Viví un tiempo en Terrassa (Barcelona) y aprendí lo que significan Manuel Lao y Cirsa. La cocapital del Vallès Occidental albergó un tupido tejido textil e industrial. Y de ese ecosistema nació Cirsa, que ahora será el segundo grupo global de apuestas cotizado del mundo.

Los terrasencs de pro, que acuden a charlar al Amics de les Arts, van al Reina Victoria, pasean en torno a la Masia Freixa o compadrean con los Minyons, conocen la colosal contribución que han hecho la familia Lao y su empresa. No solo a nivel fiscal, que también, sino como ejemplo de emprendimiento y compromiso social con el tupido tejido social, deportivo y cultural de la urbe catalana.

A mucha menor escala —por facturación al menos, que no por mérito, igualmente destacable— la fusión de Cirsa con la italiana Lottomatica recuerda al éxito de la también egarense Frime, empresa lomera de salmón comprada por la india Captain Fresh en 2025. Cuando se integró en la multinacional, la catalana ingresaba del orden de 180 millones de euros al año.

Estamos hablando de dos ejemplos, a escala distinta, de fundar una empresa, escalarla y, finalmente, venderla.

Cirsa nació, según cuenta la leyenda —que tiene parte de mentira y de exageración, como todas—, de la venta de participaciones de apuestas en establecimientos en torno a la Riera de les Arenes de Terrassa. Seguramente no fue así, pero los inicios fueron humildes y ligados a la hostelería de una ciudad mestiza desgarrada por la riada de 1962.

La familia Lao agigantó paulatinamente la Compañía Internacional de Recreativos S.A. (Cirsa) para entrar en el sector del juego reglado y diversificó líneas penetrando también en los casinos y las apuestas en línea, entre otros.

Según las últimas cifras remitidas a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), la compañía ingresó 1.260 millones, un 9,1% más, hasta junio. La rentabilidad fue estratosférica, con un ebitda (beneficio) de 396 millones (+8,4%) también en el primer semestre.

Son cifras titánicas. Dignas de felicitación.

En 2018, la familia Lao vendió la enseña al banco de inversión Blackstone. La marca entró en otra etapa, caracterizada por el refuerzo de su brazo exterior y la compra de Sportium al año siguiente. A su vez, la familia fundadora se retiró a los cuarteles de invierno con la feina feta.

Ahora, Cirsa se integrará en Lottomatica, creando un gigante europeo de las apuestas y el segundo mundial con un pie en el parquet. Es la culminación de una trayectoria empresarial que se estudiará en las facultades de negocios. Y no solo las españolas.

Una senda que empezó en la Riera de Terrassa y que ahora llegará a todos los confines del globo. Tengámoslo en cuenta cuando hablemos de empresa catalana.