Ya llega el verano, tiempo de vacaciones, de calor… y de incendios. No importa si es época de sequía o de lluvias abundantes: el monte va a arder de todos modos.

Si no cae agua del cielo, si el suelo está seco, toda la naturaleza se convierte en combustible. Pero si llueve con alegría, como este año… también.

El exceso de agua favorece el crecimiento de la llamada vegetación fina, el sotobosque que, con la llegada del calor, se seca y puede causar problemas ante la mínima chispa.

Los incendios son distintos en uno y otro caso. Con la sequía, con el estrés hídrico de los árboles, se convierten en fuegos incontrolables de sexta generación. Verticales.

Este año, por el contrario, nos enfrentamos a incendios más horizontales. Una chispa puede propagar las llamas de manera endiablada a ras de suelo.

No se puede ir contra la naturaleza –ya se sabe lo que ocurre si se juega a ser Dios–. Y hay una circunstancia llamativa que lo demuestra.

Nos han prometido que las sequías terminarán –para el ciudadano, no en el cielo–; se aspira a las cero víctimas en las carreteras, pero nadie apuesta al fin de los incendios.

No obstante, hay maneras de prevenir males mayores. No se ha hecho nada durante años, lo que ha permitido el exceso de boscosidad desmadrada. Pero llega la hora.

En primer lugar, hay que destacar que hoy los embalses están llenos para emergencias. Sin embargo, faltan otras cuestiones que comienzan a vislumbrarse.

El dispositivo de este verano incluye el diseño del territorio para romper la continuidad del boscaje –cortafuegos–, más efectivos, nuevos medios y fuertes restricciones puntuales.

Se avanza hacia una intervención quirúrgica y una contención rápida. La evolución de los medios al alcance ayuda a acotar cada llama.

¿Será suficiente? Es pronto para decirlo. La parte positiva es que, al menos, en Cataluña se empieza a hacer algo al respecto tras años de parálisis.

Pero la paradoja forestal de este año nos devuelve a una cruda bofetada de realismo: si hay sequía hay incendios, pero si llueve, también. Precaución.