataluña.

Seis décadas después de que el pionero pusiera la primera piedra de aquella humilde factoría de Oliana, Taurus --toro en latín-- conserva toda la potencia y resistencia que evoca su nombre y sigue siendo uno de los escasos exponentes de la añeja tradición industrial vernácula.