David Expósito y una imagen de manifestación de docentes en Cataluña
Burbuja docente
"Mientras 55.000 sanitarios aguardan a tener presupuestos para la mejora de sus condiciones, Ustec y CGT desertan de un pacto que moviliza tanto dinero como el de 'conselleries' enteras"
Es legítimo vivir en una burbuja. Lo hacen ajenos y propios en busca de lo cómodo y lo previsible, cosa que sienta unos códigos que, no obstante, no sirven para descodificar lo que hay fuera.
Miles de profesores han salido de las aulas este viernes por enésima vez en Cataluña. Denuncian las carencias de las que adolece tradicionalmente la educación pública; principalmente, la pérdida de poder adquisitivo y unas ratios inasumibles.
Una causa noble que interpela al grueso de los docentes y que recibe la condescencencia --si no la empatía-- de gran parte de la ciudadanía, pese a los atascos en la carretera y a los malabares para compaginar el trabajo con el cierre de algunas escuelas.
No obstante, la suya no es la única causa noble. También lo es la de 55.000 sanitarios que aguardan desde 2023 a la aprobación de unos nuevos presupuestos de la Generalitat para el despliegue del III Acuerdo del Institut Català de la Salut (ICS).
Salud inyectará 320 millones de euros para harmonizar las condiciones laborales de la sanidad concertada al servicio del CatSalut con las de los profesionales que ejercen bajo el mismo paraguas.
Volviendo a los profesores, ya existe un pacto firmado por CCOO y UGT que mejora significativamente la cartera de aquellos a los que se les confía la ardua tarea de formar a las nuevas generaciones.
2.000 millones adicionales en Educación que engrosarán las cuentas bancarias de los profesores en 3.000 euros más al año. Hace cerca de dos décadas que el complemento salarial permanecía invariable.
La proporción de alumnos por docente también se verá reducida al calor del citado monto de dinero, que equivale al presupuesto de conselleries enteras.
Es el caso de Investigación y Universidades (1.950 millones), e incluso más que Empresa y Trabajo (1.506), según los números presentados en febrero que aún deben negociarse con Esquerra.
El empecinamiento de quienes hoy protestan choca contra la prórroga presupuestaria, los delicados equilibrios por el mantenimiento del Estado del bienestar y el decrecimiento económico que se cierne por la última guerra.
Ustec y CGT, desde su burbuja, da la espalda a una realidad alambicada y aprieta aún más a la Administración, que se encuentra al límite de su capacidad financiera. Más dinero comportaría recortar de otro lado, simple y llanamente.
Sí; todo acuerdo es mejorable, pero hoy por hoy, no es atrevido decir que es el único posible.