Los acaudalados hermanos Jordi, José Luis, Xavier y Marc Rubiralta Giralt tienen motivos para descorchar una botella de champán. Tras dos años de ayuno y abstinencia, han vuelto a echar mano de los fondos de su corporación Werfen, dedicada al material hospitalario. Este gigante repartió el pasado ejercicio un dividendo de 34 millones a los cuatro afortunados dueños.

El bocado no es moco de pavo ni grano de anís. Ahora bien, una discreta saga que en los tiempos recientes se acostumbró a recolectar cifras estratosféricas, puede considerar semejante festín poco más que un aperitivo.

José María Rubiralta Vilaseca, fundador de Werfen, falleció en 2012. Sus descendientes heredaron el pujante conglomerado con participaciones sensiblemente iguales, aunque el primogénito recibió un lote más generoso.

Sin perder ni un minuto, pusieron manos a la obra para succionar parte del numerario que su padre había acumulado pacientemente en las arcas sociales durante más de cuatro décadas.

Emplearon dos vías tan directas como expeditivas. Una, la distribución de dividendos. Otra, la compra por parte de la compañía de paquetes de las acciones propias que obraban en poder del cuarteto fraterno.

Se trataba de un banquete pantagruélico, en el que ellos mismos hacían a la vez de cocineros y de comensales. Mediante ese doble mecanismo, se embolsaron en el período 2012-2022 la astronómica suma de 1.530 millones.

Semejante festival pecuniario se truncó abruptamente cuando los bancos que venían financiando a Werfen amonestaron a los Rubiralta. Si estos pretendían acceder a más líneas de crédito, habían de dar un respiro a sus ansias de liquidez. En consecuencia, durante el bienio siguiente se acabó la fiesta. Por fin, en 2025, resonó de nuevo la música celestial del dividendo.

El cambio radical se debe a que, entretanto, Werfen ha reducido a marchas forzadas su deuda con las entidades prestamistas. Con tal finalidad, lanzó dos emisiones de bonos en Irlanda por un importe conjunto de mil millones, con unos cupones respectivos del 4,25% y el 3,6%. El dinero recaudado se destinó a amortizar créditos pretéritos.

La operación permitió aligerar de forma sustancial la carga financiera. De paso, dotó a Werfen de una mayor capacidad de maniobra para que los amos sigan haciendo de su capa un sayo.

Conviene subrayar que las herramientas para aspirar los recursos no se limitan a las dos vías citadas. A su alcance quedan otras varias, que han seguido empleando a destajo.

Por ejemplo, sus firmas patrimoniales, que controlan Werfen, reciben emolumentos anuales por “servicios prestados” a la empresa. En 2025, se cifraron en 6,1 millones, cantidad similar a la que vienen devengando desde hace tiempo.

Asimismo, se llevaron la parte correspondiente en la retribución asignada al consejo de administración, que rondó los 4 millones a repartir entre los once miembros.

Se compone de los Rubiralta, con Marc como presidente; más Alejandro Risso, consejero delegado; y los vocales Germán Venancio Castejón Fernández, Luis Cantarell Rocamora, Belén Romana García, Bárbara López Kunz, Nina Fleurie Beikert y Myra Lynn Davis.

Miquel Roca Junyent, de 86 años, abogado y expolítico, actúa como secretario no consejero del órgano de gobierno.

Werfen facturó el ejercicio anterior 2.130 millones y registró un superávit de 144. Sus activos están contabilizados en 4.500 millones y el patrimonio neto, en 2.160.

El grupo, con sede en Hospitalet de Llobregat, emplea a 7.000 colaboradores y mantiene presencia directa en una treintena de países. Su especialidad es el diagnóstico in vitro. Desarrolla instrumentos, reactivos, controles de calidad y software que se utilizan en hospitales y laboratorios clínicos.

En el área de la coagulación, es el líder mundial con una cuota de mercado del 31%. En otros dos renglones de negocio, los cuidados intensivos y la autoinmunidad, ocupa el segundo lugar. Finalmente, en transfusión y trasplante, es tercero y segundo, respectivamente.

Estas formidables posiciones globales han sido posibles gracias a su departamento de I+D, cuya dotación presupuestaria es ingente. En el último sexenio ha absorbido una inversión de nada menos que mil millones.

El entramado industrial de Werfen consta de ocho centros fabriles, seis de ellos ubicados en EEUU y los otros dos en Alemania y en el municipio barcelonés de Lliçà d’Amunt.

Con el balance libre de ataduras bancarias y gracias a una actividad que crece a buen ritmo, los Rubiralta vuelven a tener libre el camino para exprimir la vaca lechera de Werfen. Después de dos años de sequía, los 34 millones percibidos pueden significar solo el primer sorbo de una etapa pródiga.

Porque si algo ha demostrado la estirpe a lo largo de un decenio es que, cuando hay beneficios y tesorería de por medio, sabe perfectamente dónde está la mesa y quién tiene plaza reservada.