Los profesores rebeldes forman otra minoría que recibe demasiada atención.

Algunas de estas causas minoritarias merecen ese interés mayoritario —muchas ni siquiera tienen la capacidad de que se hable de ellas—, pero hay tantas que no…

Recordemos: hay tantas minorías como individuos. Si nos ponemos, no hay telediario para todos. Bien haríamos en atender a los agraviados de verdad.

Mientras reflexionamos, hoy vuelve a ser el turno de los educadores. Nótese que antaño eran maestros; hoy, profesores, o incluso docentes, con mucho menor rango semántico.

El curso acabó caliente por el pulso al Govern de unos sindicatos educativos ávidos de atención. Con huelga tras huelga y amenazas de dinamitarlo todo.

Seguro que una parte de los profesores anda estresada. Seguro que faltan recursos para afrontar todos los cambios que se han producido socialmente.

Pero ¿qué sector, qué profesional hay que se conforme y esté contento con sus condiciones? Pocos.

Sea como sea, el que avisa no es traidor. Se sabía que este curso iba a arrancar con otra huelga. Y nadie ha hecho demasiado para impedirlo.

Aunque, visto el escaso seguimiento de este paro –decenas, cientos de profesores a lo sumo–, tal vez no hacía falta hacer nada. Tal vez no están tan mal como vociferan.

Después de las mejoras pactadas, y ejecutadas ya en parte, meses atrás entre el Govern y otros sindicatos, la protesta se diluye.

En resumen, ha habido normalidad en la vuelta al cole, salvo los atascos que han causado esos pocos protestantes a primera hora.

Unas incomodidades que, por cierto, seguro que les han granjeado más enemigos entre los ciudadanos afectados.

Pagarán justos por pecadores. La minoría marca el relato con su capacidad de hacer ruido con muy pocas nueces. Veremos hasta cuándo pueden sostener lo insostenible.