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Fotomontaje con representantes de los sindicatos Ustec, Aspepc, CGT e Intersindical en la plaza de Sant Jaume de Barcelona (archivo)

Fotomontaje con representantes de los sindicatos Ustec, Aspepc, CGT e Intersindical en la plaza de Sant Jaume de Barcelona (archivo)

Zona Franca

Cuando los maestros chantajean a Illa

"Ustec, un sindicato secuestrado por el nacionalismo educativo, convierte las aulas en campo de batalla mientras ‘el Govern de los peluches’ cuenta los días para no hacer ruido"

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Hay cosas que no cambian en Cataluña. Un sindicato como Ustec, tomado por el sector más nacionalista del profesorado, sigue siendo la herramienta de movilización más potente en la enseñanza. Casi, en estos momentos, lo único que genera ruido entre la sociedad civil.

Y ahora ha decidido torcer el brazo al Govern de Salvador Illa, a pesar de que este ya ha cerrado un acuerdo con los dos grandes sindicatos de clase.

La amenaza de huelgas en los centros educativos es un arma de destrucción masiva para cualquier Ejecutivo: afecta directamente a las familias y genera un mal escaparate mediático. Ustec lo sabe y lo explota. Incluso Junts se ha sumado al coro, aunque el sindicato esté más próximo a ERC.

Todo vale para complicarle la vida a Illa y recordarle quién sigue mandando en determinados feudos.

Que los docentes tengan aspiraciones objetivas para reclamar mejoras salariales y laborales es evidente. Como las tienen otros colectivos, médicos, bomberos, policías... El problema surge cuando la protesta laboral se convierte en un pulso político que cuestiona la legitimidad misma del Govern. Y eso es lo que estamos viendo.

La decisión del Ejecutivo de estudiar la intervención de los Mossos d’Esquadra en algunos centros de enseñanza donde el conflicto ha ido más lejos de lo tolerable ha sido el detonante perfecto.

De inmediato se ha activado el relato victimista: “represión”, “militarización de las aulas”, “ataque a la educación”. El argumentario de siempre, ya activado y engrasado.

El presidente y su equipo llegaron prometiendo pragmatismo y gestión. Illa acuñó en la primera edición del BCN Desperta! que “la seguridad y el orden también es de izquierdas”.

Hoy se están encontrando un ecosistema donde ciertos sectores consideran que cualquier Govern que no comulgue con el independentismo es, por definición, sospechoso.

Ustec actúa en consecuencia: presiona con huelgas y movilizaciones sabiendo que el coste de plantar cara es alto.

El Govern no puede ser rehén de quienes, detrás de la reivindicación laboral, cuestionan la autoridad de un Ejecutivo al que ven tibio, previsible y tan prudente como débil en la toma de decisiones.

La polémica de los Mossos en las aulas no ha hecho más que enrarecer el ambiente y dar munición a los activistas más radicales.

El propio presidente anda haciendo cábalas sobre una minicrisis de gobierno en la que dos o tres consejeros peluches podrían dar paso a otros perfiles distintos.

Estaría bien que observaran con atención la encuesta que ayer publicaba Ara y tomaran nota del desplome en barrena de Junts, así como la pujanza de Gabriel Rufián (también debería leerla el beato Oriol Junqueras) y Sílvia Orriols como líderes preferidos y más valorados por los catalanes.

Veremos si Illa tiene los arrestos para pilotar esta minicrisis, defender el acuerdo alcanzado y poner orden, o si acabará plegándose por miedo al ruido social y a las portadas. Hasta ahora, su trayectoria invita más a la segunda opción.

Cataluña no puede permitirse que la educación siga siendo rehén de sindicatos politizados y de un independentismo que, aunque en reflujo, mantiene capturadas partes importantes del sector público. Cuando las aulas se convierten en trincheras, los que pierden son siempre los alumnos y las familias.

Illa tiene la palabra. Y el reloj no perdona.