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Fotomontaje del antiguo Palacete Masaveu

Fotomontaje del antiguo Palacete Masaveu

Zona Franca

Masaveu, una leyenda que crece en silencio

“En un mundo repleto de vanidades fugaces y ruido constante, la familia sigue cultivando la prudencia y la reinversión silenciosa, siempre bajo la premisa de mantener el legado a toda costa”

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El gigante ovetense Masaveu, de añejas raíces catalanas, navega a una formidable velocidad de crucero. Desde hace un siglo por lo menos, luce entre los conglomerados familiares más potentes y discretos del firmamento hispano. Sus propietarios jamás conceden entrevistas y huyen de los medios como si estuvieran infectados del hantavirus.

Se trata de Fernando, José, Luis, Carolina y María Masaveu Herrero. Cada uno de ellos posee el 10,7% del consorcio. El principal paquete accionarial, cifrado en un 41%, pertenece a la poderosa Fundación María Cristina Masaveu Peterson.

Fernando, hijo del anterior mandamás Elías Masaveu Alonso del Campo, porta desde hace dos décadas los galones de hereu, pues desempeña el doble cargo de presidente de la corporación y de la fundación.

Tengo a la vista el balance consolidado de 2025 del holding empresarial, publicado en fechas recientes. Se compone de tres centenares de compañías dependientes, filiales y participadas.

Sus cuentas exudan robustez por todos los poros. Las principales rúbricas arrojan unos activos de casi 5.000 millones y unos fondos propios de 1.860. La facturación se eleva hasta los 590 millones, con un beneficio neto de 181.

Los cinco hermanos siguen de antiguo la costumbre de destinar a reservas el grueso del excedente cosechado. Pero siempre distribuyen una parte en concepto de dividendo, para afrontar sus gastos personales. El pasado ejercicio, dicha partida alcanzó los 55 millones.

Las frías magnitudes que reflejan los estados mercantiles no muestran ni remotamente las verdaderas dimensiones y el alcance de este vasto emporio, cuyos tentáculos llegan a más de cuarenta países.

Su extraordinaria diversificación y su planificación a largo plazo le han permitido sortear sin problemas los ciclos económicos depresivos.

Su presencia se extiende a sectores tan diversos como el industrial, el energético, el inmobiliario, los aparcamientos, las finanzas, los laboratorios, el vino, la medicina y el arte.

Una de sus actividades más antiguas, pues arrancó en 1898, es la de los materiales para la construcción. Solo en esta especialidad posee nada menos que 32 plantas fabriles de cemento, cal, hormigón y mortero.

Otro renglón relevante son las energías renovables. Es copropietario de la central térmica de Aboño, pieza clave para los intereses del Principado de Asturias, dada su importancia como garante del suministro eléctrico en la región. Además, constituye un claro ejemplo de economía circular, pues quema los gases que emite la planta de la acería Arcelor.

En Estados Unidos, Masaveu ha desarrollado hasta la fecha una veintena de parques solares, y de forma paralela, muestra fuertes posiciones en Portugal, de la mano de socios locales. La capacidad instalada en ambos países se eleva a 438 MW.

En el ámbito patrimonial, Masaveu atesora cinco grandes edificios de oficinas sitos en Houston, Washington, Dallas y Miami. En esta última ciudad ha adquirido varios solares en zonas de alto potencial de crecimiento, para erigir los bloques correspondientes.

El paquete de bienes raíces en Norteamérica se tasa en libros en mil millones de euros.

Por su parte, las participaciones en bolsa son impresionantes. Están registradas en 2.300 millones y conciernen a Energías de Portugal, Banco Santander, Bankinter, Unicaja y Línea Directa Aseguradora. El lote conjunto experimentó el año pasado una formidable revalorización del 40%.

Acto seguido, procede echar un vistazo a otros quehaceres destacados que aborda el grupo. Uno es la gestión de once aparcamientos repartidos por Oviedo, Santander, Barcelona, Pontevedra, Ferrol, Vigo y Sevilla. Reúnen en total 5.800 plazas.

Otro lo encarnan las bodegas vinícolas, con emblemas como Fillaboa, Murua, Pagos de Araiz, Valverán y Viñas Viejas.

Por último, son de citar pertenencias como el Hospital Centro Médico en Oviedo, amén de una colección pictórica que incluye obras de Antonio López, Barceló, Braque, El Greco, Gerung, Goya, Sorolla, Warhol y Zurbarán.

Ya van transcurridos 186 años desde que el pionero Pedro Masaveu Rovira, oriundo del municipio barcelonés de Castellar del Vallès, emigró a Oviedo para trabajar como aprendiz en una tienda textil.

Seis generaciones después, la dinastía ha transformado aquella semilla fundacional en un coloso sólido y perdurable.

En un mundo repleto de vanidades fugaces y ruido constante, la estirpe Masaveu sigue cultivando la prudencia y la reinversión silenciosa, siempre bajo la premisa de mantener el legado a toda costa.

Así, con paso firme y tenaz, su fortuna continúa creciendo como un roble secular que hunde sus raíces cada vez más profundas en la tierra.

Esa férrea disciplina ha transformado la casa en uno de los pocos imperios privados españoles que no solo resiste incólume el paso del tiempo, sino que sale reforzado tras cada crisis.