Las calles se sacuden los complejos y el sectarismo de las instituciones. Cataluña salió en masa la madrugada del lunes a celebrar la segunda estrella. Vítores, cláxones, camisetas de la Roja y banderas de España inundaron vías y plazas de la comunidad. Como en 2010.
Sin embargo, la Cataluña institucional se olvida de los éxitos deportivos de España. Al menos esta vez el presidente felicitó a los campeones. No se recuerda nada igual. Pero, más allá de eso, celebrar a España parece una traición. Un detalle lo sugiere.
La consecución del primer Mundial, el de Sudáfrica, animó a numerosos pueblos y villas de todo el país a dedicar calles, plazas, glorietas y estatuas a uno o a todos los protagonistas de aquella gesta. Aún hoy proliferan en honor a aquellos campeones.
Los reconocimientos al conjunto de aquella selección se encuentran en el nomenclátor de Villamayor de Calatrava (Ciudad Real, Castilla-La Mancha), Aljarafe (Sevilla, Andalucía), Viator (Almería, Andalucía), Boadilla del Monte (Madrid) y Zaragoza (Aragón).
Pero también hay vías y plazas dedicadas al entonces entrenador, Vicente del Bosque, así como a los futbolistas Iker Casillas, Andrés Iniesta, David Villa y Juan Mata, por citar algunos. Se hallan en distintas comunidades… y no es Cataluña una de ellas.
Llama la atención, entre otros motivos porque el grueso de aquel grupo lo formaban catalanes (Valdés, Piqué, Puyol, Capdevila, Xavi, Cesc y Busquets) o jugadores del Barça (los mencionados, menos Capdevila y Cesc, pero con los añadidos de Pedro e Iniesta).
¿Acaso Cataluña no vibró con aquel triunfo? Es evidente que sí. ¿Es relevante o necesario dedicar una calle a un futbolista? Tal vez no. Pero este vacío tendría cierta coherencia si no existieran en Cataluña vías con nombres como Cruyff, Samitier o Ricardo Zamora.
Por el contrario, mientras se ha tratado de silenciar los éxitos colectivos, que unen más que dividen, Cataluña se ha trufado de plazas del 1-O desde aquella nefasta fecha del 2017. Los hay que verdaderamente viven una interesada realidad paralela y ajena al sentir mayoritario.
De todos modos, cierto es que aquella España campeona logró tocar el cielo en el momento más convulso en Cataluña. La situación hoy es muy diferente. ¿Veremos alguna plaza de la Selección española 2026 en algún pueblo catalán? El tiempo lo dirá.
