Este domingo se celebran las elecciones a la presidencia del Barça. Laporta contra Font. Dos modelos distintos de gestión. Muchos intereses en juego.
Y en esta batalla, guerra sucia incluso, ha aparecido Xavi Hernández, tan oportuno como futbolista como desatinado fuera del campo. Y, a la postre, escudero de Font.
Después de dos años desaparecido, disfrutando de la familia tras salir como salió del Barça pese a los títulos que ganó en difíciles momentos, ha regresado para agitar las elecciones.
La razón oficial: sacarse una espinita clavada y tratar de salvar al club del mal; esto es, del bravucón y trilero Laporta.
Niega que su aparición sea oportunista. Pero, hombre, Xavi, es una intervención de parte en semana electoral. Y tú apoyas la candidatura de Font...
Más allá del resquemor que siente por Laporta –solo ellos saben las precisas razones por las que su relación terminó como el rosario de la aurora–, Xavi tiene otros intereses.
¿Cuáles? El tiempo lo dirá. Dice que no tiene intención de volver al Barça ni aunque gane Font. Por ahora, ha utilizado a Messi para ensuciar un poco más el nombre de Laporta.
La cuestión es que la historia del regreso fallido del 10 tiene tantas versiones como protagonistas, y todos ellos han caído en contradicciones: Laporta, Xavi, Tebas…
Xavi conoce a Laporta desde hace mucho tiempo. De modo que sorprende que sea ahora cuando ha descubierto de qué pie cojea.
Se agradecen sus palabras, no está de más conocer lo que se cuece en los lugares de poder, pero ¿era el momento? ¿A horas de un partido de Champions que marcará la temporada?
Todos sabemos cómo es Laporta. Nunca ha sido trigo limpio, pero es un tipo carismático. Y, sobre todo, cuando él manda, la pelota entra. No hay más. Eso basta en el fútbol. Por suerte o por desgracia.
Pero, por otra parte, comenzamos a conocer al Xavi persona: el que defiende la dictadura de Qatar, de la que tanto dinero ganó como futbolista, técnico y embajador del Mundial; el que va a votar el 1-O mientras se dice orgulloso de haber jugado con España.
Son sus valors. Imagino que es lo que ha vivido en casa. Su padre, Joaquín, el almeriense que se hace llamar Joaquim, jugó en el Terrassa y en el Sabadell. A pocos se les perdona eso. No hay más que añadir.
