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Fotomontaje de Juanma Moreno (PP)

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Zona Franca

Cuando Moreno Bonilla secó el charco catalán

"El final del proceso andaluz reabre la normalidad en Cataluña por cuanto ahora Salvador Illa ya no deberá mostrar determinada contención en sus concesiones al independentismo de ERC y podrá cerrar con ellos unos presupuestos"

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Que Andalucía haya votado es una buena noticia para Cataluña, que lo haga más que en anteriores ocasiones es un éxito del sistema democrático.

El final del proceso electoral, con el resultado que da la victoria al Partido Popular, supone un punto y final al impasse en el que vivía la política catalana.

Basta con ver las constantes referencias de Juan Manuel Moreno Bonilla en la campaña a la tierra en la que nació para comprobar cómo el pleito catalán interfería en la política andaluza.

Las comparaciones, las críticas a la insolidaridad y las cargas contra la influencia del independentismo en la gobernanza de España han sido constantes.

Esos eslóganes han permitido minimizar que en el proyecto de nueva financiación autonómica que ronda por el Congreso de los Diputados, Andalucía es la comunidad que sale mejor parada al recibir —de conseguir luz verde final— unos mil millones más de los que el propio PP solicitaba para la autonomía.

Otro tanto sucede con la condonación de la deuda histórica (el tan llevado y traído FLA) que también beneficia a la región del sur por encima del resto de las españolas.

Era el gato en la chistera que Pedro Sánchez y la candidata chamuscada María Jesús Montero habían calibrado a la perfección.

Su magnanimidad no tenía otro interés que lograr que el reparto de fondos entre autonomías en ningún caso hiciera mella en la votación de los andaluces. Al contrario, que aupara a los socialistas.

No hizo falta, la victoria de Moreno Bonilla se ha cimentado en otros aspectos que no eran esos.

Pesó, y mucho, la imagen de moderación a pesar de todo (a pesar, por ejemplo, de los desastres sanitarios), el amplio conocimiento de los andaluces de una historia común con el PSOE en las instituciones regionales y, sobre todo, que la andaluza es la plaza donde hasta la fecha se ganaban las elecciones españolas. Sánchez ha recibido una nueva patada en el culo de Montero.

Hoy la España más actual gana o pierde las elecciones en Cataluña. Curioso cambio de tercio el acontecido en los últimos años.

Los electores han dejado de premiar a determinados partidos y parecen más dispuestos a castigarlos: es lo que le pasó al independentismo en tierras catalanas y lo que vuelve a suceder con el PSOE en Andalucía.

El final del proceso andaluz reabre la normalidad en Cataluña por cuanto ahora Salvador Illa ya no deberá mostrar determinada contención en sus concesiones al independentismo de ERC y podrá cerrar con ellos unos presupuestos que puedan beneficiar a los sufridos, cansados y cuasi agotados ciudadanos de la comunidad.

Las cuentas públicas no son ningún bálsamo de Fierabrás, pero sí que constituyen la herramienta indispensable para que algunas de las políticas públicas se pongan en marcha. Si la Generalitat ya es por si sola una máquina pesada y poco engrasada, su funcionamiento aún es mucho más complejo sin contar con un marco presupuestario que movilice los recursos que acaban convirtiéndose en actuación política.

Así que ahora ha llegado la hora de que la parálisis de Moncloa, del jefe socialista y de las implicaciones electorales abran paso a un periodo algo más fluido en la política catalana, incluso en la española (aunque aquí Junts en precampaña y con su líder aún en Bélgica no son un gran activo).

Por todo ello, Juanma enhorabuena y gracias por sacarnos a los catalanes del charco, incluso sin ser consciente o tener interés especial en lograrlo.