El concierto institucional anual de las Fuerzas Armadas (FF.AA) en Barcelona tuvo lugar el miércoles por la noche en el Palau de la Música Catalana, como atestigua el vídeo viral que ha publicado este medio.

En el corto, se observa un Palau que presenta un saludable sold out ante la Unidad de Música de la Inspección General del Ejército de Tierra, que está acuartelada --aunque no todo el mundo lo sepa-- en la capital catalana.

Más allá del intenso debate que ha suscitado la grabación, en la que se observa la marcial interpretación de los himnos nacional y autonómico, lo cierto es que la cita anual de las FF.AA traída este año aporta una novedad. Y no, no eran los himnos.

En un entorno en el que gobiernos regionales y nacionales de toda Europa se posicionan para colocarse en la cadena de valor de la defensa y la seguridad, el concierto oficial celebrado ayer atrajo a nuevas caras conocidas del sector de las capacidades militares. La defensa está de moda, y muchos nuevos actores que buscan hacerse un hueco en este campo acudieron a Sant Pere més Alt a escuchar las sinfonías, pasodobles --e himnos, claro está-- que los especialistas musicales del Ejército de Tierra (ET) les querían interpretar.

Esa es la auténtica lección de la gala. Al margen del pinpanpún ideológico de unos y otros, es evidente que los estados miembros de la Alianza Atlántica deben llegar al 5% del Producto Interior Bruto (PIB) en el campo de defensa y seguridad en 2035.

Para cumplir ese mandato, los territorios deberán apoyarse en los campeones nacionales y estratégicos del sector. Sin el concurso del sector privado, esa meta no se alcanzará. Y en esta encrucijada es donde el tejido económico catalán está reaccionando. Empresas, infraestructura y talento se están volcando sobre el sector.

Ven oportunidades, como las que señaló hace unos días la Cámara de Comercio de Barcelona: la defensa puede traccionar 1.000 millones de euros y crear unos 10.000 empleos en Cataluña.

La autonomía debe aprovechar esos nichos de mercado. La región catalana debe treure's la son de les orelles, dejarse de complejos y salir a vender las posibilidades que tiene el tejido productivo catalán. Algunos ya lo están haciendo: Indra anunció en la Ciudad Condal unos días atrás que aumentará plantilla en 1.500 trabajadores e ingresos en un 50% en año y poco.

Cabe recordar que muchos, históricamente, se han lamentado del peso menguante del industrial catalán en la producción de riqueza y empleo en el territorio. Los últimos, un grupo de economistas nacionalistas, que han acuñado el muy debatido Informe Fènix. Su argumento es que el enclave no puede depender de economía de bajo valor añadido.

Pues bien, siguiendo su argumento, seguridad y defensa pueden ser, sumadas a otras, palancas de reconversión de una economía que queremos puntera, fabril e imbricada en los modelos de lenguaje de la inteligencia artificial (IA).

Por ello, la lección del concierto institucional de ayer no debe ser el tú tocaste aquel himno y no aquel otro, sino el aldabonazo silencioso que dieron diversos directivos que acudieron discretamente a la gala para ahondar en su posicionamiento en el mercado de la seguridad mutua, donde creen que pueden aportar valor. Esa es la vía a tener en cuenta y no los debates identitarios, que tienen nulo recorrido, como se ha visto en el pasado en Cataluña.

Si la senda la muestran unos galones bajo la soberbia cúpula de Domènech i Muntaner, bienvenidas sean esas medallas.